Si tuviese que atenerme a mi subjetividad anti-monopolios hegemónicos y empobrecedores, definiría a la Unión Europea como un conglomerado de países de Europa sometidos al cumplimento de ciertos estándares económicos y sociales para poder así, integrar dicho grupo en pos de generar, supuestamente, unión y fuerzas a nivel continental para el desarrollo y el crecimiento conjunto y en armonía. Estando conformado por ciertas normas comunes y jerarquías de poderes y funciones que pocas veces son respetados en su contenido y/o en su forma.

Atándonos de alguna manera, ya sea ideológica o políticamente, a palabras y conceptos como los que esboza “un” Javier Solanas o “una” Catherin Ashton, podríamos decir que la Unión Europea es la gran oportunidad, cada vez más real, de que los países europeos conformen una potencia unificada que facilite y mejore la vida de cada persona que integre dicho territorio, bajo una conformación de estados soberanos, pero cooperantes y sedientes de dicha soberanía en ciertos aspectos y con objetivos claros, justos y equitativos.
Podría decirse, también, que la unidad de los pueblos europeos coloca al “Viejo Continente”, y de cara al mundo, en una posición potencialmente privilegiada en cuanto a los mercados, las economías y la sociedad.
Es aquí cuando basta con utilizar el sentido común y poder ver que hoy en día, China, por citar un solo ejemplo, se ubica por encima de todos los países que integran la Unión Europea, en cuanto a poderío económico, fuerza laboral y posicionamiento global.
Por otra parte, las reglas están hechas para romperse. Claro ejemplo de ello es la poca toma de decisión que está teniendo el actual Presidente Interino de la UE, Rodriguez Zapatero, frente al constante “camino por izquierda” que conducen a Alemania, Francia e Inglaterra a ser quienes realmente tienen peso y toma de decisión en el continente.
La Unión Europea debería conseguir la eliminación de fronteras, no sólo las que todos conocemos (y que además están eliminadas para cualquier europeo), sino las económicas y las sociales, y así facilitar y garantizar a cada persona conviviente en dicho continente un nivel de vida digno, un desarrollo sustentable en el mediano y largo plazo, una economía fuerte y sostenible en cada país y la verdadera unión de los pueblos, más allá de sus diferencias.
En mi opinión, la mayoría de los discursos que proponen los líderes europeos (colocados o elegidos) respecto a la actual crisis, no se tangibilizan a la hora de la verdad, siendo la Unión Europea una especie de “entidad global” que cada día se aleja más de la gente (aunque nunca estuvo muy cerca), y que toma importantes decisiones a puertas cerradas perjudicando a muchos y muchas, y beneficiando a unos pocos.
Es un envase muy bonito, en donde se encierra mucha comida podrida.


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