Publicaciones - 22/12/16

Dos viejos amigos

No sé si Andrés Ortíz Osés y F. Javier Aguirre González tienen entre sí mucha relación; seguramente. Para mí son dos ya muy antiguos y buenos amigos. Son dos francotiradores, nada fáciles de adscribir a grupos o definiciones, salvo las profesionales. Han publicado mucho y, ya jubilados, siguen haciéndolo feliz y frenéticamente, mostrando toda su madurez y experiencia, su independencia, y su sentido del humor y del amor.

 

Javier Aguirre, el tan meritorio bibliotecario y escritor, tras casi treinta libros, a medias novelas o colecciones de relatos, acaba de presentar “Gineceo”, un interesante libro muy singular, segundo volumen de la colección Trípode, junto con la notable pintora Kumiko Fujimura, que lleva dos décadas en Zaragoza y preside la asociación Aragón-Japón, y la poeta, cantante y actriz zaragozana María Pérez Collados. Explican ellos las diversas acepciones de esa palabra en Botánica, en Medicina, en la Grecia clásica como reducto exclusivo de las mujeres, hoy con cierta ironía cambiando el sentido. Y, finalmente, en su intención, con un contenido artístico y literario. Abordan temas femeninos: la pintora, quince cuadros; la poeta, quince poemas; el ensayista, quince prosas. Y, eso sí, todos ellos disfrutando de “libertad absoluta de tratamiento argumental y formal”.

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Y, también es coautor del tercer número de esa colección, (YALISO, seudónimo de la pintora) dedicado a una bibliotecaria riojana que murió hace ocho años (trabajó con él en las bibliotecas municipales de Teruel durante varios años en los 80), y trasladada a Logroño se dedicó a pintar intensamente, con buena fortuna. Ha hecho el libro con su viudo, su hermano Jesús (historiador, cantautor y poeta), en el que recogen una colección de relatos ‘inocentes’, enmarcados en la infancia y primera adolescencia. También nos dice que saldrá en breve el número 4 de Latripatías, cuya edición digital anterior me resultó difícil de acceder hace tres años y que ahora sacan en papel, también en forma cooperativa y autogestionaria, con algunas innovaciones, como la traducción al esperanto.

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Por su parte, Andrés Ortíz Osés -catedrático emérito de la Universidad de Deusto-, filósofo y antropólogo, nos envía incansable todo tipo de material intelectual, poemas, prosas, ocurrencias, reflexiones filosóficas y antropológicas. Su último libro, presentado ante un público de amigos e interesados en su obra, es “Poética del sentido. Poesía intramoderna”, del que la editora Libros del Innombrable nos resume que recoge en la primera parte la original poesía del filósofo y aforista de Tardienta, “ofreciendo en la segunda parte el Diario personal de un viaje a nuestras Islas Afortunadas. En este volumen se recogen cincuenta años de inspiración poética y expiración aforística. El poeta… simboliza los avatares del hombre contemporáneo desde una perspectiva subjetiva y sentimental. Esta simbolización se cobija bajo el horizonte agustiniano del hombre interior, pero se realiza tras el expresionismo barroco de signo graciano o gracianesco”. Contiene, además, un prólogo del profesor Calvo Carilla, que destaca la riqueza verbal y la agudeza mental de esta escritura singular y creativa, y un epílogo del sociólogo J. Beriain, que interpreta esta “mitopoética del sentido como propia del hombre actual con un toque surreal”. En el acto de presentación, en la Biblioteca de Aragón, hubo también palabras de Javier Barreiro y Raúl Herrero, y danza de Miguel Ángel Berna, una velada formidable.

 

 

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Con motivo de su reciente situación de riesgo de salud, nos escribe: “Aquí sigo esperando la operación tranquilo y fuertillo…· y se enfrenta con humor a esa “operación militar” que va a tener lugar casi cuando escribimos, el 23 de diciembre: auguri, querido amigo. Reproducimos, en tu homenaje, uno de los poemas más penetrantes y emotivos:

Heme aquí

Heme aquí, hermanos, acompañadamente

solo, eximido de presentar padres por tésera,

solo con vuestra soledad soliviantada,

inscrito en el registro vacío de nuestras orfandades

a solas frente a vos, ángel andrógino sin piel,

a cuestas con el pergamino que me legaron las memorias

ancestrales, sepulcrales, tribales, numinosas,

de quien nos dijo ser a nuestra imagen,

a la nuestra, a la vuestra,

a la de todos. Hermanos por la gracia de quien

nos vio nacer,

crecer, rondar, amar, beber, vivir, morar,

dormir,

morir. Exhaustos de no ser sino la réplica de

Dios,

el injerto del Ser, la relación impar, el árbol

de Caín,

la cicatriz de aquel amor por mor del cual soñé

tu voz, sin que nadie nunca me anunciara aún

que el sueño era mío, tuyo el mar y el canto

de los dos”.

 

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