Cuadernos de viaje - 18/01/17

Por la Toscana (III): Lucca, ciudad de arte y cuna de Puccini

Lucca es un destino lleno de atractivos para el viajero. A unos 60  Kms. de Florencia y muy cerca de Pisa (20 Kms.), es una ciudad de 90.000 habitantes cuyo casco antiguo puede recorrerse cómodamente a pie, deambulando por sus paseos y calles animadas y disfrutando de visitas de muchos lugares de interés.

Visita de Lucca

Estos cuadernos no pretenden una referencia exhaustiva de lo que puede verse y disfrutarse en Lucca, que es mucho. Por ello, simplemente siguen unas pinceladas para alertar al viajero sobre lugares y detalles que no debe perderse de admirar.

Lucca_torre Horas_RSA2016

Torre Cívica de las Horas / Foto: RSA

La imponente muralla, que circunda la ciudad desde los siglos XVI y XVII, se conserva en muy buen estado, y forma un amplio camino de ronda de 4.200 metros alrededor del centro histórico, muy cuidado y con árboles y jardines, lo que le hace un lugar ideal para pasear o recorrerlo en bicicleta.

La Via Fiulungo discurre por el corazón de la ciudad antigua, siempre animada por ofrecer comercios tradicionales, cafés, orfebres. Desde ella se divisa la Torre Cívica de las Horas y la airosa torre, culminada por el verde de los acebos, del Palacio Guinigi.

La bella iglesia románica de San Michelle in Foro, situada en la amplia plaza donde estuvo situado el foro romano. En su interior destaca un delicado bajorrelieve en terracota vidriada de la Virgen con el Niño, atribuida a Andrés Della Robbia.

San Michelle in Foro / Foto: RSA

San Michelle in Foro / Foto: RSA

La Catedral de San Martino, de impresionante fachada, principalmente románica. Es de gran belleza el monumento yacente de Ilaria del Carretto, cincelado en mármol por Jacobo Della Quercia.

El Palacio Pfanner (siglos XVI-XVII) ofrece su escenográfica escalinata y sus salones suntuosos decorados con notables pinturas. Su amplio jardín es un lugar delicioso. Entre la esplendida fachada interior del palacio y los muros que lo circundan, tras los que se divisa el campanile de la iglesia de San Frediano, ofrece un paseo central, que lleva a un estanque de forma octogonal, entre estatuas alegóricas, embellecido con el variado color de las flores entre altos arbustos y bosquecillos.

La iglesia de San Frediano llama la atención por su fachada, culminada por un espléndido mosaico de tipo bizantino que representa la Ascensión de Cristo, sobre una fila de columnitas. Junto a sus tres naves originarias, pueden admirarse capillas laterales con un rico patrimonio. Es admirable la fuente bautismal románica, de forma circular, con una copa interna y bellos relieves.

Plaza Anfiteatro / foto: RSA

Plaza Anfiteatro / foto: RSA

La Plaza Anfiteatro, centro del casco antiguo, recuerda por su forma ovalada el anfiteatro que existió allí en la época romana. En 1830 se intentó ordenar el espacio, uniformando la altura del  primer piso de los edificios y dejando que sobresalieran en altura, lo que ofrece un conjunto singular por la variedad de las edificaciones.

 

El recuerdo de  Puccini

Lucca es la cuna de Giacomo Puccini, el músico que culminó la gloriosa tradición operística italiana de excepcionales compositores: Rossini, Bellini, Donizetti y Verdi.

Puccini nació el 22 de diciembre  de 1858, como heredero de una dinastía de músicos que desde mediados del siglo XVIII había dominado la vida musical de Lucca.

Aunque Puccini habitó a lo largo de su vida diversas casas y lugares, en Lucca permanece su casa natal, convertida en museo, en la Corte San Lorenzo, junto a la plaza de San Michelle. En un edificio de tres  plantas, varios salones conservan recuerdos familiares y personales del maestro.  Su piano, retratos, cartas, partituras autógrafas, su biblioteca, carteleras y programas de sus óperas. En la plaza contigua a su casa natal, una bella escultura le recuerda.

Escultura y casa natal de Puccini / Foto: RSA

Escultura y casa natal de Puccini / Foto: RSA

Entre sus obras más valoradas y representadas figuran La Boheme, Madama Butterfly, Tosca. Aquejado de un cáncer de laringe, falleció en Bruselas en 1924 sin poder concluir la composición de Turandot, que sería completada por su discípulo Alfano. Se estrenó en La Scala de Milán, dos años más tarde de su muerte, bajo la dirección de Arturo Toscanini, interpretando el papel del príncipe Calaf (con su famosa aria “Nessum dorma”) el tenor aragonés Miguel Fleta.

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