Historia y Política - 14/10/18

Pablo Iglesias y las huelgas a comienzos del XX

La huelga constituye uno de los instrumentos fundamentales del movimiento obrero, pero existen diferencias entre el sindicalismo socialista y el anarcosindicalismo. Los socialistas siempre consideraron con prudencia este medio, siendo muy reacios a las huelgas generales, aunque las emprendieran. En los inicios del siglo XX, en el marco del debate parlamentario y de la opinión pública española sobre la elaboración y aprobación de la primera ley de huelga, los socialistas españoles dedicaron muchos esfuerzos en su prensa, mítines y conferencias a dejar clara su postura hacia esta cuestión, criticando las cortapisas que pretendía el poder, pero también el uso que consideraban indiscriminado de la huelga por parte de los anarquistas. En 1908 se incrementó este trabajo. Precisamente, en marzo y abril de ese año se produjo un mitin en el Teatro Barbieri de Madrid contra el proyecto de ley del gobierno, y una conferencia de Pablo Iglesias sobre las huelgas. Nos centraremos en este último acto porque incide más en el espíritu socialista sobre las mismas, con un detallado análisis de lo que era la organización y la lucha obreras, fruto de una experiencia de decenios.

Pablo Iglesias comenzó su conferencia aludiendo a que muchos trabajadores pensaban que las huelgas siempre eran precisas para mejorar las condiciones de trabajo. La huelga debía ser siempre el último recurso, al que las Sociedades de Resistencia (sindicatos) recurrían para hacer valer sus reivindicaciones, empleando antes medios persuasivos o negociando con cesión de algunas de esas reclamaciones para conseguir una parte. Aquí estaría, pues, la esencia del método de lucha obrera socialista.

Las Sociedades de Resistencia que más huelgas planteaban era, realmente, las más débiles y, por lo tanto, las que solían perder. Los patronos solían conocer esta situación, por lo que, negándose a ceder, conseguían la declaración de la huelga, con la consiguiente derrota obrera.

La solución pasaba por el fortalecimiento de la organización, un valor en sí misma para los socialistas. Las Sociedades Obreras con recursos económicos suficientes, unión y disciplina consiguen sacar adelante sus reivindicaciones o, al menos, una parte. La razón de su éxito estribaría en su fuerza, porque los empresarios, conocedores de la misma, prefieren negociar o ceder. Pablo Iglesias ponía como ejemplo de organización obrera la de los albañiles y carpinteros “de armar” madrileños, que nunca habían necesitado declarar una huelga general para conseguir sus objetivos.

Tampoco era acertado, para Pablo Iglesias, recurrir a la huelga cuando se producía el despido injusto de un asociado. La huelga debe ser un recurso empleado con cuidado y cuando hubiera condiciones para el triunfo. Si se recurre a ella en ese caso sin la fuerza necesaria se corre el riesgo no sólo de no conseguir que el despido fuese readmitido, sino que se despidiese a todos los asociados. Era preferible auxiliar al despedido, apelando a la solidaridad obrera, otro valor propio del sindicalismo socialista, hasta que encontrase una nueva colocación.

Tampoco eran defendibles las huelgas declaradas para que los patronos despidiesen a los obreros no asociados.

Otro problema derivaba de la cuestión de las indemnizaciones. Si los gastos generados en una huelga eran pequeños y la Sociedad Obrera contaba con elementos para resistir era más fácil conseguir que los patronos satisfagan lo gastado o una parte. Pero si la huelga había durado mucho tiempo y comprendido a un número alto de trabajadores, es casi imposible que los empresarios abonasen el importe de lo gastado. Por ese motivo, algunas Sociedades Obreras, que no habían calibrado bien el recurso a la huelga, no habían percibido las cantidades reclamadas, además de no conseguir las reclamaciones planteadas.

Además de la fuerza de la organización, era importante que las Sociedades de Resistencia estudiasen bien las condiciones de trabajo, si escaseaba o no, porque si no se hacía este análisis previo los resultados de la huelga solían no ser buenos.

Podemos consultar el número 1153 de El Socialista.

Comentarios cerrados.