andalán - 27/09/16

Luis Ballabriga ha muerto

Este verano han encontrado de muy diversa forma el final de sus vidas algunas personas de especial relevancia en nuestra vida cultural, una de ellas ha sido Luis Ballabriga. Javier Delgado, seguramente su mejor amigo, ha escrito sobre Luis Ballabriga en su blog y nos envía el magnífico, emocionado texto, que dedica “a su mujer y a su hijo, que fueron su vida y su esperanza; y a su hermano, a quien siempre quiso bien. Lo hacemos nuestro, por la estupenda relación que los de Andalán tuvimos con él y cuanto hizo por la cultura aragonesa. Nos anuncia que preparan un acto en honor de Luis para el último jueves de octubre o el primero de noviembre en la Fundación Labordeta, en el que intervendrán Juana de Grandes, Antón Castro, Antonio Pérez Lasheras, José Luis Acín, Jesús Rubio, José Luis Calvo Carilla y él. También recomendamos la página que Antón Castro le dedicó el martes 20 de septiembre en Heraldo de Aragón.

 

“El pasado 12 de agosto falleció nuestro amigo Luis Ballabriga. No hubo prácticamente información: morir en agosto es morir dos veces. A Luis se lo ha llevado por delante un cáncer de estómago diagnosticado la pasada primavera. Para dar idea de la elegancia con la que llevó su enfermedad: inmediatamente después de contarme lo que le ocurría, Luis me preguntó por mis males y dedicó el resto del encuentro a darme ánimos y consejos. Como siempre, lo suyo lo dejó en un segundo plano. Es el hombre más modesto y discreto que he conocido nunca.

Nos conocimos cuando éramos muy jóvenes, a primeros de los setenta, cuando los dos, llenos de coraje y de ilusiones, buscábamos en la cultura una forma de superar la cutrez del país y una forma de luchar por cambiarlo. Luis trabajaba en la Librería Pórtico y estudiaba Filosofía y Letras en la Universidad de Zaragoza, en la que se licenciaría. Por entonces ya era un sabio conocedor de una extensa bibliografía de y sobre literatura española, y no sólo de textos académicos sino también, y sobre todo, de las curiosidades más insospechables. Su afición al cine le hizo participar, muy pronto, en la dirección del muy dinámico Cineclub Salduba (con Alberto Sánchez a la cabeza), donde participó en la edición de sus insólitos y telquelianos “Pliegos”.

Era, éramos, en esos años, unos jóvenes airados. Luis, con su entonces tupida brillante cabellera dorada y una precoz barba, era capaz de recitar poemas sobre la masturbación ante un público estupefacto (lo progresista no quitaba lo pacato), por ejemplo en la Primera Semana Aragonesa, realizada en el Centro Pignatelli de Zaragoza en la primavera de 1973.

Poco después ingresó en el clandestino PCE, en la “célula de intelectuales y artistas” de la que yo era responsable y en la que lo pasábamos muy bien urdiendo tramas y planeando actos primero junto con Javier Maestre (La Bullonera), Mariano Anós, Paco Ortega… y poco a poco con muchos más camaradas y simpatizantes. En 1978, como muchos de nosotros, dejó esa militancia. (Yo volvería, él no).

Estuvimos juntos en muchas tareas culturales, entre las que me parecen destacables la editorial Alcrudo (publicó allí con Juanjo Vázquez su madrugador “La canción popular aragonesa” en 1977) y Andalán (se hizo cargo de la sección de creación literaria “Galeradas”). En Andalán publicamos juntos algunos artículos; el dedicado a la ultraderecha aragonesa (“Va de retros”) tuvo especial eco… incluso en el Juzgado de Orden Público.

Gracias a Luis Ballabriga se dieron a conocer al público de finales de siglo XX antiguas revistas literarias aragonesas de los años diez a los años sesenta, como “Alcandora”, “Almenara”, “Ambiente”, “Ámbito”, “Ansí”, “Azul”, “Cierzo”, “Despacho Literario”, “Doncel”, “Literatura”, “Noreste”, “Orejudín”, “Papageno”, “Poemas”… cuyo acceso era muy difícil o imposible. Sus cuidadas reediciones facsímiles (a cargo de la DGA) uno de sus mayores legados.

En esa tarea de recuperación cultural se inscriben sus trabajos sobre la obra de escritores de ayer y anteayer: Baylin, Seral, Torrente… y su impecable edición de la obra de Gabriel Bermúdez, autor aragonés de ciencia ficción tan valorado como desconocido. “Mano de Galaxia. I: “Golconda II. Haladriel”, (Zaragoza, Larumbe, 2008) y sus noticias sobre autores aragoneses de novelas policíacas (le divertía mucho descubrir la afición al género de algunos conocidos notarios, abogados, médicos). Últimamente andaba recopilando curiosas narraciones de Santiago Ramón y Cajal.

Al cine, su otra gran pasión, dedicó búsquedas complicadas. “El cine de Luis Buñuel según Luis Buñuel, filmografía y selección de de textos”. (Huesca, Festival de Cine de Huesca, 1993) fue un empeño especial. Más adelante iría rescatando los guiones de Luis Buñuel, que publicaron El Instituto de Estudios Turolenses y la DGA. Éste sería otro de sus legados.

La vida laboral de Luis fue todo menos convencional. Tras su salida de la librería Pórtico vinieron esos estudios diversos para los que consiguió subvenciones y también trabajos intermitentes de técnico informático. Siempre pensé que nuestra Universidad se había perdido a quien hubiera sido un magnífico investigador (aunque su forma de hablar, en voz tan baja, casi musitando, no sé si le hubiera permitido sobrellevar la docencia).

La más importante tarea que llevaba entre manos ahora (junto con Antonio Pérez Lasheras) era la edición de un “Cancionero” de José Antonio Labordeta, con las letras de canciones no publicadas, para el que consiguió llegar hasta grabaciones privadas guardadas e incluso olvidadas durante años en archivos privados de los cuatro puntos cardinales del planeta. Luis, conocida una pista, no cejaba hasta dar con un documento, una casete, un vídeo que dieran testimonio de esa obra inédita (pronto verá a la luz) de José Antonio Labordeta, mucho más amplia de lo que se podía sospechar. Su contribución a ese “Cancionero” será su último legado.

En 2006 la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro distinguió a Luis Ballabriga con su Premio “Buho”. Le hizo ilusión. No presumió por esa distinción. Como todo lo demás de su vida, aventuras y desventuras, lo vivió con una admirable naturalidad.

Luis era un hombre de amistad fiel y leal, amigo de sus amigos y calladamente observador de cuanto sucedía en esta ciudad, región, país. Su agudeza le hacía advertir claramente por dónde iban los tiros y su humor le ayudaba a soportar ese saber sin mayores quebrantos. Ni quejica ni enredador, se dedicó siempre a esas lentas, minuciosas tareas que le apasionaban y a la vida familiar en la que se encontraba siempre a resguardo y en paz”.

 

Luis Ballabriga

Luis Ballabriga

 

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