Publicaciones - 07/05/18

Antonio Peiró: Y nada más que la verdad

El Heraldo de Aragón publicó en A&L esta reseña de nuestro compañero Eloy Fernández Clemente que, según nuestra costumbre, recogemos aquí:

 

Antonio Peiró Arroyo: El golpe de Estado del general Palafox. Prensas Univesitarias de Zaragoza, 2017, 254 páginas; Eva en los infiernos. Mujeres asesinadas en Aragón durante la guerra civil y la posguerra. Comuniter, Zaragoza, 2017, 350 páginas.

Antón Castro le hizo en este diario una excelente entrevista hace unos meses, pero quizá convenga añadir que Antonio Peiró es un historiador magnífico, entre los mejores del Aragón actual. Este libro sobre el mitificado héroe de la Independencia es un monumento al trabajo de archivos, la lectura reflexiva y desconfiada de todo lo disponible, las consiguientes deducciones, hasta afirmar: “desde que Palafox  llegó a Zaragoza todas sus acciones estuvieron dirigidas a obtener el poder absoluto y a consolidarse en él”, ayudado por locales como el tío Jorge (falso labrador), los Boggiero y los de Madrid Butrón y Calvo de Rozas.

 

 

Porque no vino de la Corte (donde ascendió entre juergas) a defender a su joven monarca y levantar al pueblo zaragozano; pero lo arregló en unas Memorias justificativas nada fiables. En realidad urdió una ambigua Junta con élites del Antiguo Régimen: nobles e ilustrados, militares, franceses residentes, opositores a Godoy y algo de pueblo; logró ser aclamado como Capitán General y promulgó un manifiesto que reivindicaba los viejos fueros.  ¿Acaso su verdadero propósito fue reivindicar la soberanía del reino y plantear una alternativa al Borbón, fuera un Austria, o el propio Napoleón, que como emperador, le haría rey, a la manera ofrecida en la República italiana a su tío Francesco Melzi, dato conocido pero omitido sistemáticamente?

Revisando su trabajo sobre su convocatoria de Cortes Aragonesas en 1808, un suceso importantísimo tras un siglo sin actividad, relata cómo moviliza a representantes de todo el viejo y adormilado Reino, la mayoría fieles. La aprobación de todas sus propuestas (excepto proclamar a Fernando VII), con aire de reglamento revolucionario; la censura de correspondencia y noticias; la eliminación de sus enemigos ante un pueblo descontrolado, desobediente, y una cadena de mando rota; el envío de representantes aragoneses a la Junta Central Suprema, que dirige la guerra, quedando él como único interlocutor: todo cabe en un libro denso y apasionante, con un aparato bibiográfico impecable y  útil apéndice biográfico.

La segunda obra de Peiró investiga la violenta muerte de mujeres aragonesas a causa de la guerra (se añade a su “!Evacuad Teruel!”, misma editorial), y complementa importantes libros de Julián Casanova y sucesores. Confirma que la proporción de muertes de mujeres en ambos bandos en relación al total fue muy superior en Aragón a la de otros territorios. Para comprender causas y circunstancias (afiliación, estado civil, instrucción, familia, etc.), se acerca caso por caso a tanto horror, en una investigación ardua, cautelosa, durísima. Analiza primero las que se llevaron a cabo por los sublevados (documentadas 594, en 126 municipios aragoneses, de los que 90 en Zaragoza. Y las tres cuartas partes en 1936. En su mayoría dedicadas a “sus labores”, pero con notable preparación (caso de Conchita Monrás), destacan una profesora de Normal, once maestras, trece modistas, enfermeras, empleadas, estudiantes… Dos tercios entre 16 y 50 años y casadas. Pocas afiliadas, CNT o partidarias del Frente Popular, como la alcaldesa de Gallur María Domínguez.

 

 

Las muertes por los republicanos fueron un tercio de las anteriores: 187, dispersas en 73 localidades, destacando Teruel con 49. Y se prolongaron por 1937 y 1938. La mayoría figuran sin profesión, aunque hay 5 religiosas, 4 labradoras y 4 criadas. Y de más edad: casi la mitad entre 35 y 50 años, en su mayoría casadas. Las más figuran como “de derechas”.

El aparato documental, gráfico y estadístico, y el listado por poblaciones y personas, son abrumadores. El saldo emocional,  lo llevamos aún la mayoría de los aragoneses en el corazón.

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