Historia y Política - 25/10/16

Absolutismo

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Bodin

La primera teoría moderna del absolutismo se debe a Bodin, que escribió los Seis Libros de la República, en el año 1576. El poder absoluto debía ser ejercido por el monarca sin que los súbditos pudieran ponerle límites. Bodin definía la soberanía, es decir, el poder de elaborar leyes, como indivisible e inalienable, y correspondía al rey. Además este príncipe era el juez supremo. Estamos hablando, pues, de una unión de poderes en su figura. Aún así, Bodin no consideraba el monarca como un tirano, ya que habría leyes divinas y naturales que limitaban su poder, además de que debía ejercerlo siguiendo determinados principios de equidad y de justicia.

El último teórico del absolutismo fue Hobbes pero sus ideas estaban muy alejadas de la apelación al derecho divino o a la tradición. Hobbes, en su famosa obra Leviatán (1651), partía de una concepción muy pesimista del ser humano. En el estado de naturaleza el hombre era egoísta, un hombre lobo para sus semejantes. Para evitar que los hombres se destrozasen establecían un pacto entre sí para poder vivir en paz. Ese pacto daba como resultado un estado fuerte que se imponía a todos. El soberano sería el único depositario del poder. Es muy interesante confrontar esta teoría con la de Locke. Los dos partían del estado de naturaleza, pero el segundo consideraba que en dicho estado los hombres tendrían derechos naturales, y para conservarlos establecerían el Estado, cuya misión era garantizarlos. Este sería uno de los fundamentos del Estado liberal.

Curiosamente, la teoría de Hobbes tendría sus repercusiones en el futuro en contextos históricos harto distintos. Tenemos que tener en cuenta que algunas dictaduras de la Historia Contemporánea reinterpretaron sus ideas. Muchos dictadores han justificado su acceso al poder y su conservación con el argumento del supuesto caos en el que se encontrarían sus respectivos países.

La dictadura salvaría, según esta concepción, a esas sociedades de perecer. Habría, pues, que obedecer, o sufrir las consecuencias. Pensemos en los casos de la dictadura franquista o de los regímenes militares del Cono Sur americano, y en cómo sus protagonistas justificaron los hechos que llevaron a instaurar sus sistemas políticos y para mantenerse en el poder a toda costa.

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