Publicaciones - 19/02/18

Viejas historias rescatadas

En esta sección incluimos a libros que hablan de lo antiguo con otra mirada, recuperan, revisan, hacen renacer. Y en primer lugar la atención que se ha dedicado recientemente al bilbilitano Vicente de la Fuente.

 

El asunto comenzó adelantándose a la conmemoración prevista. El Bibliotecario de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, Pablo Ramírez Jerez, publicó en diciembre de 2016 en dicha institución un libro muy interesante: “Vida y academia. Quince semblanzas biográficas”, en que dedicaba una monografía al erudito aragonés (pp. 52-74) calificándole en el título de “Prototipo de historiador e investigador decimonónico”. Equiparándole a J. Amador de los Ríos, Modesto Lafuente, Gayangos o el también aragonés Codera (todos ellos académicos de la Historia), y de “autor de una gran obra historiográfica”, se advierte de que fue “la religión, aspecto fundamental de su ideología”, se estudian todas sus obras, su paso por ambas academias (Historia y CC. Morales), y la Universidad de Madrid, de que fue Rector. Destaca el autor de esta útil monografía, su laboriosidad, su aragonesismo, su rescate de antiguas obras apenas conocidas y concluye que “su obra, ciertamente envejecida, presenta todavía numerosos aspectos de interés para el investigador moderno. Es una figura que no debería caer en el olvido”.

 

Hubo luego, a fines de septiembre de 2017 una buena exposición organizada por el Ayuntamiento de Calatayud y el Centro de estudios bilbilitanos, conmemorativa del segundo centenario de su nacimiento: 1817-1889. Ubicada en San Pedro de los Francos, el Centro de Estudios la prorrogó en la biblioteca de su sede, instalando los interesantes 16 paneles en la Puerta de Terrer, hasta el día 30 de noviembre. Y antes de la definitiva clausura se celebró un congreso, a cargo de los profesores José Miguel López Villalba, José Luis Corral Lafuente y José Luis Cortés Perruca, y en el que tuvieron parte además de ellos, entre otros, profesores locales o aragoneses en general como Carlos Sáenz, Enrique Solano, Ana Morte Acín, Enrique Bernad, Roberto Ceamanos y José Ángel Urzay Barrios; o de Madrid: Alicia Alted Vigil, Catedrática de la UNED y Pablo Ramírez Jerez, Bibliotecario de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

En el programa de actos, se señalaba que el historiador bilbilitano era “uno de los historiadores más relevantes del siglo XIX en España,enmarcado en la historiografía académica de la Restauración. Parece una excelente ocasión para reflexionar sobre los profundos cambios

experimentados desde entonces en la historiografía actual, así como en las nuevas formas de hacer y transmitir la historia a la ciudadanía. En este contexto, la Historia de Calatayud de D. Vicente de la Fuente es un excelente paradigma para contrastarla con la nueva historia de la ciudad”.

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Una feliz circunstancia hizo que en diciembre de 2017 Pascual Diarte, catedrático de Instituto jubilado, especialista en la comunidad de Daroca, viera publicar por Doce Robles su libro “El final de las comunidades históricas aragonesas”, uno de los principales temas de estudio de Vicente de la Fuente. Establecía tras una paciente investigación documental el significado de “Las comunidades de Daroca, Calatayud y Teruel, nacidas a mediados del siglo XIII como atrevida y sorprendente respuesta de las aldeas a la actitud despótica de las ciudades cabeceras del ámbito foral respectivo, la villas-ciudades del mismo nombre que, desde la reconquista del territorio al Islam, las habían dominado con incontestable rigidez, se consolidaron en los siglos XIV y XV, alcanzaron su plena madurez institucional y un muy elevado grado de autogobierno en los siglos XVI y XVII, e iniciaron, a comienzos del XVIII una lenta crisis general que se prolongaría hasta su desaparición legal y económica, como entes históricos a mediados del siglo XIX”. Una historia muy interesante, apenas conocida y citada. Y el autor se pregunta, casi concluyendo: “Transcurridos más de 150 años de la desaparición… ¿qué permanece hoy día de ellas en las tierras que ocuparon durante siglos y en la memoria colectiva de los pueblos? Poco o muy poco”. La causa, “la arraigada división provincial y de partidos judiciales y la diversidad geo-económica del territorio”, salvo en el caso de Albarracín.

 

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