Tensión democrática - 19/10/14

133. 1-13. Reflexiones sobre Cataluña

democracia133.1. Mas e Ibarretxe comparados, Juan José Laborda

Como Ibarretxe, Mas fue considerado sobre todo un técnico económico -de ideología neoliberal- más que un ideólogo político. Ambos intentaron convertirse en héroes nacionales, del modelo de Thomas Carlyle, un escritor escocés del diecinueve, pero efectivamente los héroes románticos han desaparecido para siempre (lo mismo que las gestas nacionalistas del pasado europeo).

Los partidos, como las instituciones, no se suicidan. En este caso, la coalición que creó Jordi Pujol tendría que prescindir de Artur Mas, como hizo el PNV con Ibarretxe. La diferencia entre un caso y el otro es que el PNV fue siempre un partido mucho más fuerte que la coalición nacionalista catalana, y que pudo resistir su alianza con el conglomerado de ETA en Lizarra, mientras que Artur Mas está a punto de perder la hegemonía nacionalista frente a los radicales de ERC.

Una segunda diferencia reside en el hecho de que en Cataluña no existe, por ahora, una alternativa de gobierno sin CiU, mientras en Euskadi, los partidos constitucionales, PSOE y PP, pudieron alcanzar la mayoría cuando Ibarretxe disolvió el Parlamento Vasco en situaciones parecidas a las de Mas ahora.

Como la violencia terrorista, afortunadamente, no forma parte del frente soberanista catalán, podemos pensar que los cambios políticos en Cataluña no conducirán, como en Euskadi, a la derrota y renuncia de Artur Mas, como ocurrió con Ibarretxe.

La sociedad civil vasca se situó definitivamente dentro de las concepciones y la moral de la Unión Europea. ¿Esas ideas, por cierto típicas de Cataluña hasta la actual locura rabiosa (la rauxa), podrán impulsar allí un cambio político de parecida naturaleza? Existe una sociedad civil catalana que es receptiva al diálogo, pero diálogo con argumentos, convicciones e ideas, en suma, receptiva al debate y a la transacción, pero que se active, como se activó la sociedad vasca, dependerá de la inteligencia y altura de miras de nuestros (¿nuevos?) dirigentes políticos.

http://www.elimparcial.es/noticia/143325/Mas-e-Ibarretxe-comparados.html

133.2. El diario del lunes, Joan Subirats

Es evidente que no estaríamos dónde estamos si muchas cosas antes se hubieran hecho mejor, y si, finalmente, no tuviéramos enfrente un régimen político que impide expresarnos amparándose en unas leyes que en vez de cauce son muro infranqueable. Esta última semana ha confundido a más de uno con un juego de regates y codazos de los actores institucionales pro-consulta que hasta ahora no había estado presente en un movimiento con fuertes raíces sociales. Al final encaramos un 9-N con la perspectiva de una consulta que no lo es, aunque nos digan que si lo es.

Bloqueados por el gobierno del PP y sus cómplices en las Cortes, concluimos que no podemos celebrar la consulta ya que, de hacerlo sin las garantías necesarias, los riesgos de todo tipo (legales, de prestigio, de impacto internacional,…) serían excesivos. Pero Mas, comprometido con su promesa de que votaríamos el 9-N, decide disfrazar la no-consulta de consulta-protesta. Al mismo tiempo se abre la veda electoral, se debate la confección de listas, la conveniencia o no de mezclar personalidades de la sociedad civil movilizada y de políticos en una lista unitaria. Todo ello para conseguir quizás la mayoría absoluta del Parlament y proceder a una declaración unilateral de independencia.

Pero, o yo me equivoco o nos hemos saltado unas cuantas pantallas. El Gobierno de Madrid se quedó atrás blindándose en la legalidad. Pero nosotros estamos saltándonos la posibilidad de debatir sobre las diversas alternativas que abrían las preguntas previstas, y situamos el conflicto definitivamente entre independencia si o no. ¿No corremos muchos riesgos procediendo de esta manera? ¿A qué cálculos responde esa aceleración?

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2014/10/18/catalunya/1413656336_108834.html

133.3. Catalanes de (im)pura cepa, Manuel Cruz

Existe un independentismo no nacionalista, es una de las afirmaciones que más se vienen repitiendo en Cataluña. Por extensión, se continúa afirmando, el procés catalá tampoco tiene que ver con adscripciones identitarias de ningún tipo.

No termino de ver claro que, efectivamente, hoy en Cataluña los sectores hegemónicos políticamente hayan renunciado al empleo de los recursos emotivos y sentimentales asociados desde siempre al discurso nacionalista.

Javier Marías se preguntaba en ‘El País’ por la razón por la que con los niveles de autogobierno que tiene Cataluña se había desencadenado la dinámica rupturista en la que ahora estamos inmersos. La respuesta: falta de empatía.

Si coincidimos en postular tanto el carácter complejo como el procesual de las identidades, probablemente el único rasgo que podamos acordar para definirlas sea entonces el de caleidoscópicas. Así entendidas, las identidades no deberían ser de temer. ¿Cómo unas realidades definidas de tal forma podrían ser consideradas como normativas? Sin duda no lo son, pero los poderes se empeñan, una y otra vez, en que tengan efectos normativos (como ocurre en el eslógan del tricentenario de 1714 “la historia ens convoca”). Pero en el fondo, al hacerlo, las violentan y deforman y, en la misma medida, violentan y retuercen los sentimientos de los individuos, esos sentimientos que, de puertas afuera, declaran respetar y exaltar tanto.

http://blogs.elconfidencial.com/espana/filosofo-de-guardia/2014-10-18/catalanes-de-im-pura-cepa_249766/

133.4. 4¿Élites o ciudadanos? Elige tu propia aventura, Jordi Muñoz

Opción A: Una revuelta espontánea

Opción B: La manipulación de las élites

Si te satisface alguna de las anteriores explicaciones, o una versión algo menos exagerada de las mismas, no hace falta que sigas leyendo. En lo que sigue, trato de argumentar que ninguna respuesta maniquea se ajusta a lo que ha pasado recientemente en Catalunya.

Pero también defiendo la postura que, a pesar del interés académico que tiene el debate sobre el origen y motor del cambio en la opinión pública catalana, políticamente sólo es relevante por las implicaciones que algunos, interesadamente, derivan de una u otra postura.

1. El debate académico

Pero la realidad es más compleja. La investigación en ciencia política está básicamente de acuerdo en que, en general, los mensajes de las élites son fundamentales para que los ciudadanos se formen sus opiniones sobre los temas políticos relevantes.

Las elites deben entenderse en un sentido amplio, como los emisores de mensajes ‘partidistas’ en un sentido u otro. Movimientos sociales, líderes de opinión y, obviamente, partidos políticos lanzan constantemente mensajes a la arena pública. La identificación, o simpatía que tengan los ciudadanos con dichos emisores de mensajes, así como la claridad y homogeneidad de los mensajes y la polarización entre ellos aumenta la influencia que pueden ejercer. Y, en cualquier caso, los ciudadanos no son meros receptores pasivos que, cual zombis, se alinean tras los mensajes de sus elites.

2. El caso catalán

No hay razones evidentes para pensar que el caso del soberanismo catalán sea una excepción a los modelos generales de formación de la opinión pública. No se dan en Catalunya unas condiciones excepcionalmente propensas a la manipulación a gran escala de la opinión, al estilo Pyongyang. Pero tampoco la ciudadanía catalana está especialmente informada cómo para resistir a las influencias de las elites y tener una opinión completamente independiente de los mensajes que lanzan sus líderes políticos, mediáticos y de movimientos sociales.

Si nos fijamos en la secuencia de los hechos podemos observar varias cosas. La primera es que el crecimiento del apoyo a la independencia es sostenido desde, al menos, 2006. Se acelera entre 2010 y 2011 en un momento en que sólo los partidos tradicionalmente independentistas defendían esta opción. Coincide con la sentencia del Tribunal Constitucional, y con un período de intensa actividad movilizadora protagonizada fundamentalmente por el independentismo tradicional frente a la que el entorno de CiU mantenía una postura calculadamente ambígua.

Gráfico 1: Preferencia por un estado independiente, por simpatía de partido

Cuando, en 2012, tras la manifestación del 11S y de la negativa de Rajoy a negociar el pacto fiscal, Mas y CDC hacen explícito su giro soberanista se produce también un aumento significativo del apoyo social a la independencia. Es razonable pensar que buena parte del mismo se deba al efecto de las elites políticas, máxime cuando dicho aumento fue especialmente intenso entre los simpatizantes de CiU. Esto se puede observar en el gráfico 1, que muestra la evolución de la preferencia por un estado independiente entre los simpatizantes de las formaciones partidarias de la consulta, o con una posición ambigua al respecto. No se trata de la intención de voto en la consulta, sino de la opción preferida en una pregunta multiopción.

Pero la historia parece algo más compleja: en el mismo periodo hubo un crecimiento del apoyo a la independencia también en otros grupos de la sociedad cuyos líderes no cambiaron de posición en aquel momento, bien porque ya eran claramente independentistas (ERC), bien porque siguen sin serlo (ICV). Quizás respondían al estímulo de la movilización del 11S, o quizás era también un efecto de las elites, pero en negativo.

Es plausible pensar que el tono y contenido de los mensajes de la elite política española hayan generado un efecto de reacción capaz de modificar las actitudes políticas de una parte de la población catalana.

3.Las implicaciones políticas

Quienes argumentan vehementemente que el independentismo proviene de una manipulación a gran escala de las elites políticas, lo hacen con dos objetivos. El primero es sugerir que no se dan, en Catalunya, las condiciones objetivas para un debate plural y democrático. El segundo es argumentar que esto es un suflé, y que tal y cómo ha llegado, esta cuestión desaparecerá de la opinión pública porque no es una cuestión que realmente importe a los catalanes.

El primer argumento no merece mayor atención, puesto que forma parte de la propaganda más burda. Pero el segundo sí es más interesante, porque de hecho ha sido tan influyente que ha guiado la inacción del gobierno español hasta el momento. La evidencia por ahora va en contra de esta hipótesis, y la movilización y el debate social no han hecho más que intensificarse. Lejos de ser una ficción televisiva, el debate está muy presente en las calles de Catalunya. En las de Barcelona y las de Tarragona. En los balcones y las redes sociales. Hasta en los blogs de análisis político de uno u otro signo.

Independientemente de las consideraciones o prejuicios que tenga cada cuál sobre su origen, existe hoy en Catalunya un problema político de primer orden.

Sería un grave error si el soberanismo no estuviese dispuesto a revisarlo todo a cambio de un referéndum pactado.

Pero por desgracia, de momento, desde la otra parte no hay ningún planteamiento de este tipo. El rechazo a la posibilidad misma de la consulta ha generado una situación de bloqueo que sólo puede tener consecuencias negativas. Parece razonable intentar buscar los caminos para romper el bloqueo y acercarnos a una solución democrática a la situación. Una solución a la escocesa.

http://www.eldiario.es/agendapublica/reforma-constitucional/Elites-ciudadanos-Elije-propia-aventura_0_313219147.html

133.5. Cabezazos contra el muro, Javier Pérez Royo

La voluntad del pueblo de Cataluña se ha reiterado en las tres últimas diadas, cada vez con más fuerza

La votación del 9-N no puede ser examinada en términos jurídicos. Se trata pura y simplemente de un acto de agitación política.

Y después del 9-N vendrán más. Mientras no se abra una puerta, una negociación, seguirán los cabezazos contra el muro

Mientras no se abra una puerta, una negociación, seguirán los cabezazos contra el muro. Con riesgos ciertos para la salud de quienes se chocan con el muro, pero también para la consistencia del muro contra el que se choca.

La Constitución tiene que ser un muro, pero no puede ser exclusivamente un muro, que es en lo que la ha convertido el presidente del Gobierno.

http://politica.elpais.com/politica/2014/10/17/actualidad/1413564400_663557.html

133.6. Una España sin espejos, Joan B. Culla i Clarà

Ya advirtió Cambó que los pleitos sobre libertad colectiva no tienen soluciones jurídicas

Sería saludable que algunas cabezas pensantes reflexionasen sobre cómo y por qué se ha llegado en Cataluña al estado de opinión presente. Hay lecciones históricas provechosas para el escenario actual.

La inmensa mayoría de los catalanes que quieren ejercer la soberanía no odian a España ni lo español. Pero se sienten, especialmente desde el año 2000, maltratados moral y materialmente por un Estado —por un sistema jurídico-político— que perciben como ajeno, cuando no hostil, a su identidad y a sus intereses. Y, tras la sentencia que en 2010 disipó tantas ilusiones, no creen haber recibido de aquel Estado otra cosa que desdenes, humillaciones y amenazas.

Hay que examinar con rigor la gestión de la pluralidad identitaria en las últimas tres décadas

http://elpais.com/elpais/2014/10/14/opinion/1413297484_230278.html

133.7. Nota sobre el 14 de octubre del 2014, Juan-José López Burniol en La Vanguardia

Me preguntas cuál habría de ser la reacción del Gobierno de España ante esta situación. Creo que, en estas circunstancias, hay que clavar los pies en la arena y aguantar como los viejos toreros en las tardes grises. No hacer caso del lenguaje, que ha sido en verdad desafiante hasta el extremo, y esperar a que la situación evolucione en Catalunya hacia una extendida demanda de clarificación y normalidad, que inevitablemente ha de llegar por la ley del péndulo y por la progresiva irrupción del debate social. Ahora bien, no te engañes: ni Catalunya se fracturará, ni se podrá pretender a partir de ahora que aquí no ha pasado nada. Claro que ha pasado. Y mucho: lo sustancial de la reivindicación catalana permanecerá ya para siempre con más fuerza que antes si cabe. Ahora bien, advertido el error estratégico y táctico cometido, retornará con mayor intensidad la exigencia de diálogo y de un nuevo pacto. Esta evolución será inevitable, pues encaja perfectamente con el talante profundo de la sociedad catalana, que ha sido definida históricamente como pactista.

Y será entonces -a partir del 10 de noviembre- cuando el Gobierno español tendría que iniciar contactos serios con los dirigentes catalanes para promover y alcanzar un pacto sobre: a) El reconocimiento de la identidad nacional catalana; b) el blindaje de las competencias estratégicas (idioma, educación y cultura); c) la revisión de las competencias financieras (fijación de un tope a la aportación al fondo de solidaridad y establecimiento de una agencia tributaria compartida); d) consulta a los catalanes acerca de si aceptan o no esta propuesta.

http://www.caffereggio.net/2014/10/18/nota-sobre-el-14-de-octubre-del-2014-de-juan-jose-lopez-burniol-en-la-vanguardia/

133.8. No sé quién manda en Cataluña, Manuel Muela

No lo digo yo, lo acaba de declarar el presidente del Consejo de Ministros el día de la Fiesta Nacional. Es la confesión de adónde nos ha conducido la falta de responsabilidad de quienes tienen en sus manos el gobierno de la nación y de las restantes instituciones del Estado

La declaración del jefe del Ejecutivo se presta a toda clase de elucubraciones, pero hay una realidad que no se puede soslayar, que es la de constatar que el melón de la crisis constitucional abierto hace dos años en Cataluña irá alimentando escenarios de inestabilidad y de desasosiego, muy difíciles de manejar por los que vienen acreditando una gestión deficiente tanto en Madrid como en Barcelona

Lo que hace diferente a Cataluña es que allí la irritación social se ha pretendido conducir por el camino de la independencia

A pesar del pleito, se permite que una de las partes, los colegas de Barcelona, CiU, sigan ostentando el poder al servicio de sus objetivos, confiando en que terminen entrando en razón y “pelillos a la mar” para recuperar la entente tradicional. Lo que pasa es que es tarde para eso, primero, porque los nacionalistas burgueses de CiU van adelgazando electoralmente a marchas forzadas y segundo, porque la crisis económica y social, que está en el epicentro de lo que ocurre en Cataluña, no remite con la prontitud deseada. Las hojas del calendario van cayendo y el tiempo devora las expectativas de mejora, que son poco fundadas o voluntaristas.

http://vozpopuli.com/blogs/4963-manuel-muela-no-se-quien-manda-en-cataluna

133.9. Para cargarnos de razón, Françes de Carrerras

La suspensión de la consulta no es una derrota de Mas. En realidad, se trata de una etapa más en el camino que los nacionalistas catalanes emprendieron hace muchos años y que ha pasado, y seguirá pasando, por fases distintas y variadas, todas ellas previstas dentro de una estrategia bien trazada y que les está dando óptimos resultados. Una estrategia a la que podríamos denominar “tener paciencia e irnos cargando de razón”.

En efecto, la consulta que se pide es un mojón en este perseverante camino. Pero la consulta no es sólo un medio cuyo único fin es llevarla a cabo para así acceder a la soberanía, también tiene otros objetivos colaterales.

Esto lo podemos comprobar explícitamente en el primer informe del Consell Assessor per a la Transició Nacional, de julio de 2013, titulado La consulta sobre el futur polític de Catalunya. Ese órgano, adscrito a la Presidencia de la Generalitat, advierte: “Se ha de tener presente que el objetivo primero y fundamental de la Generalitat habría de ser conseguir que efectivamente se pudiera convocar una consulta y, subsidiariamente, si ello no fuera así, resultara evidente, de la manera más clara posible, que el Estado es quien se niega a permitirla y que lo hace por motivos políticos, no jurídicos. Este doble objetivo es importante tanto ante los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña como de cara a la comunidad internacional”.

Recuerden que Mas, en línea con los consejos de su órgano asesor, repitió varias veces que su adversario en Cataluña era el Estado

Desde hace muchos años, el victimismo ha sido la gran arma de los nacionalistas. Las fuerzas políticas de ámbito estatal consideran como victorias acontecimientos que después son capitalizados por las fuerzas nacionalistas. La suspensión de la consulta no es una derrota de Mas sino el comienzo de una nueva etapa en la que espera seguir llevando la iniciativa frente a un Gobierno central a la defensiva.

http://politica.elpais.com/politica/2014/10/15/actualidad/1413396598_831724.html

133.10. El mito de la Cataluña progresista, Luís Orriols

¿De verdad somos los catalanes tan progres como solemos afirmar? En realidad, hay motivos para pensar que nuestro izquierdismo es más de apariencia que de convicción.

La confusión entre los conceptos derecha y españolismo ha provocado algunas disfunciones importantes en el debate político en Cataluña

Los principales damnificados de tal confusión son los partidos que se desmarcan abiertamente de la órbita del catalanismo político.

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2014/10/17/catalunya/1413566366_587705.html

133.11. El derecho a decidir no existe, Martín Ortega Carcelén

Los inventores de la expresión se refieren a dos ideas de manera implícita: Cataluña es una nación y, en consecuencia, tiene derecho a la autodeterminación.

Es una maniobra retórica inteligente que pretende trasladar el debate desde el concepto resbaladizo de nación hacia el terreno más seguro de la democracia. El derecho a decidir no se debe negar, argumentan, porque ¿quién puede atreverse a impedir que la gente elija su destino?

Los defensores del supuesto derecho a decidir renuncian a cualquier marco legal a la hora de reclamarlo. Aunque la Constitución española no lo reconozca, aunque la Unión Europea tampoco lo ampare, y a pesar de que el derecho internacional no se refiera a esa idea porque solo contempla la libre determinación de los pueblos coloniales, tal derecho existe. Parece que dicha capacidad tuviera un origen divino, como una revelación descendida sobre sus proponentes, que no admiten ningún tipo de debate al respecto

Al negar un marco político y legal donde fundamentar ese derecho, y al delimitar de manera unilateral su forma de ejecución, los impulsores de la consulta en realidad motivan su causa en los sentimientos. Los catalanes, afirman, tienen derecho a la independencia porque se sienten una nación.

El problema de este enfoque es que contiene una enorme carga divisoria dentro de la Unión Europea, diseñada precisamente para superar esos instintos de enfrentamiento.

La Constitución llegó a una solución transaccional al definir a España como nación, cuya soberanía reside en el pueblo, y al articular al Estado sobre la solidaridad y el reconocimiento de la pluralidad.

Sobre ese fundamento, en las últimas tres décadas se ha desarrollado un notable sistema de reparto de poderes, mayor que el de algunos Estados federales.

Cataluña es un órgano vital para el conjunto de España, y las interacciones con otros órganos vitales han sido muy intensas, lo que hace la separación un asunto existencial. Los catalanes que persiguen ciegamente ese sueño no han comprendido que su hipotética independencia, quizás seguida por la de otras partes de España, supondría una verdadera conmoción tras una etapa reciente llena de intercambios profundos y de convivencia fructífera en un proyecto común.

http://elpais.com/elpais/2014/10/10/opinion/1412946101_991126.html

133.12. La era de la pantomima, Roger Senserrich

El gobierno catalán se ha resignado a no celebrar el referéndum prometido el 9 de noviembre, y ha apostado por hacer una especie de sistema participativo alternativo. Un evento así no tiene nada de consulta representativa o democrática.

Pero como acto de movilización no es mala idea: la Generalitat está montando una manifestación donde la gente en vez de expresarse con pancartas todos a una lo hará con papeletas a lo largo del día. Es una forma de continuar con la estrategia movilizadora seguida hasta ahora, pero sin tener que hacer el extraordinario esfuerzo logístico del 11 de septiembre. Participará un porcentaje considerable del censo, pero no será representativa.

Lo interesante viene después, cuando si la “consulta” sale bien Artur Mas disuelve el Parlament y convoca elecciones anticipadas

Sospecho que si hay elecciones los independentistas y unionistas no van a sacar resultados demasiado distintos a lo que hemos visto hasta ahora. Dejadme volver a poner este gráfico. Este es el porcentaje del voto de los partidos estrictamente nacionalistas catalanes en elecciones autonómicas desde 1980. Si hay algo que parece inamovible es el techo de la suma de los 2-3 partidos del bloque, siempre cerca, siempre ligeramente por debajo del 50%. En las europeas de este año CiU y ERC sumaron un 45,5% del voto. Y no, no voy a meter a Iniciativa en este bloque, porque aunque defienden el derecho a decidir el partido no es pro-secesión. El votante nacionalista se ha radicalizado, pero su electorado no parece haber crecido.

Los sondeos recientes parecen sugerir que veríamos resultados parecidos; aunque la movilización ciudadana independentista es francamente impresionante, el bloque de partidos que la apoyan parece moverse siempre cerca del 50% del voto. La cada vez más ridícula fragmentación del bando unionista (y la nunca aprobada ley electoral catalana) poco menos que garantiza que los nacionalistas catalanes saquen ventaja en escaños, pero el apoyo social real de los dos bandos sospecho que no ha cambiado gran cosa.

Hace un par de años, después de la primera gran manifestación del 11 de septiembre, escribía que a efectos prácticos la política catalana no iba a cambiar apenas nada. Rajoy no iba a mover un dedo. Los catalanes iban a protestar sin conseguir nada. Dado que nadie es lo suficiente estúpido como para proclamar la independencia de manera unilateral (no creo que ERC esté hablando en serio – y de todos modos, no va a tener los votos), Cataluña iba estar en un limbo de cabreo permanente hasta el 2015, cuando el PP pierda su mayoría absoluta y alguna coalición de tres o siete partidos acabe por intentar reformar el sistema autonómico de una puñetera vez. La solución realmente no es complicada (el mundo está lleno de diseños federales decentes que harían feliz a casi todos), pero hasta que la aritmética legislativa cambie en Madrid no vamos a ver reformas.

El procés nace de un cabreo más que comprensible con una crisis económica, ajuste fiscal y sistema de financiación económica demenciales, combinado con la patética implosión del PSOE el 2011. Lo que hemos visto es la combinación de cabreo justificado con populismo oportunista enfrentándose a un gobierno central que no tenía ningún incentivo en dar concesiones a nadie. El encuentro entre el quijotismo sentimental y el inmovilismo interesado ha dividido el país, sin arreglar los problemas de nadie. En un mundo más racional unos hubieran entendido que la ventana de oportunidad de conseguir reformas en el sistema autonómico estaba cerrada, y otros que la mejor manera de resolver problemas es hacer algo para solucionarlos. En los turbulentos días de la España de la gran recesión, eso no ha sido posible.

Queda un año de pantomima, en uno y otro bando. Si nadie comete una estupidez completamente irresponsable, todos empezaran a negociar a finales del 2015. Si hay suerte.

http://politikon.es/2014/10/15/la-era-de-la-pantomima/

133.13. Cómo los partidos han ayudado a polarizar el debate político en Cataluña (¿hasta perder el control?), Juan Rodríguez Teruel

¿Los partidos a remolque de los ciudadanos indignados? Los datos generales no permiten sostener esa afirmación.

Dos posturas tratan de explicar el origen del proceso. Por un lado, el relato del movimiento soberanista pone el énfasis en la indudable capacidad de movilización conseguida, y que ha hecho visible una demanda popular que surge ‘de abajo’, al margen de los partidos. Frente a esta versión, algunos medios madrileños han preferido pensar que todo se trata de una confabulación de la clase política catalana, de un Mas ‘enloquecido’ o de una reacción ‘burguesa’ para defender privilegios, ante una ‘mayoría silenciosa’ que sufre la dictadura nacionalista. Paradójicamente, esta versión de un elitismo simplista tiene mucho éxito entre los activistas y creadores de opinión favorables a la secesión, que la reutilizan y la exageran hasta lo ridículo a fin de realzar aún más la ‘verdadera’ explicación, la otra, la popular.

Preguntarse cómo hemos llegado hasta aquí no es un ejercicio banal, gratuito ni intelectualmente ingenuo. Si bien muchos querrán extraer de esa respuesta el grado de legitimidad real (absoluto para unos, nulo para otros) que posee todo lo que ha venido pasando en Cataluña desde septiembre de 2012, desde un punto de vista desapasionado y crítico tal pregunta tiene otro interés mayor: nos puede ayudar a intuir por dónde evolucionarán los hechos, más allá de los movimientos tácticos de trinchera que despistan al paciente observador medio. Saber cómo hemos llegado hasta aquí nos puede ayudar a entender cómo puede seguir de aquí en adelante.

Una observación de los datos de opinión pública en Cataluña desde hace más de 20 años no nos permite detectar grandes cambios estructurales en el tiempo, y, en cambio, sugieren que los cambios de los últimos años dependen más del debate político catalán de lo que el relato soberanista propugna.

Como hemos tratado de argumentar más extensamente, esta perspectiva interpretativa subraya la influencia de los partidos, y la competencia entre ellos, sobre el debate político y las posiciones de los individuos. Es verdad que no podemos concluir que los partidos manipulan a su antojo las preferencias de los individuos. Pero “organizar es movilizar inclinaciones”. En esa línea, diversos autores han llamado la atención sobre el poder de la conformación de la agenda pública. Esta perspectiva ayuda a proyectar una perspectiva más amplia sobre la evolución de la política catalana, situando el foco sobre cómo los partidos y los dirigentes han venido definiendo el debate político catalán desde hace más de una década, a través de sus opiniones, programas, estrategias e interacción.

No obstante, la mera competencia interpartidista podría sugerir que, al fin y al cabo, los partidos anticipan los movimientos de los votantes, y se mueven en aquella dirección en la que también esperan ser recompensados por estos en el futuro. Algo de eso hay también en la política catalana de la última década. Pero algunos autores han sugerido que también puede haber jugado a favor una preferencia de entrada, por parte de los dirigentes políticos de varios partidos catalanes, hacia posturas más radicales que las de sus votantes. O incluso que las de sus propios militantes de partidos. El problema para tratar de corroborar este tipo de hipótesis es que normalmente no disponemos de datos apropiados. La mayoría de estudios sobre las preferencias de los partidos suelen basarse en lo que opinan sus votantes, de modo que nos perdemos una parte importante de la película.

El gráfico 4 nos muestra que, en el año 2000, los líderes de partidos nacionalistas eran más extremos que sus votantes e, incluso, que sus propios militantes en materia de identidad nacional. Solo los miembros de las organizaciones juveniles de esos partidos (muchos de ellos militantes y dirigentes de esos partidos en la actualidad) eran más extremos que los propios dirigentes. En este mismo sentido,  otros datos nos muestran que durante más de una década, los dirigentes de partidos nacionalistas en Cataluña han conseguido atraer a muchos de sus votantes hacia las posiciones más extremas en términos de identidad y de preferencias políticas territoriales.

Si bien de estos datos no puede deducirse una explicación puramente vertical, sí nos ayuda a contrastar el discurso basado en la idea de ciudadanos que arrastra a partidos. Por supuesto, la realidad es suficientemente compleja para esquematizar excesivamente la relación entre elites y ciudadanos. Pero una perspectiva en la que los partidos tienen un peso decisivo en la configuración de la competición política (y, por extensión, de los ciudadanos), nos resulta útil para intuir por dónde seguirá la evolución de los hechos.

Desde hace 15 años, en Cataluña se está jugando la redistribución del poder político. Desde un primer momento, los líderes de los principales partidos escogieron el terreno de la organización territorial para disputar esa competición, poniendo en cuestión el papel de Cataluña en el marco constitucional. Primero fue PSC vs CiU. Luego ERC vs CiU. Pero esta disputa ha acabado fragmentando el sistema de partidos catalán y polarizando a sus votantes. El ascenso de un grupo de presión transversal, y cada vez mejor articulado, nos sugiere nuevas y estimulantes hipótesis. La próxima estación: la lucha por organizar un eventual ‘Movimiento del President’ frente a los que apuesten por una más decidida ‘Asamblea por la Independencia’. Con permiso de ERC.

 http://www.eldiario.es/agendapublica/reforma-constitucional/partidos-ayudado-polarizar-politico-Cataluna_0_313219315.html

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