Historia y Política - 30/03/18

El simbolismo de la abeja

La abeja es un animal simbólico en distintas tradiciones y civilizaciones. Es un símbolo iniciático y litúrgico, como lo será también su preciado don, la miel.

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Abejas (Arsgravis)

La abeja poseería en casi todas las tradiciones culturales una naturaleza ígnea, es decir, estaría dotada del poder del fuego. Así aparecería representando a las sacerdotisas de distintos cultos antiguos, especialmente las Pitonisas, además de las almas puras de los iniciados. La abeja purifica por el fuego y alimenta por la miel; quema por su aguijón, pero ilumina por su fulgor.

Los egipcios creían que simbolizaba el alma. Las abejas habrían nacido de las lágrimas de Ra, dios del Sol, que caerían sobre la tierra. Por su parte, los griegos siguieron considerando que era símbolo del alma pero descendida hacia las tinieblas. Los judíos vincularon la abeja al Verbo, es decir, para las tres tradiciones estos insectos fundamentales para la vida tenían el mismo significado.

En el terreno más humano, la abeja simboliza el orden y la prosperidad, además del ardor belicoso y el coraje.

Así pues, por su trascendencia divina y por su conexión terrenal, la abeja aparece ya en la Antigüedad y casi hasta nuestros días como atributo del poder divino -sumos pontífices antiguos y papas de la Iglesia de Roma- como de emperadores y reyes, como sería el caso de Napoleón.

La abeja no podía alejarse mucho del mundo simbólico e iniciático de la Masonería. Es símbolo del comportamiento ordenado y atento a su reina y a sus compañeras en la colmena, como el masón está al orden en logia y permanece atento a su venerable y a sus hermanos. La abeja es símbolo de virtud, pilar de todo hermano masón. Por fin, simboliza la obediencia, la actividad y la constancia, tres virtudes del masón, que respeta la autoridad legítima, y que no aspira nunca al descanso. Como la abeja no descansa, el hermano masón, por su parte, siempre está trabajando por su perfeccionamiento personal y, sobre todo, por el progreso de la Humanidad.

¿Y la miel? También es un símbolo masónico. Es un alimento espiritual de santos y sabios. La miel se vincula con el conocimiento místico y religioso, el bien espiritual, y el renacimiento que sigue al momento de la iniciación. En este sentido, los iniciados en los Misterios de Eleusis recibían miel en sus grados superiores porque es el signo de su vida nueva. El Pseudo Dioniso Areopagita, teólogo y místico bizantino entre los siglos V y VI, decía que las enseñanzas de Dios eran comparables a la miel por su propiedad de purificar y conservar, consustancial a este alimento. Así pues, la miel se vincula a la iniciación masónica, a la transformación que se produce en ese momento. La miel es fruto de la transmutación del polvo del polen y néctares, algo parejo a lo que le ocurre al iniciado en el que se integran los distintos componentes de su persona, para convertirse en un hermano.

 

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