Cultura y Sociedad - 23/06/17

La celebración del Tratado y tributo de las tres vacas el próximo 13 de julio.

El próximo día 13 de julio se celebra en la Piedra de San Martín, en la frontera entre España y Francia la conmemoración del Tributo de las Tres Vacas.

El conocido Tributo o tratado de las tres vacas es el tratado en vigor más antiguo de Europa. Sus protagonistas son el valle francés de Baretous, el navarro de Roncal y el aragonés de Ansó. Sus orígenes están en el control del territorio y la gestión de los recursos que generaba abundantes conflictos entre los valles pirenaicos. A los conflictos de orden pastoral se juntaban otras dificultades relacionadas con el simple hecho de vecindad entre valles: muertes, atentados contra las personas y la propiedad, guardias de fronteras, extradición de malhechores, reglamentación entre vecinos de comunidades diferentes. Todo esto era fuente de querellas difíciles de evitar, y de regular desde fuera por los Gobiernos Centrales, porque durante siglos los valles eran independientes y casi soberanos como ha señalado el historiador francés Cavailles. Cada valle tenía su ley y sus tribunales, tribunales que se formaban entre vecinos de los valles cuando había que juzgar las infracciones cometidas contra las normas establecidas en los Tratados de Paz.

Existen numerosos ejemplos de estos conflictos entre los habitantes de las vertientes norte y sur del Pirineo. Uno de los más conocidos es el “Tratado o Tributo de las Tres Vacas”, en este conflicto se encuentran interesantes elementos que nos indican el funcionamiento de esta zona pirenaica como un territorio casi autónomo respecto a los correspondientes Estados Centrales. Se trató de un conflicto largo y sangriento que enfrentó a unos pastores del pueblo de Issor  (Baretous) con otros de Isaba (Roncal) pero la organización del territorio en valles hizo que tal conflicto se extendiese al conjunto de ellos. Las causas fueron el aprovechamiento de unas fuentes y pastos sobre las que ambas comunidades se consideraban con derechos.

Para solucionarlo intervinieron en un principio los Órganos Jurídicos del Vizcondado de Bearne (el vizconde Gastón) y del reino de Navarra (Carlos II). Unos y otros fracasaron y al final las dos partes en conflicto llamaron a los ansotanos para que actuaran como jueces. Así, el 6 de octubre de 1375 “seis hombres buenos de Ansó”, con su alcalde Sancho Gracia a la cabeza, dictaron sentencia en un juicio que tuvo como marco el atrio de la Iglesia Parroquial de San Pedro en Ansó.

La sentencia de los ansotanos obligaba a los baretoneses a pagar a los roncaleses, en lo sucesivo y el 13 de julio de cada año, tres vacas de dos años, de un mismo pelaje y cornaje y sin tacha de lesión alguna. Tributo que se ha venido cumpliendo constantemente a pesar de que, en ciertos momentos, hubo intentos de sustitución por pago en metálico, o supresión, por iniciativa de Instituciones francesas. Además, bajo el control de los ansotanos se amojonaban los límites entre los puertos  conflictivos y se indicaban las normas de regulación del aprovechamiento de pastos y aguas, que eran la causa principal del conflicto.

Entre los aspectos que interesa retener destaca el hecho de que se eligiese a los ansotanos como árbitros, sin que los franceses viesen en ello posibles riesgos de parcialidad. No existía en esos momentos el actual concepto de Estado en ninguna de las dos vertientes que hiciese sospechar a alguno de los contendientes de prejuicios nacionalistas al pertenecer el jurado a la misma vertiente de uno de ellos.

 

La comitiva ansotana y navarra se dirige a la Piedra de San Martín (13 de julio de 2016).

La comitiva ansotana y navarra se dirige a la Piedra de San Martín (13 de julio de 2016).

 

El fallo fue eficaz pues a partir de ese momento no se conocen nuevos conflictos como los ocurridos hasta entonces. Ello demuestra que los habitantes de las montañas eran los mejor capacitados para emitir unos veredictos más justos que los de los Órganos Jurídicos del vizcondado de Bearne y del reino de Navarra, puesto que conocían mejor las costumbres, derechos y formas de vida de sus vecinos, en definitiva, conocían mejor el funcionamiento de los valles y la vida en la montaña.

Desde ese momento, 1375, la sentencia y pago del tributo se ha conmemorado todos los años. Sólo en dos ocasiones ha dejado de celebrarse. La primera en 1793 en plena Guerra de Convención entre España y Francia, el ejército francés impidió a los baretoneses acudir a la Piedra de San Martín. No obstante, unas semanas más tarde los vecinos de Aramits hicieron una incursión hasta Isaba y dejaron las tres vacas atadas en la plaza. El argumento fue que las guerras entre naciones no podía impedir que los habitantes de los valles pirenaicos faltasen a los compromisos y a la palabra dada. La segunda ocasión fue durante la Segunda Guerra mundial, el ejército alemán ocupaba el sur de Francia y prohibió la ceremonia ante un posible riesgo de fuga de franceses hacia España.

La ceremonia actual del tributo

Para la ceremonia, los franceses llegan a la frontera vestidos de gala, acompañados de un rebaño de vacas y se colocan junto a la Piedra de San Martín pero en la vertiente francesa. Los roncaleses llegan con sus trajes tradicionales y se colocan en la vertiente española. Por su parte, la representación ansotana se coloca entre ambas a modo de arbitraje. Una vez situados en torno a la Piedra fronteriza (mojón 262) el alcalde de Isaba pregunta en voz muy alta a los baretoneses si vienen dispuestos a pagar el Tributo como en años anteriores, a lo que responden, también en voz alta afirmativamente.

 

Conmemoración del Tributo de las Tres Vacas el 13 de julio de 2016. Los franceses y navarros se sitúan junto a la Piedra de San Martín cada uno en el lado de su vertiente, los ansotanos en el centro.

Conmemoración del Tributo de las Tres Vacas el 13 de julio de 2016. Los franceses y navarros se sitúan junto a la Piedra de San Martín cada uno en el lado de su vertiente, los ansotanos en el centro.

 

A continuación un alcalde francés pone la mano sobre la Piedra, otro roncales coloca la suya sobre la del francés y así alternativamente hasta que el alcalde de Isaba coloca la suya sobre las de los demás añadiendo encima la vara de mando. Una vez todos en esta posición el alcalde de Isaba pronuncia en voz muy alta y en tres ocasiones la famosa expresión pax avant (paz en adelante) a la que todos responden unánimamente con la misma frase.

Finalizado este rito o juramento, todos acuden al rebaño de vacas y los pastores roncales junto al veterinario de Isaba eligen las tres vacas que respondan a las condiciones de tener menos de dos años, de un mismo pelaje y cornaje y sin tacha de lesión alguna.

Este Tributo fue reconocido en el año 2011 como Bien de Interés Cultural Inmaterial por el Gobierno de Navarra y Bien de Interés Internacional por la Comunidad de Trabajo de los Pirineos.

Una conclusión que se puede deducir de este rito es que las armas y conflictos bélicos generan injusticias, muerte, terror… sin embargo, los habitantes del Pirineo demostraron al mundo que con la palabra la paz es posible. Esta paz se consigue mediante la palabra y colocando una mano sobre la otra. Así en los distintos documentos que se generan en este ceremonia predomina el que no reconocemos otra arma que la palabra.

 

Firma del Acta por la representación ansotana..

Firma del Acta por la representación ansotana..

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