Publicaciones - 23/03/17

El buen momento de la novela aragonesa

Hay épocas (que no tienen por qué coincidir con felicidades económicas, políticas, sociales) en que la literatura surge, crece, se difunde con gloria, incluso a pesar de no reunir su sociedad todas esas bondades. Creo que ésta es una de ellas con la novela escrita y mayoritariamente publicada en Aragón y por aragoneses, de nacimiento u orgullosa adopción. Independientemente también de la buena política municipal promotora de la novela histórica o la policiaca. De éstas me gustaría escribir un día; de momento lo haré, resumiendo mucho unas cuantas apretadas lecturas de los largos otoño e invierno (que acaba de irse con viento fresco), alguna dura gripe, muchas perezas físicas.

No creo que haya sido casualidad, pero he leído, en diverso orden, a veces simultáneamente, según el sillón y la mesa donde reposaban, cinco novelas de autor aragonés (de nación o ejercicio) que son, por orden alfabético de su primer apellido –tanto montan-: Vaciar los armarios (Xordica), de Rodolfo Notivol; Victoria (Tropo), de Fernando Rivarés; Viñetas (Harper-Collins), de Agustín Sánchez Vidal; Capital del desierto, de Jorge Sanz Barajas, y El último sol (Funambulista) de Félix Teira Cubel.

varios_libros

 

Los dos primeros, un funcionario lector empedernido que no había vuelto a publicar desde su magnífico “Autos de choque” (Xordica, 2003) y un respetado periodista alzado a la tenencia de alcaldía zaragozana, a su cargo la Economía y la Cultura, nadie se explica que agua y aceite tales convivan y sobrevivan. Los otros tres son profesores: Agustín, jubilado catedrático de Letras, Jorge en los Jesuitas y Félix también en Enseñanza Media, jubilado ya de un instituto. Este último es, sin duda, quien más larga y sostenida trayectoria tiene en el mundo literario, si bien Sánchez Vidal atesora varios grandes éxitos en sus libros de historia del cine y otros.

Es el caso que las cinco novelas abordan, desde muy diversas perspectivas, un pasado más o menos concretado en el último siglo o poco más. En todas ellas se busca una razón de ser a los recuerdos evocados, unos vínculos y relaciones: Notivol, sin duda quien más éxito de crítica y público está teniendo hasta alcanzar casi el “culto”, hace hablar a Marina, una de las hijas del matrimonio y familia central, haciéndonos pasar esas “cinco horas” con ella, comprendiendo razones y sentimientos de un mundo donde la pobreza es a veces casi miseria, los comportamientos tensos y tiernos complementariamente. Rivarés, que se ha documentado extraordinariamente en la época, nos lleva saltando en el tiempo y el espacio, a contemplar una saga generacional de extraordinarias mujeres, inteligentes, voluntariosas, luchadoras, maravillosas.

2, 2, Sz. Vidal y Luis Alegre

Por su parte, Sánchez Vidal utiliza una gran colección de fotografías como motivo de recuerdo y sentimiento, que un hermano deja al otro a través de la hija, intentando explicar y superar cuanto en vida resultó imposible. Un recurso que el gran historiador del cine y la fotografía utiliza con prodigalidad y acierto, acompasando al drama la historia familiar. También utiliza excelente documentación de época Sanz Barajas, en este caso con un claro y enérgico enfoque social, sobre la Zaragoza de los cincuenta y sesenta (coincide en ello con Notivol), el fraude del nacionalsindicalismo, la miseria material y humana (aunque se salvan algunos protagonistas), y la curiosa anécdota del rodaje en Valdespartera de la película “Salomón y la reina de Saba”. En fin, Teira, que escribe con una caligrafía extraordinariamente cuidadosa, mira a fondo las mentes y los espíritus, narra la historia de un gran artista que, sabedor de una grave, terminal, enfermedad, regresa al pueblo de donde saliera mucho antes, recuperando paisajes, pensamientos, amistad discutida, amor de hija, y, de algún modo, incluso la presencia final de la esposa, de quien se había alejado profundamente. Un libro lleno de sensibilidad, y trazos al pastel y la acuarela más que al óleo del gran pintor.

Me temo que voy a escribir ahora una impertinencia: me había gustado mucho el estupendo libro de Manuel Vilas, Wild Side España, sobre su larga vida como fan de Lou Reed; por ello me ha sorprendido el cambio de título (algo que ocurre a veces, aunque casi siempre es un grave error), que ahora aparece como Lou Reed era español (Malpaso). Magnífico texto, que aunque en la primera, preciosa edición, consecuencia de un premio en Llanes, no tuviera difusión suficiente, creo debió de haber mantenido el título, y acaso utilizar el nuevo como subtítulo. Pero el éxito se ha adelantado, y Vilas es ya, (no sólo entre nosotros, último premio de las Letras), un autor de culto, de lo que me alegro mucho. Y comparto la aseveración de Javier Calvo, en Quimera: “Manuel Vilas es probablemente el escritor más peligroso que hay ahora mismo en España. Peligroso en el sentido de singular, independiente e irreductible a todas las convenciones”.

Cuánta alegría da ver que una generación muy joven, representada por María Pérez Heredia, zaragozana de 22 años, corrobora el éxito de su primera novela de hace tres años (Esos días raros de lluvia, en Eclipsados) con la recién presentada, Stairman (Reservoir Books). Y las novelas, buena documentación, buena mano, inteligencia y pasión, de Javier Fernández López, militar, profesor de Derecho, Delegado que fue del Gobierno en Aragón, un tipo absolutamente interesante, a quien me gustaría leer más y con papel y lápiz. Eso me pasa, y pesa en mi memoria, con el largo estudio de Juan Domínguez Lasierra, Aragón en la literatura (Delsan), que presentó a fines de octubre con José Luis Melero y espero acabar pronto.

A todo ello se unen estupendas noticias de nuestros dos grandes maestros: de José María Conget está a punto de salir un nuevo libro de relatos, a la vez que lleva mediada una nueva novela. No es ningún secreto mi devoción especial por este autor de culto. Y también hacia Ignacio Martínez de Pisón, otro de nuestros grandes, que nos presentará su nueva novela a fines de marzo. Así que el año está comenzando con excelentes expectativas. Y yo añado siempre en estos repasos, mi fe y confianza total en que un día Antón Castro liberará fuerzas y, antes de los 60 que se acercan, además de tres docenas de agavilladas entrevistas, libros de viaje, historia, personajes, cuentos para niños, literatura en gallego, poesía, glosas fotográficas y otros bestiarios, escribirá varias grandes novelas, secuelas, precuelas o antagonismos de su precioso “Patricio Julve” y de tantas otras páginas

También Xordica, tras los estupendos libros de Aloma Rodríguez, Ismael Grasa y Fernando Sanmartín,  envía un novelón policiaco de Chesús Yuste (“Asesinato en el Congreso”, que apetezco mucho e iré cuanto antes a recoger en Correos), y anuncia para pronto: Escrito en el jardín, de Xuan Bello, y Enciclopedia, de Gonçalo M. Tavares.  Qué felicidad.

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