Cultura y Sociedad - 13/01/18

Nuestros amigos académicos

Dos felices acontecimientos separados por pocos días nos llevan a recoger las noticias y glosarlas brevemente: atañen a dos queridos amigos.

 

El 18 de diciembre pasado ingresaba nuestro buen amigo y compañero de estas escalas electrónicas Ramón Salanova Alcalde en la Academia Aragonesa de Jurisprudencia y Legislación con un discurso sobre “Estructura local de Aragón y organización del territorio”. Un tema del que, como nadie, ha resultado conocer, estudiar, actuar, en sus importantes pasos por la Administración, mostrando siempre una visión sutil, moderada y prudente, razonable.

Allí estuvimos sus muchos compañeros y escuchamos con interés cuanto dijo, hasta una conclusión realista: “Aragón puede diseñar e impulsar una moderna organización territorial, sin esperar instrucciones del Estado… Pero la autonomía política es el ejercicio de una voluntad, debiera suponer una concepción deliberada del futuro Aragón y el compromiso de aplicarla… Y conseguir un consenso político muy amplio, más profundo que las simpleas mayorías aritméticas. Precisamente porque cualquier reforma de la estructura local… solo puede abordarsew con mesura y con plazos duraderos, entiendo que no cabe esperar para iniciarla”. Totalmente de acuerdo, felicidades amigo. Te las dio todo el gran mundo jurídico, y quien respondió con elogios afables, José Bermejo.

 

Dos días después, el escritor José Luis Melero Rivas ingresaba como numerario en la bicentenaria Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis de Zaragoza. El discurso, “una aproximación a la Bibliofilia: los libros, la vida y la literatura”, una delicia que sumar a tantos libros y artículos que, como en los grandes novelistas ofrece un solo y gran libro a plazos. Se sintió “feliz, agradecido y emocionado” por ser aragonés, heredero como académico de grandes de nuestra cultura (Arteta, Azara, Goya, Normante, y tantos). Su lección sobre la bibliofilia (pasión de estrafalarios personajes por los libros raros y curiosos, en resumen) de la que se siente partícipe, dando cuenta de su historia llena de anécdotas. “Una pasión desaforada, desmedida”, aunque en rasgo de sensatez última, miembro de una secta sabia pero normal reconoce que “la vida está siempre por encima de la literatura”. Son los casos de sus dos grandes amigos: el cardiólogo Ángel Artal y el boticario Vicente Martínez Tejero, de cuya fabulosa biblioteca ofrecida y mal rechazada por nuestras dignas autoridades culturales, viene a resumir que no había medios para atenderla con decoro. Es decir, concluyo yo, que faltó decoro (como con la capilla de Cerbuna, el Fleta y otros tantos despropósitos). Única chi8nita en un libro ya de bibliófilo por su rareza y escasez. La respuesta de otro amigo suyo y de los libros, José Luis Acín, justa y oportuna. Y la intervención del director de esa docta Casa, Domingo Buesa, culta y lógica.

 

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