Historia y Política - 26/03/16

La Revolución alemana de 1848

La Revolución de 1848 tuvo una doble vertiente en Alemania. Por un lado, se dieron Revoluciones en muchos de los Estados alemanes cuestionando el orden político existente en los mismos pero, por otro lado, y esto constituye una peculiaridad en relación con lo que ocurrió en otros lugares, se planteó una vía liberal hacia la unificación en el Parlamento de Frankfurt. Al final, tanto las Revoluciones particulares como este intento de plantear una Alemania unida bajo un signo relativamente progresista, fracasaron.

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En la zona occidental de Alemania las Revoluciones llegaron con fuerza por dos razones. En primer lugar, porque los Estados de esta zona estaban más desarrollados económicamente y, en segundo lugar, por su proximidad con Francia, el gran foco revolucionario. La situación fue algo distinta en el área sur y oriental, es decir, en Prusia, Sajonia y Baviera, donde el poder era muy fuerte y, por lo tanto, se hizo más complicado el desarrollo revolucionario, aunque terminaría por producirse. En Prusia los enfrentamientos entre los estudiantes y obreros contra el ejército provocaron que el rey Federico Guillermo IV tuviera que ceder y ofrecer la responsabilidad de gobierno a los liberales y aceptar la convocatoria de unas elecciones para la creación de una Asamblea Constituyente. Este hecho tuvo una honda repercusión en el resto de Estados alemanes porque Prusia era el principal reino, generando esperanzas al nacionalismo liberal.

En distintos lugares de Alemania se produjeron revueltas campesinas, generadas por la crisis económica, junto con fuertes revueltas urbanas que elevaron el tono de la protesta por su contenido político al reclamar el establecimiento de verdaderos regímenes liberales con constituciones, libertades y derechos, etc..

En Frankfurt se reunió el Parlamento Alemán Constituyente, que duró entre mayo de 1848 y marzo de 1849, y que presidió Henrich Von Gagern. El objetivo de esta asamblea era la aprobación de una constitución alemana y el nombramiento de un gobierno común. Pero en el Parlamento estallará la diversidad de proyectos por su heterogénea composición. Allí se sientan liberales que pretenden el establecimiento de monarquías constitucionales, junto con demócratas que tienden a la solución republicana y, por fin, casi socialistas por la defensa no sólo de las libertades sino, sobre todo, de la adopción de políticas sociales. Lo que une a casi todos es su acusado nacionalismo alemán, que llega a pedir la integración de muchos pueblos en Alemania, como Alsacia y Lorena, y hasta Bohemia, el Tirol y Holanda. Pero hay desacuerdos a la hora de delimitar qué es Alemania, es decir los límites de la nación alemana. Por un lado, está la idea de la Gran Alemania, con Viena como eje vertebrador y, por otro, la Pequeña Alemania con Berlín como centro. A esta Asamblea asistió un joven Bismarck, donde constató su aversión al parlamentarismo y la debilidad de Austria y otros Estados, reafirmándose en la idea de la potencia de Prusia.

Al final se aprobó una Constitución en 1849, que estableció el Imperio hereditario con un Parlamento o Reichstag con dos cámaras. La corona es ofrecida al rey prusiano. Pero los grandes Estados alemanes, es decir, Prusia, Austria, Baviera y Hannover rechazaron la Constitución porque no estaban dispuestos a ceder soberanía.

La reacción contrarrevolucionaria no se hizo esperar, capitaneada por Prusia. En su interior se establece una Constitución que impone un régimen moderado de sufragio muy censitario y muy restrictivo en lo referente a las libertades y derechos. Es el triunfo de la versión del liberalismo más conservador en alianza con el viejo orden. El poder consigue frenar la evidente fuerza de los sectores políticos más demócratas, republicanos y del creciente movimiento obrero, al disolver la Asamblea Nacional Prusiana que había reclamado profundos cambios políticos y hasta sociales.

Pero además Prusia no estaba dispuesta a que triunfasen Revoluciones en el resto de Alemania ni a que prosperase la versión liberal de una Alemania unificada. Se rechazó la corona imperial y se forzó la disolución del Parlamento de Frankurt. Alemania regresó a la fórmula tradicional de la Confederación Germánica. El ejército prusiano terminó por intervenir en distintos Estados alemanes para sofocar las Revoluciones.

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