Publicaciones - 14/06/16

Chas, de Salduba a Las Vegas

El estupendo pintor que es Eduardo Laborda, es también un notable historiador del arte aragonés contemporáneo a través de la biografía. Lo demostró en 2010 con su libro sobre Bayo Marín, y lo revalida con el que publica Iris Lázaro sobre Marcial Buj, “Chas”. Ambos, junto con Manuel Del Arco forman una gran trilogía del humor gráfico aragonés de la primera mitad del siglo XX. A la que hay que añadir a Teixi, claro. Y luego al gran Mingote, a Ugalde y otros.

Buj Luna, hijo de un redactor del Heraldo del mismo nombre y apellido, será el periodista más popular de la Zaragoza de su tiempo. Lo cuenta Laborda en este libro, magníficamente ilustrado con fotografías de la época, con textos históricos, literarios, imaginativos, divertidos. La biografía del humorista, que entrevistaba lo mismo a personajes vivos que a estatuas o famosos del pasado, autor de chistes celebrados, caricaturas definitorias, dibujos sorprendentes, da ocasión para mostrar los pasos de la ciudad hacia una modernidad artística, en el diseño, la decoración, la vida social. Que tras la guerra y una primera muy dura posguerra ve llegar la base americana, nuevas fachadas y escaparates comerciales, novedosos conjuntos musicales.

 

3,-Chas

 

Sabemos así mucho de la Zaragoza de antes y después de la guerra, de gentes de la cultura como Félix Gazo, Javier Ciria, Tomás Seral, Ildefonso Manuel Gil, H. García Condoy, Alberto Duce, Gil Losilla, Julián Vizcaíno, Ostalé Tudela, o los artistas Martín Durbán (hasta su exilio), Estevan, Berdejo, Bueno y Burriel y Pilar Bayona… y muchos otros.

El libro se completa con una excelente colección de dibujos y chistes, desde los políticos y sociales de antes de la guerra (en uno de 1932 dice un pillo que parece actual: “Bueno, como me pesque la policía y me encierren, vaya papelito que iba a hacer yo sin traje de etiqueta”), alas que se añaden las historietas mudas y el ligero humor de los cuarenta, las “aleluyas” festivas o históricas, los anuncios, las caricaturas de futbolistas, concejales, y políticos: sin fecha, excelentes de Lenin, Stalin y Trotsky; otras de Azaña y Lerroux o los dramaturgos Benavente y Buero Vallejo.

Un álbum, en suma, muy grato de ver y leer, evocador de una Zaragoza que aún recordamos los mayores, y debieran conocer los más jóvenes.

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