Historia y Política - 08/12/16

El Partido Liberal en el reinado de Alfonso XIII

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Canalejas

En el inicio del reinado de Alfonso XIII el Partido Liberal decidió renovarse. Los liberales consideraron que habían conseguido cumplir con su primer programa político cuando ejercieron la responsabilidad de gobernar en tiempos de la Regente María Cristina. Sagasta era un anciano, y los principales líderes pensaron que había que elaborar un nuevo programa y contar con un nuevo líder. En diciembre de eso año, Eugenio Montero Ríos, por decisión del propio Sagasta, se encargó de realizar dicha tarea. Parecía que sería el sucesor. Sagasta fallecía al poco tiempo y los líderes liberales se reunieron para decidir que Montero Ríos se encargase, efectivamente, de redactar el programa. El designado optó por dar un giro a la izquierda al Partido, introduciendo algunas propuestas de signo social: promoción de las sociedades de previsión social y regulación de los contratos laborales. Se trataba de un cierto avance ante la clásica neutralidad del liberalismo en materia socioeconómica.

Pero no fue tan sencillo elegir al sucesor de Sagasta al frente de la formación política. En la asamblea donde se votó, Montero Ríos no alcanzó más que una exigua mayoría frente a Segismundo Moret. Aunque se designó al primero el Partido Liberal estaba claramente dividido. El propio Montero Ríos reunió a sus partidarios para intentar crear el Partido Liberal-Democrático, pero el miedo a la fractura total calmó los ánimos y se llegó a un acuerdo entre ambas partes para preservar la unidad, al menos en teoría.

En esta época se dio una importante crisis en el sistema político y en el Partido Liberal. Montero Ríos, al frente del gobierno, intentó sancionar a los militares que habían protagonizado el famoso episodio del diario Cut-Cut!, pero al no conseguirlo tuvo que dimitir. Moret le sustituyó y aprobó la Ley de Jurisdicciones que estableció que las denominadas ofensas al Ejército y a los símbolos y unidad de España serían juzgadas por la jurisdicción militar, disposición que muchos liberales vieron como una claudicación del poder civil, en coincidencia con toda la oposición republicana, de izquierdas y catalanista.

No llegaba la calma al Partido Liberal porque en 1907 irrumpió con fuerza una figura política muy activa. Estamos hablando de José Canalejas, produciéndose una cierta escisión, ya que se convirtió en el líder del grupo democrático-monárquico, empeñado en la aplicación de un programa político de fuerte contenido laico para frenar el ingente poder de la Iglesia Católica en todos los ámbitos. La tensión en el seno del liberalismo era evidente, como también lo sería en el de los conservadores. Los partidos dinásticos no supieron adaptarse a la nueva situación del siglo XX, a la irrupción de las masas en la política y al surgimiento de partidos modernos, como el de la Lliga Regionalista de Catalunya, que los desplazó en Cataluña, o el Partido Radical.

El liberalismo se reagrupó ante la crisis del gobierno de Maura a raíz de la Semana Trágica y la represión consiguiente. Estos hechos llevaron a los grupos liberales a abandonar por un tiempo sus disputas. Canalejas subió al poder y puso en marcha el último intento regeneracionista desde las posiciones más a la izquierda del liberalismo español. Famosa fue su Ley del Candado frente a la proliferación de las órdenes religiosas, y que provocó una fortísima tensión con la Iglesia Católica. También intentó abordar la cuestión catalana con su proyecto de mancomunidades. Emprendió una activa política en la Guerra del Rif e intentó frenar la conflictividad social. Pero su intensa carrera se truncó cuando fue asesinado en la Puerta del Sol por un anarquista el 12 de noviembre de 1912.

Con la muerte de Canalejas el Partido quedó sin su más valioso líder, a pesar de que fuera contestado en el seno de la formación. Se desataron con fuerza las tensiones internas. Ahora los principales líderes serían Romanones y García Prieto, con sus respectivos seguidores y clientelas políticas. Santiago Alba crearía la Izquierda Liberal. En realidad, hacia 1918 el Partido Liberal no era ya en sí una formación unida, sino una especie de bloque de personalidades. En diciembre de 1922 tendrían su última oportunidad de poder cuando el rey Alfonso XIII llamó a García Prieto a presidir el Consejo de Ministros. En septiembre de 1923, Primo de Rivera daba un golpe de Estado que terminó con el régimen de la Restauración y dejó a García Prieto asombrado frente a Alfonso XIII.

 

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