Sala de Arte - 13/01/18

Nuestro Arte

El fin de trimestre y año han sido ricos en noticias relacionadas con las artes. No pudimos irnos ocupando de ellas en su momento, y lo hacemos ahora con brevedad y prisas, para que al menos queden constancias y alegrías.

 

En primer lugar, una exposición retrospectiva, con una treintena de grandes piezas de Juan José Vera, que tuvo una gran muestra en Sástago en 2001, fue premio Aragón Goya en 2011 y ahora, cumplidos los noventa, se veía homenajear y recordar una tarea constante, abnegada, penetrante, no siempre comprendida y valorada en su grandeza. Como dijo a Antón Castro en una entrevista reciente: “Yo no le pido a nadie que entienda mi pintura: la pintura hay que sentirla, hay que verla en silencio. El silencio es la atmósfera del arte y no existe silencio más elocuente que el de la música”. Así lo hicimos, días antes del cierre, poco antes de la Navidad. Los catálogos habían desaparecido al parecer algo antes ya, y lo sentimos porque eran un recuerdo magnífico.

Vera, foto de La Crónica de Guadalajara

 

Mucha consideración tuvo, y merece, en la presentación de su libro Julio Sánchez Millán: “Oficio y memoria de un fotógrafo zaragozano” (IFC) que, ayudado eficazmente por Fico Ruiz, ofrece toda una vida de recuerdos, y una historia de ese arte en Zaragoza, cuya veteranísima Sociedad Fotográfica preside.

 

Santiago Ríos Aragüés es un ingeniero de minas jubilado, bien conocido porque durante muchos años (además de hacer y dibujar mucha montaña) ha asistido, sobre todo en la Mozart, a docenas de conciertos con el lápiz afilado y la mirada atenta. Esta, de dibujar (y luego reproducir en prensa, junto a la crítica) a los músicos en acción, es una tarea muy hermosa. Publica ahora un hermosísimo libro, que los amantes de la buena música y el buen dibujo, apreciarán mucho. Cuando expuso por primera vez, en Letras, el recordado Joaquín Aranda escribió: “Y si, ciertamente, la música no puede pintarse ¿por qué intentarlo? Sencillamente porque la música y el cuadro están ahí, mirándose o escuchándose, resonando en los ojos y el corazón del artista”. Además de esos conciertos, el libro recoge muchos motivos: clásica, jazz, flamenco, étnico, coros. Y el movimiento captado al vuelo, en trazos magistrales. Asuntos así figuran en grandes museos extranjeros. Aquí, en nuestra retina y emoción.

 

Un acertado cartel anunciaba la exposición ‘Los sueños de la razón’ que hermanaba a Goya y Buñuel en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid. Responde a toda una política cultural de ofrecer y buscar presencia en grandes foros españoles del arte y la cultura de Aragón. Excelente idea, que recogía y comentaba la prensa virtual: “se pretende demostrar que desde las comunidades autónomas se puede participar en la construcción cultural del país”. Sólo un problema: el museo cerraba a las seis de la tarde, lo que impidió a uno, viajero apurado en la Corte, visitar la sin duda interesante muestra.

 

 

Y, en fin, despedir y felicitar por tantos años de inteligente y laboriosa tarea, a Carlos Gil de La Parra, cuya veterana galería (sustentada por la tienda de antigüedades y joyería) ha cerrado.

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