Historia y Política - 24/08/18

El modelo demográfico durante el Antiguo Régimen

La población durante el Antiguo Régimen siguió las pautas del modelo demográfico antiguo, muy inestable entre recursos y población, y que se mantuvo desde la época medieval hasta finales del siglo XVIII y principios del XX en los países europeos occidentales, cuando iniciaron la transición demográfica, frente a otras zonas de Europa que tardaron en incorporarse al cambio, como fue el caso de España.

El régimen demográfico antiguo se caracterizaba por una alta natalidad y por una mortalidad muy alta también, pero sobre todo, irregular y que podía provocar crisis demográficas. La mortalidad infantil, por su parte, era muy elevada, junto con una mortalidad maternal considerable. Esta combinación generaba un crecimiento natural muy débil de la población. Por fin, la esperanza de vida era baja y las poblaciones eran muy jóvenes.

El mecanismo de regulación del régimen demográfico tradicional era la mortalidad, cuya incidencia dependía estrechamente de la producción agraria. El desequilibrio entre recursos y población provocaba periódicamente las denominadas crisis de subsistencia, que eran el resultado combinado del hambre, provocada por malas cosechas, junto con las enfermedades de carácter epidémico, y que se extendían entre una población mal alimentada. El resultado era una mortalidad catastrófica que reducía el crecimiento demográfico de las épocas de bonanza económica. En algunos lugares de Europa la incidencia de las guerras fue importante en la demografía, como en el caso de Alemania durante la Guerra de los Treinta años en el siglo XVII, precisamente por su intensidad y por su duración en el tiempo: requisas de alimentos, campos devastados, fuerza de trabajo convertida en tropa, presión fiscal, muertes de hombres jóvenes en edad de procrear y desplazamientos de población.

Durante el siglo XVIII el régimen demográfico comenzó a cambiar en algunos estados europeos occidentales, especialmente en Inglaterra. Se aminoraron los efectos de las hambrunas y epidemias gracias a ciertos progresos médicos e higiénicos, las guerras fueron menos intensas y devastadoras y se produjeron mejoras en la nutrición de la población. Estos factores posibilitaron un importante crecimiento demográfico en el oeste europeo, mientras que en la Europa mediterránea dicho crecimiento fue mucho menor. Se trataba del inicio de la mencionada transición demográfica, concepto más adecuado que el de revolución demográfica, al dilatarse en el tiempo.

 

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