Publicaciones - 08/03/17

Una sola palabra

03Una sola palabra

Joaquín Berges

Tusquets Editores. Barcelona, 2017

430 paginas.

 

Como lector de todas las novelas anteriores de Joaquín, uno de los aspectos que más han llamado mi atención desde 2008 es la facilidad del autor para cambiar de género. Sus tres primeras novelas: “El club de los estrellados”, “Vive como puedas” y “Un estado del malestar” eran tragicomedias. La siguiente: “La línea invisible del horizonte” era un drama, y la anterior a la que hoy presentamos: “Nadie es perfecto”, una sátira disparatada.

Con la visión de conjunto que me dan mis lecturas debo decir que no veo en estos cambios de género veleidad alguna por parte del autor. Baste recordar que Shakespeare también fue autor de tragedias, dramas y comedias disparatadas. ¿A qué obedecen estos cambios de registro dramático? La respuesta la encuentro en un reciente ensayo del famoso crítico literario Harold Bloom titulado: “Shakespeare: la invención de lo humano”.

En efecto, los escritores cambian de género porque desean reflejar lo humano en su globalidad, y el ser humano es un compendio de risas y de llantos, sin que entre ambos haya contradicción alguna sino complementariedad.

Centrándonos en la novela que hoy presentamos: “Una sola palabra”, cabría calificarla de drama otoñal, pues cuenta la historia de una mujer: Celia, periodista y escritora de edad madura, que ha perdido la memoria víctima de un ictus. Serán su hija, sus familiares y amigos quienes le sirvan de hilo de Ariadna y le permitan recorrer de nuevo el laberinto de su vida, recordando, poco a poco, todas las alegrías y penas que componen.

“Una sola palabra” es, por tanto, una novela sobre la memoria, compuesta de fragmentos dispersos de vida, y Berges pone en juego un ingenioso procedimiento narrativo consistente en narrar a la inversa; en vez de ir del pasado hacia el presente, como correspondería al esquema habitual, él viaja del presente al pasado, de modo que las más de cuatrocientas páginas de la novela se convierten en una suerte de flash back literario.

La reconstrucción de la memoria, desde la situación actual en la que Celia vuelve a su casa de Madrid tras sufrir el ictus hasta el recuerdo ya remoto de su infancia en Daroca es un proceso necesariamente lento, y quizá por ello el autor imprime a su novela un ritmo, no moroso pero sí sosegado en el cual la trama, los secretos que Celia va descubriendo acerca de sí misma, se convierten en un crescendo narrativo que evoluciona desde lo banal hacia lo trascendente; desde la modernidad al pasado; desde la narración pura hacia un lirismo siempre contenido.

Debe destacarse como personaje, además de a Paula, la hija de Celia, a la asistenta guatemalteca Rosario, quien conforme avanza el relato formará un tándem con Celia, un dúo cervantino. La señora será una suerte de Quijote en pos de su propia memoria, olvidando a menudo su condición de convaleciente de una grave enfermedad. Rosario, en cambio, se aferra a la realidad, es una mujer sencilla que ha vivido siempre de su trabajo manual y se aferra más a lo material, manteniendo en el suelo los pies de Celia.

El periplo existencial de Celia la lleva en primer lugar a Zaragoza, a París, a Cambrils, a Daroca, y en todos estos lugares la aguardan revelaciones vitales sobre si misma que darán resolución al enigma referido en el título del libro: una sola palabra clave para acceder a su ordenador personal.

Entenderéis que para una escritora, como es Celia, la palabra clave que da acceso a su ordenador personal cobra un sentido metafórico: no es sólo una cuestión de seguridad informática sino que esa palabra es, valga la redundancia, la clave de la personalidad de Celia, el núcleo de su vida.

Resulta también destacable el elevado número de personajes que, de modo gradual, pone en escena Joaquín: comenzarán por ser su hija Paula y la aludida Rosario, pero a continuación entraran en juego su hermana, su exmarido, su editor, sus amigas, su yerno, sus familiares de Zaragoza y Daroca… Y, cómo no, su perro Charlie, un pastor alsaciano que se convierte en personaje principal, a pesar de su condición animal, porque, según declara la propia Celia, a él ni siquiera le hizo falto reconocerlo. Nada más volver de la clínica y acudir a su lado, supo que era él sin necesidad de nombrarlo.

La geografía es una de las claves de “Una palabra tuya”, como lo es también el fútbol. Joaquín Berges escribe sobre el Real Zaragoza, equipo del tío Augusto de Celia. También del Paris Saint Germain, donde jugó su amigo Lucien. Incluso escribe sobre un equipo de fútbol de Guatemala: el Deportivo Cuatepeque al cual está vinculada Rosario. Son todos ellos fragmentos de vida que Celia va descubriendo, como si mirara a través de un caleidoscopio cuyos fragmentos debe ordenar en el tiempo.

Tal como indicaba, conforme Celia va descubriendo esos fragmentos y viaja hacia el pasado remoto, la novela va desnudándose desde el punto de vista estilístico. El autor practica un lirismo apenas perceptible, una suerte de simplificación en cuanto al tratamiento de los ambientes y de los personajes que me recuerda una célebre biografía de los últimos años: “García Márquez: el viaje a la semilla”, donde el biógrafo Dasso Saldívar reconstruye Macondo a partir de la vida de Gabriel García Márquez. En este sentido podría afirmarse que “Una sola palabra” es el viaje a la semilla de la escritora Celia Ruiz Álvarez.

Sólo me resta por añadir en esta breve introducción que Joaquín Berges ha escrito una novela río en un solo volumen, una novela realista cuyo parentesco más cercano en la literatura española actual la encontraríamos en Almudena Grandes, Ignacio Martínez de Pisón o Luis Landero.

 

Ricardo Lladosa, marzo de 2017

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Juan Cerezo, editor de Tusquets; Joaquín Berges y Ricardo Lladosa en Zaragoza.

 

 

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