Noticias - 19/05/17

Ícaro, Brueghel y los yihadistas

Leo un artículo sobre un tal Eric Baudelaire, artista visual, titulado: “Paisajes sin respuesta”. Baudelaire ha rodado un documental  de 101 minutos cuyo título es: “También conocido como yihadista” (2017). El film registra los lugares donde vivió y se educó uno de los terroristas que se inmoló en París en 2015. La tesis del cineasta es que ninguna de las imágenes explica quién fue aquel joven yihadista ni cuáles fueron sus motivaciones. La mirada de la cámara parece superficial, sin relieve.

En este punto, Elena Vozmediano, autora del artículo que publica El Cultural, recuerda un poema de W. H. Auden: “Musée de Beaux Arts” que asocia con “También conocido como yihadista”, pues la idea del poeta inglés en este poema es que “la naturaleza y la rutina cotidiana son indiferentes al drama”. Mi relación con Auden ha sido siempre ambigua. Lo admiro como escritor, pero sus versos me resultan a veces inextricables, innecesariamente confusos. Eso es lo que me sucede con  “Musée de Beaux Arts”, cuando finalmente lo encuentro en la antología de Jordi Doce para Galaxia Guttenberg: “Los señores del límite”.

Leo, con cierto desagrado, los versos. Hasta llegar a una referencia al Ícaro de Brueghel donde, según Auden, “todo le vuelve la espalda a la tragedia”.  En este punto conviene recordar el mito de Ícaro. Ícaro deseaba volar, para ello fabricó unas alas con grandes plumas de pájaro que pego con grasa, pero quiso volar tan alto que el sol disolvió la grasa y las alas se deshicieron. Cayó al mar y se ahogó.

El siguiente paso de este itinerario personal es buscar el cuadro de Brueghel: “Paisaje con caída de Ícaro”, que no conozco, y en cuanto lo encuentro comprendo su genialidad. En la pintura se observa en primer término a un labrador arando, más allá a un pastor con su rebajo. En segundo término, junto al mar, se ve a un pescador. Todos son indiferentes a un joven que se ahoga en el mar y que no es otro que Ícaro. Todos son insensibles, nadie hace nada por salvarle. Incluso un navío pasa por al lado de Ícaro sin fijarse en él.

Al final de este itinerario concluyo que los yihadistas se parecen a Ícaro: sueñan con ideales absurdos que deparan tragedias. Y nosotros nos parecemos a las figuras de Brueghel: observamos las tragedias por televisión sin intervenir en ellas.

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“Paisaje con la caída de Ícaro”. Pieter Brueghel el Viejo, 1554.

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