Cultura y Sociedad - 17/01/19

El año cultural comienza con buen pie

Frente a pesimistas y agoreros por lo que pueda ser, tras un mal 2018 político, económico y social, este año que comienza andadura, en Aragón hay muchas pistas de buen comienzo cultural, de las que damos alguna muestra.

 

El primer paso fue, tras algún retraso técnico, la presentación en el Principal zaragozano del disco de J.A. Labordeta grabado medio siglo justo antes y secuestrado por la policía franquista. Se recuperaba así un hito histórico, un disco magnífico, de lucha y reivindicaciones. Hablaron su viuda, la animosa y extraordinaria Juana de Grandes, nuestro compañero Eloy Fernández (que evocó el Teruel de Labordeta) y su discípulo y colega cantautor Joaquín Carbonell. Asistieron muchos amigos y fue una gozosa fiesta de recuerdos.

 

Nuestro amigo Vicente Martínez Tejero, gran conocedor de la obra de Cajal, nos da a conocer el libro de José Ramón Alonso y Juan Andrés de Carlos “Cajal. Un grito por la ciencia” (Next Door Publishers, Pamplona, 2018) un empeño eficaz para presentar con claridad, sencillez y gran conocimiento del tema al gran científico aragonés. Según afirma en el prólogo el catedrático en Barcelona y biznieto del Nobel, Santiago Ramón y Cajal Agüeras, “estos autores han conseguido reflejar las grandes aportaciones científicas, las anécdotas de la vida y los valores de Cajal de una manera de una manera cercana y amena”. Así es, y la edición, con fotografías y dibujos espléndidos, resume cuanto se ha escrito hasta hoy sobre uno de los cuatro grandes genios aragoneses contemporáneos.

 

Otra buena noticia es la presentación en el Centro Pignatelli, el 16 de enero, del libro de José Ramón Bada “Recuerdos para la paz” editado por la Fundación del Seminario de Investigación para la Paz y la Comarca del Bajo Aragón-Caspe. En él, nos dice el querido Pepe, recoge su experiencia “durante los tristes años de la Guerra Civil y de la posguerra. Los  niños de mi generación como los hermanos María  y Juanito – que figuran en la portada  del libro-  no hicimos la guerra pero la padecimos y aprendimos a hacer las paces con el tiempo sin olvidar  a las víctimas de ambos lados. Todo lo que recuerdo y que no entiendo de aquel desastre, lo que hoy siembro a voleo, es la mejor herencia para el futuro que legamos los niños de la guerra a los que vinieron después para vivir en paz.  Para que entiendan que hablando se entienden las personas si quieren y se quieren. Para que sepan por fin que pueden entenderse incluso unos con otros sobre la guerra, sabiendo que aquello no hay quien lo entienda y  reconociendo a la par unos y otros, todos nosotros, que no debe volver a pasar”. Qué hermoso mensaje.

 

Isamel Grasa es un exquisito. Como lo son, en su casi mayoría, los escritores de su generación (Antón Castro, Mariano Gistáin, Fernando Sanmartín, Luis Alegre, J.L. Melero,  y un largo etcétera). Coge las cosas más sencillas y cotidianas en estado puro, no contaminado, y nos las devuelve llena de sentido. Es lo más contrario su libro “La hazaña secreta” (Turner) a uno de esos de autoayuda tan vendidos, pero contiene docenas de relexiones y enseñanzas para todos (uno echa de menos más atención a las mujeres, o más dirección hacia ambos géneros), sobre cómo actuar y organizarse la vida en los detalles más pequeños. Echa mano de citas de autores muy diversos, hispanos y extranjeros, y unos cuantos de esa generación suya aragonesa, precisamente. Da gusto siempre, estimula, leer a este estupendo profesor de filosofía, que nos reconcilia con esa disciplina, que hubimos de padecer hace más de 60 años con el horror escolástico más estúpido.

 

Nuestro viejo y querido amigo Francisco Javier Aguirre González acaba de publicar un nuevo libro, muy especial: El último infierno de Juan V. (Mira, Colección Sueños de tinta), que lleva más allá de la veintena los publicados por él con enorme entusiasmo y depurada técnica. El libro tiene un protagonista condenado por asesinato, que se confiesa al narrador, quien realiza labores solidarias de tipo cultural en la cárcel (los amigos sabemos cuánto de autobiográfico hay por ello), desahogando su historia: una relación pasional con una mujer casada, Adela. El autor reconoce que regresa a títulos suyos abundantes en episodios eróticos, a veces escabrosos, vividos por su confidente. Y nos presenta una sociedad, la de las últimas décadas, a través de las costumbres, las relaciones amorosas, los usos sociales y los conflictos emocionales. Incorpora nuevas técnicas y motivos, como fragmentos de los chats y correos electrónicos compartidos entre el condenado y su amante”, que aportan una perspectiva hasta hace poco inédita, o referida a la más reposada y menos espontánea escritura de cartas.  El libro lleva esta Dedicatoria: “A los funcionarios de prisiones y a cuantos dentro de las cárceles se dedican a la reinserción de los internos, especialmente a los funcionarios y trabajadores de los Centros penitenciarios de Daroca, Teruel y Zuera, con quienes he colaborado a lo largo de una década. A los responsables, empleados y voluntarios de las ONGs que gestionan programas específicos para la población reclusa, en particular a Cruz Roja Española”. Nos parece un recuerdo merecido y justo.

(Por cierto, también en Mira ha publicado Javier Arruga “Montes Universales, gentes universales. Un viaje a pie por Teruel resiste”,  tercera y última parte de su Trilogía Aragonesa, que ya hemos ido comentando aquí. En este libro, el autor inicia su viaje en el Matarranya para, tras recorrer en coche parte de la provincia, terminar caminando desde Libros a Ojos Negros, mostrando un Teruel mucho más vivo, dice, “que aquel al que nos han acostumbrado los medios de comunicación”. Sea).

 

Y, aunque sea en un repaso muy rápido, no queremos dejar de dar noticia del último número de Rolde, Revista de Cultura Aragonesa (166-167, Julio-Diciembre 2018) dedicado en gran parte a recordar y valorar la figura del fallecido Emilio Gastón, presentado por su director, otro Javier Aguirre (Santos), profesor de Filosofía en la Universidad del País Vasco, y el ya citado J.L. Melero, y en que escribe un grupo de amigos y estudiosos del gran escritor, jurista, artista, persona. Un tomo valioso y que sitúa a nuestro viejo amigo donde siempre mereció estar.

Añadamos mención a otra gran revista, más joven pero no menos comprometida, que es la dirigida por Herminio Lafoz, XIX y XX, excelente plataforma de análisis históricos. Añadamos, que la Fundación Sindicalismo y Cultura ha presentado el libro “La revolución tranquila” de Bruno Estrada (adjunto a la Sª General de CCOO y fundador de Economistas Frente a la Crisis) que hace una reflexión sobre “cómo la izquierda puede recuperar la hegemonía cultural perdida desde finales del siglo pasado… a través de un proceso social más complejo que en el pasado, ya que el trabajo no ocupa el mismo espacio de centralidad que hace un siglo”.  El libro merece un buen prólogo del economista y meritorio periodista Joaquín Estefanía.

Tambvién recogemos las oportunas y muy interesantes actividades del proyecto “La imagen de la memoria”, que cita palabras de García Márquez: “Recordar es fácil para el que tiene memoria; olvidar es difícil para quien tiene corazón.” Su objetivo ha sido “Hacer llegar a la ciudadanía zaragozana el tema de la memoria histórica, a través de múltiples eventos protagonizados por documentalistas, cineastas, historiadores, artistas y todo tipo de ciudadanos mediante la exhibición de sus trabajos”.

En fin, hacernos eco y reconocer interés y pena, porque con el nº 50, la excelente web Narrativas (nacida en 2006) llega a su fin. Todos los números editados hasta el momento seguirán estando disponibles para su descarga en la página correspondiente. Entre los cientos de colaboradores (por ejemplo Cercas, Juan Cruz, F. Iwasaki, Peri Rossi, Vila-Matas), han publicado en ese sitio literario docena y media de nuestros mejores escritores aragoneses. Gracias a todos.

 

 

Ay, como todo no podía ser feliz, cuando escribimos nos llega la triste noticia de la muerte, tras un accidente, de Josemari, el eficaz, amable, divertido camarero de Casa Emilio, testigo de tantos años de encuentros de la amplia sociedad cultural zaragozana. Nos unimos a cuantos estas horas y días manifiestan su pesar, y le recordamos en esta foto con Labordeta y Eloy, que nos hacen llegar Maite Roy y Ángel Artal.

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