Cultura y Sociedad - 18/01/18

Una visita al Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC)

En estas semanas de satisfacción ciudadana por el regreso de los bienes de Sijena una visita al Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) nos puede aportar a todos, además de un considerable disfrute estético, algunas sugerentes reflexiones sobre el patrimonio artístico aragonés emigrado, tema que se trata monográficamente en la asignatura de Arte Aragonés de la Universidad de la Experiencia de Zaragoza.

Desde que en la primavera de 1964 el profesor Francisco Abbad nos hizo ver a sus alumnos de la asignatura de Arte Medieval en una visita legendaria a tierras catalanas la riqueza del MNAC en fondos artísticos procedentes de Aragón, siempre he tenido conciencia plena de que es un museo de referencia de primer orden para el patrimonio artístico aragonés y, por tanto, de la oportunidad de su visita para todos los aragoneses que se precien de conocer y apreciar dicho patrimonio.

Hay que agradecer la amable acogida que siempre hemos tenido los aragoneses por parte de sus directores, desde la época de don Juan Ainaud de Lasarte hasta los mandatos más recientes de Joan Sureda, y, en especial,  de mi buen amigo Eduard Carbonell. Esta tradición de visitas al MNAC ha tenido en febrero de 2016 y en febrero de 2017, al final del primer cuatrimestre, una gozosa culminación para los alumnos de Introducción al Arte Español, de la Universidad de la Experiencia de Zaragoza, que se recoge en las fotografías del alumno Eloy López Gurría, que enriquecen este texto.

Ante el frontal de San Martín, de Chía

 

La primera consideración es que estas obras de procedencia aragonesa forman parte de los fondos del MNAC desde su inauguración en la sede del parque de la Ciudadela en el año 1923, de donde fue trasladado en 1934 al Palacio de Montjuic, su sede actual. Por ello no ha dejado de constituir una broma insidiosa, con motivo del regreso de los bienes de Sijena, la falsa noticia difundida por Facebook del regreso del retablo de la Virgen, procedente del monasterio de Sijena, vendido por las monjas en 1918, una obra cumbre de la pintura italogótica del pintor Jaime Serra ( h. 1367-1381), y una de las que constituyen el extraordinario patrimonio artístico aragonés en el MNAC.

Así pues, con excepción de las pinturas murales procedentes de la sala capitular del monasterio de Sijena, que ardieron en agosto de 1936, y cuyas sinopias fueron arrancadas durante la guerra civil por José y Ramón Gudiol, quedando como depósito del monasterio en el MNAC, el resto del ingente patrimonio artístico aragonés constituye una pacífica  posesión, con procedencia de muy diversas adquisiciones y donaciones.

Ante la Virgen de la Carrasca, de Blancas

 

Entre las obras aragonesas más destacables, además de las ya citadas, cabe mencionar: el frontal de San Martín, de Chía; la tabla de Santo Domingo, de la ermita de San Miguel de Tamarite de Litera; el retablo de San Pedro Mártir, del monasterio de Sijena; las pinturas murales, de Bierge; el retablo de San Vicente, de Estopiñán; la Virgen de la leche, de la catedral de Albarracín; el retablo de Santa Bárbara, de Puertomingalvo; la virgen de la ermita de la Carrasca, de Blancas; las tablas del retablo de San Martín, de la ermita de Riglos; el retablo de la Epifanía, de Rubielos de Mora; cuatro tablas de Bartolome Bermejo; el retablo de San Juan Bautista, del monasterio de Sijena; y la gran cabeza en alabastro del Padre Eterno, de Pere Johan, de la Seo de Zaragoza.

Una última consideración a tener en cuenta, si atendemos a la función social de los museos, es el número de visitantes que pueden disfrutar de la contemplación de estas obras aragonesas. En el caso del Museo Nacional de Arte de Cataluña, y según datos de su actual director Pepe Serra, en tan sólo este último año 2017, y a pesar de la crisis turística catalana a causa del procès, el número de visitantes ha superado los setecientos mil, es decir, más que todos los habitantes de la ciudad de Zaragoza.

Esperamos visitar pronto otros museos españoles con patrimonio aragonés emigrado.

El grupo aragonés con los conservadores de las salas de románico y de gótico del MNAC, Jordi Camps y Cèsar Fàva, que nos atendieron amablemente.

 

 

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