Publicaciones - 22/08/15

Ideologías, política

Nuestro compañero en estas páginas, y en otras muchas, académicas o festivas, Carmelo Romero Salvador, excelente historiador y politólogo, pero también autor de novelas muy reeditadas, como “El tío Cigüeño”, ha dado un paso importante, por lo vario y provocador del asunto y por sus dificultades intrínsecas, hacia el humor político: “Fauna humana”, en la senda de los mejores escritos del género, de Esopo a Samaniego, algo olvidados desde el caústico siglo XIX. Porque, se nos explica, “los seres humanos no nos conformamos con ser un animal sino que es frecuente que, además, adoptemos actitudes y comportamientos de otros animales”. Y así, una treintena de personajes de la España actual –reyes, políticos, banqueros, cardenales…- se introducen, acompañados los textos de Carmelo, cáusticos y un pelín crueles, divertidísimos, y los fabulosos dibujos de César Ordóñez, en esta peculiar y humorística “Arca de Noé”.

1,-Fauna-humana

El único aragonés “animalizado” es José Ángel Biel, hasta hace unos días presidente de las Cortes de Aragón, animal político por excelencia, al que compara con el pato: “En política no sólo hay individuos pato, sino partidos pato. Se trata de partidos pequeños, cuya supervivencia depende tanto de que no haya un depredador único –en política una mayoría absoluta-, como de su habilidad –por llamar así a la desvergüenza- para tener siempre bien colocada a su pollada… No hubiera sido difícil acabar con él, pero ni a gaviotas ni a rosales les ha interesado, porque este pato sirve como excusa para cuando las gaviotas tuercen vuelo –que es a menudo- y para cuando los rosales sólo dan espinas –que tampoco es infrecuente-. Por eso ahí tenéis, aquí tenemos, con su escuálida pollada bien alimentada por tierra, agua y aire –Senado, DGA, Cortes, Diputación, Ayuntamientos, Comarcas, Asesorías, Consejos de Administración y etc., etc.- al pato PAR”.

El autor, dando veracidad a su postura crítica, se incluye en último lugar, como un lobo, pero nada solitario, “si esa renuncia a la manada tuviese algo que ver con un sentido elitista y vanaglorioso de no pertenencia y no, simplemente, con el convencimiento de que la libertad es ante todo la suma de personas libres”. Un libro espléndido, llamado, incluso en crisis, a tener un gran éxito si se difunde como merece.

 

2,-Mairal

 

Gaspar Mairal Buil, reputado antropólogo (el único con docencia en nuestra limitada Universidad de Zaragoza, con destino en el Campus de Huesca), persona discreta a lo Gracián, serio estudioso de nuestra época, nuestro mundo ancho y propio y ajeno, las ideologías en que nos sustentamos, ha publicado, a su costa, “Memoria pública (2005-2010)”, recopilación de artículos aparecidos en su mayoría en “Heraldo de Aragón”. Confiesa que, tras conocer el término en un texto de Julián Marías, adopta el título porque lo cree apropiado para este libro. Hombre de ideas claras nada gregarias, va contra esto y aquello a la unamuniana manera, tanto sea sobre el holocausto y el terrorismo, que aborrece, la guerra de Irak, el cambio climático, como “contra le memoria histórica” que encuentra insincera, los diálogos de culturas y civilizaciones, costumbres, creencias y mitos, la cultura (el arte y la música), temas recurrentes en sus libros (el agua), o la nuda política, “la izquierda hueca”, y, claro, la Universidad. Una voz que todos deberíamos escuchar, reflexionar sus propuestas, dialogar y rebatir lo que no concordemos, pero nunca ignorar. Hay mucha amargura en algunos textos, y por lo tanto, mucha lucidez. El autor lo resume así:

“La voluntad de no callar y salir a la palestra para escribir sobre los asuntos públicos, dando opiniones, acertadas o erradas, pero siempre sinceras y comprometidas, acaba dejándole a uno un sabor agridulce. Junto al comentario sincero de alguien a quien apenas conoces y dice compartir lo que has escrito, al vacío que a veces uno siente a su alrededor en círculos, lugares y ambientes de los que en otro tiempo creyó formar parte. Esta es una memoria personal, que al publicarse pasó a ser “mi memoria pública”, y que en cualquier caso fue escrita siguiendo las enseñanzas del gran Montaigne quien ya dijo: “¿El vaciar y desarmar la memoria no es el verdadero y auténtico camino hacia la ignorancia?”.

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