Historia y Política - 09/11/18

La reseña de José Chueca del libro “Mi viaje a la Rusia Sovietista” de Fernando de los Ríos

Fernando de los Ríos (Fundación Pablo Iglesias)

José Chueca publicó un artículo en el mes de noviembre de 1921 en El Socialista en el que reseñaba el libro de Fernando de los Ríos, Mi viaje a la Rusia Sovietista, publicado en ese mismo año. Interesa acercarnos al comentario de Chueca porque no sólo nos habla de un libro fundamental de un autor excepcional, sino también de las ideas de aquel, muy afines a las defendidas por gran parte del socialismo español, enfrentado al comunismo. Muchos de los comentarios vertidos por Chueca vienen del universo anarquista al que perteneció, pero no olvidemos que el socialismo español, a pesar de las intensas críticas que realizó a ese universo, siempre tuvo un espíritu con claves anarquistas.

Chueca fue un intenso personaje en la Zaragoza de las primeras décadas del siglo XX. Vendedor de periódicos, fue un activo anarquista desde la Juventud Libertaria, y colaborando en distintas publicaciones, como Acción Libertaria, Cultura y Acción, Vía Libre, Solidaridad Obrera, Tierra y Libertad, entre otras. A comienzos de la década de los años veinte era redactor de El Comunista, publicación zaragozana, aunque en 1923 tuvo que marcharse a Cataluña. Después, en 1924 terminaría ingresando en la Agrupación Socialista de la capital aragonesa.

Chueca realizó un claro elogio del libro del político e intelectual socialista. Calificó la obra de interesantísima, como una “buena novela e instructiva como un buen libro de ciencia”. Estaría escrita en un castellano claro, recio y limpio. Resaltaba que el prólogo era sobrio y sincero, la confesión de un escritor honrado y modesto porque, aunque la responsabilidad intelectual que contraía al juzgar un hecho de la magnitud de la Revolución rusa podía alterar el ánimo del autor, había considerado un deber relatar lo que había visto en su viaje.

Como hombre que procedía del mundo anarquista admiraba la confesión que hacía Fernando de los Ríos en el prólogo cundo expresó que al escribir el libro no se había sentido “hombre de partido”, aunque no había declinado de su ideología socialista. También le agradaba la modestia que confesaba el propio autor. Pero, para Chueca, el libro superaba a la mayoría de los textos nacionales y extranjeros que trataban sobre la Revolución Rusa. Era un estudio “acabado, documentado e imparcial”, con una crítica “profunda y sincera” del régimen maximalista, una expresión muy de la época, muy empleada por los socialistas para hablar de los bolcheviques. Pero, no se quedaba en la crítica, porque también expondría la doctrina socialista y lo que era la vida en Rusia bajo la dictadura de Lenin, Trotski, “y compañía”.

Estaba claro que De los Ríos no era partidario del bolchevismo, pero su obra no entraba en la dinámica que Chueca observaba en la mayoría de las obras que trataban este tema, que eran o apologéticas o condenatorias del nuevo régimen. Criticando el maximalismo era imparcial, toda una virtud, nos atreveríamos nosotros a decir. En ese sentido, Chueca afirmaba que el autor no había omitido nada que fuera positivo del régimen. La obra no era un alegato contra la Revolución, en su opinión, porque no la confundía con el bolchevismo. Como buen socialista, Fernando de los Ríos no podía dejar de defender la Revolución rusa, como hacían, según Chueca, todos los obreros del mundo porque deseaban el fin del dominio de la burguesía. Pero una cosa era la Revolución, y otra muy distinta el régimen que habían impuesto los bolcheviques.

Chueca afirmaba que la lectura del libro del político rondeño le había reforzado en su crítica de los bolcheviques y reafirmado su fe socialista. Chueca explicaba que por fuerza había que ser enemigo de la tiranía, aunque se ejerciese en nombre del proletariado, en alusión a la dictadura del proletariado. Nada bueno se podía conseguir con el uso de la violencia y del terror; daba igual que fuese una tiranía burguesa o comunista. La igualdad económica no se podía imponer por el terror. Los comunistas rusos lo habían intentado y se habían equivocado.

Para Chueca hubiera sido mejor para la Revolución y para Rusia que hubiera habido un gobierno compuesto por todos los sectores revolucionarios representados en los Soviets. Pero el Partido Bolchevique, o su gran mayoría, deseaba el poder, manteniéndose en el mismo por medio del terror. En eso no se diferenciaban de los gobernantes burgueses. Los bolcheviques habían suprimido todas las libertades, edificando un régimen más tiránico que el zarista. Se perseguía a los socialistas, anarquistas y sindicalistas, pero, por otro lado, la desigualdad y el privilegio subsistían. Por eso, el pueblo ruso debía hacer una nueva Revolución para conquistar la libertad y la igualdad económica.

Chueca opinaba que el fracaso de los bolcheviques probaba que era imposible pasar de un salto del capitalismo al comunismo. En esto, citaba a Fernando de los Ríos cuando afirmaba en el libro que el maximalismo era una fórmula fácilmente de entender, pero una doctrina imposible “económicamente de practicar”. La transformación había de ser gradual, con cambios parciales sucesivos, con una labor a largo plazo de propaganda y educación para preparar a las masas. Fernando de los Ríos, como José Chueca, eran claros ejemplos de una forma de entender el socialismo, abiertamente contraria a la defendida por los comunistas.

Podemos consultar la reseña en el número 3989 de El Socialista. Sobre Chueca se puede acudir al Diccionario Biográfico del Socialismo Español, pero, sobre todo, a la imprescindible Enciclopedia histórica del anarquismo español, de M. Iñiguez, editada en 2008.

 

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