Cultura - 03/03/10

Benditos titiriteros

Titiritero suena a campanilla desacompasada. Jiménez Losantos, cuando se transforma en el savonarola español, suele utilizar peyorativamente el término titiritero, que arroja contra todos los artistas que no comulgan con su enardecido pensamiento, sean o no liberados del sindicato cejista. Esta acepción denigra a quienes practican uno de los oficios más antiguos y hermosos del mundo. Un titiritero es, a la vez, un artesano, un creador y un actor. Desarrolla, además, un trabajo que requiere un gran esfuerzo físico. Algunos titiriteros se ven obligados a abandonar prematuramente su profesión debido a las secuelas físicas que acarrea el manejo de sus herramientas de trabajo. Ni qué decir tiene que sus ahorros jamás alcanzarán la cuantía mensual del retiro dorado de Teddy Bautista.

Aragón es tierra de titiriteros. El teatro arbolé, caleidoscopio o los titiriteros de Binéfar son solo algunos ejemplos de compañías señeras, que se esfuerzan por crear un mundo fantástico que hace pensar a los niños y permite dejar de pensar a los adultos.

El grupo de Títeres de la Tía Elena lleva en su carromato de sueños el espectáculo Cajal, rey de los nervios, que es un insólito ejemplo de divulgación científica entre los escolares aragoneses de primaria.

Todavía me quedo ensimismado cuando me topo con una representación de títeres en cualquier plaza o parque de Aragón. Cuando eso sucede, los atardeceres vuelven a estar preñados de azul y la noche se recuesta liviana sobre la tarde.

Federico, genial y genital, conduce el programa con la misma intención con la que el estudiante aplicado procura deslumbrar a sus maestros. Pero debería pensar en otras expresiones a la hora de descalificar al mundo de la farándula. A pesar de que el nivel de los medios de comunicación españoles tiende a igualarse por el extremo de la prensa deportiva y del corazón, sería manifiestamente injusto que atribuyéramos a sus profesionales los epítetos de chufleteros, palanganeros, correveidiles, agoreros, chismosos e iletrados.

Aunque, pensándolo bien, quizá Joan Manuel Serrat se sienta orgulloso de tal calificación. Al fin y al cabo, en sus años mozos les dedicó una hermosa canción que empieza del siguiente modo: “De aldea en aldea, el viento lo lleva siguiendo el sendero, su patria es el mundo, como un vagabundo va el titiritero”.

PD: Recomiendo vivamente la lectura de las columnas que escribe Irene Vallejo en el Heraldo de Aragón por su ilustrativa divulgación del mundo clásico, por el delicado tratamiento que hace de los temas y por la diáfana exquisitez con la que lima las aristas del alma.

1 comentario en Benditos titiriteros

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