Cultura y Sociedad - 17/03/10

Meditaciones taurinas: cargols a la llauna y rabo de toro

La receta de caracoles a la llauna tiene diversos pasos: primero,  se dejan los caracoles en ayunas durante varios días; después, se ponen los caracoles en agua, sal y vinagre, para que acaben de soltar toda la baba; se lavan varias veces, cambiándoles el agua; luego, se echan en una olla con agua fría, hasta que saquen los cuernos; cuando los saquen, irán asomando todo el cuerpo y en ese momento se sube el fuego al máximo y se cuecen durante un rato… (todavia sigue la receta, pero obsérvese que ya el tormento al pobre caracol ha durado varios dias). Eso no lleva, al parecer, a criticar que se disfrute con su ingestión e incluso se celebren fiestas masivas para degustarlos a miles en sus diversas presentaciones.

 Esta reflexión sobre el sufrimiento de los caracoles viene a cuento ante los comentarios, un tanto excesivos, que se vienen haciendo sobre la fiesta de los toros y su crueldad, y la conveniencia de prohibirla. Que la iniciativa ante el Parlament de Catalunya haya provocado un debate es interesante, sin duda, pero las cuestiones que puede plantear ese debate, elevadas a un nivel filosófico sin apasionamientos y dejando aparte la cuestión españolidad/catalanismo, podrían llevar a planteamientos de gran alcance.

 Hay una primera cuestión formal: ¿es razonable que la autoridad política prohiba los festejos taurinos, limitando la libertad de una parte de la población que desea asistir a ellos? ¿No es más tolerante que la autoridad se limite, como lo viene haciendo, a fijar una regulación de esos festejos? Puestos a preocuparse por prohibir cosas en el Parlament de Catalunya, para mejorar el mundo, ¿no sería prioritario plantearse prohibir el desempleo o la falta de suministro de energía eléctrica?

 Hay otra cuestión de fondo: ¿cuál es el concepto de sufrimiento de un animal que debe determinar la prohibición de una determinada actividad? No hay espacio aquí para invocar argumentos a favor de la fiesta taurina –que, sin duda, podrían encontrarse algunos, entre los que podría figurar el sabroso rabo de toro a la cordobesa–, ni es la intención de estas reflexiones filosóficas. Pero parece que, para centrar el debate, deberían establecerse con claridad las medidas de ese sufrimiento que llevan a prohibirlo, para evitar caer en la hipocresía o en el agravio comparativo, dejando indefensas a otras especies ante determinadas conductas. Y en ese plano reflexivo en que pretende situarse este comentario, surgen dudas: ¿sufren los astados a los que se colocan teas ardiendo en la cornamenta? ¿sufren las vaquillas a las que se encorre o recorta? ¿sufren las perdices o los conejos a los que se da caza? ¿es admisible que un cazador se precie de abatir cuantos más animales mejor por deporte o por mero pasatiempo? ¿sufre el pez desde que muerde el anzuelo hasta que muere? ¿sufre el perro al que se tiene encerrado en un piso, salvo un breve paseo cotidiano para que no manche la casa?

 Se trata de cuestiones que desearía tener más claras para poder situar en sus justos términos un debate de tan gran interés general.

3 comentarios sobre Meditaciones taurinas: cargols a la llauna y rabo de toro

  • HORTOPU

    La diferencia fundamental en el ejemplo expuesto en el artículo estriba, en que la supuesta Fiesta Nacional persigue una diversión de personas a través de la exhibición prolongada del sufrimiento y agonía de un animal. Diversión que se basa, supongo, en el respeto a unos cánones y formalizaciones estéticas del acto taurino, pero sobre todo en la muerte cruenta y salvaje del animal. Los seres humanos seguiremos alimentandonos mucho tiempo de otros animales pero ello no implica hacer una fiesta de su sufrimiento.

  • monty

    Nos estamos olvidando también de los animales de los circos (también los que prohiben trabajar a los, perdón, enanos en los festejos taurinos deberían clamar contra la explotación de estos pequeños trabajadores del circo), cuya vida es lamentable, y la de la mayoría de zoológicos del mundo, empezando por el de Barcelona, donde da verdadera grima observar la tristeza de seres que deberían vivir en LIBERTAD. Y qué decir de los tiburones y otras especies marinas dando vueltas y más vueltas en los acuarios, mal llamados oceanosequé, recordando a los pobres locos de los hospitales y residencias psiquiátricas. En la época de las tecnologias, la realidad virtual puede enseñar a nuestros niños como es la fauna de los cinco continentes. Dicen que formamos parte de Europa y eso es incompatible con mantener las corridas de toros, puede ser, pero de Europa nos llegan ejemplos todavía peores, como las matanzas de focas o ballenas, que támbién se convierten en espectáculos. Y si alguno quiere más emociones, les invito a que visiten cualquier matadero, para que vean con que tranquilidad y civilización mueren los cerdos o los terneros.

  • Andalán

    Salvador Romero nos envía este comentario como complemento:

    CORNÚPETAS

    Los arrancaron del campo, de su medio natural de hierba fresca y florecillas menudas. La malla, la red y la jaula no son paraísos para nadie. Pero ahora ya están ahí, libres y en el redondel. En torno suyo se oyen voces y hay jaleo y algarabía. El animal duda entre ocultarse para intentar no ser visto –no hay ser vivo que no tenga en situaciones límite tentaciones de avestruz-, o sacar músculo para enfrentarse a lo desconocido. La naturaleza le ha dotado, también, de cuernos. Y los cuernos siempre han sido su guía y su defensa.
    Está –lo sabe- lejos de la hierba y del campo abierto. Y las voces –sospecha- son peligro. Pero, al fin, ahí está, alargando músculo y blandiendo cuernos.
    Minutos después, servidores de mesón y de figones van echando en bolsas de plástico las conchas vacías –algunas con restos de intestinos- de los caracoles. Acaba de celebrarse una comida para conjurarse en la lucha por suprimir las corridas de toros –¡fin a la crueldad con los cornúpetas!- y se ha refrendado la piadosa pelea con un ¡Vivan los escargots a la llauma!

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