Política - 02/12/17

Intelectuales italianos comprometidos

 

Sorprende la cantidad y calidad de sociólogos, filósofos, juristas y politólogos italianos, que hoy reflexionan en profundidad  sobre la política, aunque ya ha sido una constante histórica con Cicerón, Maquiavelo, Gramsci o Bobbio. Quizá sea porque su sistema político ha estado sometido a grandes convulsiones, desde el fascismo y la corrupción hasta un Berlusconi. Citaré algunos, contrarios al pensamiento único. No son correveidiles de la clase dominante. Escriben a contrapelo de la opinión pública.  Si recurro a ellos es porque hablar de política con propiedad no es sencillo, requiere tiempo y esfuerzo.

Giovanni Sartori, con su libro ¿Qué es democracia? Raffaele Simone con otro de título muy explícito El Hada democrática. Cómo la democracia fracasa. Mauricio Viroli con La sonrisa de Maquiavelo ha forjado el concepto de patriotismo “Ser patriota es querer que la historia de tu país discurra por la senda de la prosperidad y de la libertad de sus ciudadanos/as”. Objetivo difícil de alcanzar con la evasión y elusión fiscales de algunos de nuestros autoproclamados patriotas.

Maurizio Lazzarato en La Fábrica del hombre endeudado. Ensayo sobre la condición neoliberal, publicado curiosamente en Argentina, explica cómo la deuda es el mecanismo del neoliberalismo para dominar a las masas, por lo que la política no la determina el voto, sino los acreedores. Debería ser de lectura obligada para todo ciudadano.  

 

Stefano Rodotá con otro muy necesario, y más hoy, El derecho a tener derechos. El título es muy sugerente y más todavía en los momentos actuales, que nos están arrebatando tantos derechos. Aquí reflexiona sobre el derecho a tener derechos, y que en cuanto a su filosofía está perfectamente reflejada en una cita preciosa que encabeza el libro de Hannah Arendt, extraída de Los orígenes del totalitarismo:  “El derecho a tener derechos, o el derecho de cada individuo a pertenecer a la humanidad, debería estar garantizado por la humanidad misma.” Entre los nuevos derechos reivindicados en el libro, aparece el “derecho a la verdad”, que precisamente es de gran actualidad en nuestra averiada y oxidada democracia, pero no por su presencia.

 Ugo Mattei en Bienes comunes. Un manifiesto, defiende los bienes comunes como alternativa actual tanto a la propiedad privada capitalista como a la propiedad estatal tradicional.  Sobre los ya citados no puede extenderme en este artículo, mas si lo haré sobre dos autores, Marco Revelli y Luigi Ferrajoli.

Marco Revelli con Posizquierda. ¿Que queda de la política en el mundo globalizado? El título supone ya toda una declaración de intenciones. El libro es impresionante en cuanto a sus posibilidades para la reflexión política. En diversos capítulos cita y comenta a autores como Alex Langer, a Cristopher Lasch, Ulrich Beck, Anthony Giddens, Manuel Castells, Bauman…En el prólogo Revelli nos indica que el siglo XX terminó con una fuga desordenada de las afiliaciones  políticas básicas, del binomio derecha/izquierda, que habían caracterizado las democracias occidentales. Tal aspecto podría entenderse como una crisis sistémica en el ámbito político. Así mismo, lo más llamativo es que las distancias políticas entre derecha e izquierda se van reduciendo en el imaginario colectivo, hasta perder su significado, precisamente cuando las desigualdades a nivel global se están intensificando, lo que no es muy lógico políticamente. Incluso se está extendiendo como un mantra que la atenuación de contrastes entre derecha e izquierda, es una muestra de madurez política. Que digan esto, no impide el que se pueda constatar que esta política sin referentes, guiada exclusivamente por el pragmatismo, es profundamente caótica. Sigue diciéndonos Revelli que en el fondo, las causas de la contraposición entre derecha e izquierda siguen presentes y más en este mundo global; lo que parecen faltar son las soluciones y los sujetos políticos para hacerse cargo de ellas. Esta convergencia indiferenciada de programas y propuestas no es una respuesta racional a los muchos desafíos actuales, sino una impotencia para encauzar y corregir los problemas claves de nuestra existencia. Lo que es un reconocimiento explícito del fracaso de la política. Debemos preguntarnos por el destino de la crisis de identidad de las familias políticas tradicionales: si es algo transitorio o definitivo.

 

Luigi Ferrajoli, gran jurista y defensor de los derechos humanos y creador de la teoría jurídica del garantismo, y entre sus muchos libros hay uno pleno de actualidad  Poderes salvajes. La crisis de la democracia constitucional, donde explica el peligro para nuestra democracia de esos poderes salvajes: grandes medios de comunicación, mafias, bancos, multinacionales, los mercados…Otro gran libro  es el de Los derechos y sus garantías, en el que Ferrajoli mantiene una larga y distendida conversación con Mauro Barberis. Habla de muchos temas: justicia y libertad, derechos y garantías, democracia y política. Obviamente a todos ellos no voy a poder referirme, pero sí que lo haré sobre algunas ideas que me han llamado la atención. Es opinión muy generalizada en esta vorágine neoliberal que la distinción entre derecha e izquierda sea cada vez más cuestionada. Al respecto Ferrajoli discrepa. Nos dice que quien niega tal distinción, su pretensión en realidad es negar el papel y la razón de ser de la izquierda e ignorar la cuestión social. La idea de que todos los partidos son iguales y de que la política es algo sucio y perverso es el lamento tramposo e interesado de quien busca la destrucción del espíritu cívico. Además añade un segundo criterio diferenciador, ya advertido por Norberto Bobbio: el valor de la igualdad y de la igual dignidad de las personas en la cultura de la izquierda, valor ajeno a la cultura de la derecha. Con precisión nos dice que la identidad de la izquierda proviene de la conjunción de un Estado liberal mínimo y de un Estado social máximo: consistente uno en un paso atrás de la esfera pública para garantizar las libertades, y el otro un paso adelante para garantizar los derechos sociales (DS). En cambio, la derecha defiende lo contrario: derecho penal máximo-en España ley mordaza-, y Estado social mínimo, promovido por los neoliberales. En definitiva, la identidad de la izquierda está más de acuerdo con los valores constitucionales: con el principio de igualdad, con el de la dignidad de las personas, con el de la solidaridad social y, sobre todo, con el conjunto de los derechos fundamentales, que equivalen a todos-desde los derechos de libertad a los DS- a otras tantas leyes del más débil, alternativas del más fuerte, que serían las vigentes en ausencia de las primeras.

Es muy interesante su reflexión sobre la trascendencia de los DS, tan esenciales como los derechos de libertad. Replica a los neoliberales que aducen sobre el costo de los DS. Obviamente, dice Ferrajoli, cuestan como los derechos de libertad y patrimoniales cuyas garantías requieren inversiones en policía, en orden público, en tribunales, en registros catastrales, etc. Pero el Estado no es una sociedad con ánimo de lucro. Su razón social radica en la garantía de los derechos, todos, recogidos en su constitución, igual, que el fin de lucro es la razón social de una sociedad. La garantía de los DS es, en definitiva, ante todo una obligación constitucional en sí misma. Por otra parte, los DS cuestan, pero su no satisfacción es mucho más cara. Cuando faltan la educación y los mínimos vitales, cuando mueren las personas de hambre y de enfermedades, como sucede a millones de personas en África, no puede haber productividad ni desarrollo económico. Los gastos en garantía de los DS representan la principal inversión productiva: no son un coste, sino una inversión para el desarrollo de los países pobres y también para reflotar las economías occidentales en crisis.

 

 

 

 

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