Historia y Política - 05/05/19

Dos exposiciones extraordinarias, cuyos comisarios son turolenses. Julián Casanova y Gonzalo Borrás, recientemente fallecido. Grandes profesores ambos.

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El 25 de octubre de 2010 escribí este artículo en El Periódico de Aragón, en el que hacía referencia a dos turolenses. Ambos de Valdeagorfa. El primero, Julián Casanova con un labor historiográfica encomiable, y que todo aquel interesado por la historia debe estarle profundamente agradecido. Es un ejemplo de historiador comprometido con todo lo relacionado con la represión franquista.  Ahí van dos libros, cuyos títulos son muy explícitos de su compromiso. El pasado oculto: Fascismo y violencia en Aragón (1936-1939). Y el segundo, Pagar las culpas: La represión económica en Aragón (1936-1945)

Y el otro es Gonzalo, fue mi profesor, del que guardo un gran recuerdo. Fue allá por el curso 1973-74 en la Facultad de Filosofía en la asignatura de Arte Medieval. Todavía no he olvidado sus explicaciones claras sobre las basílicas paleocristianas. Hablaba de la visón cinética, nada más entrar en cualquier basílica nuestra vista resbalaba por los fustes de las columnas y resbalaba hacia el altar mayor con el máximo de luz; así como por la sensación de caja de las basílicas. Y también recuerdo algunas anécdotas personales en el Viaje de Estudios a Italia, ya que fue el profesor encargado de explicarnos toda la riqueza artística de Italia. Un poco tarde, pero siempre se está a tiempo de reconocer a aquellso profesores que dejan una huella imborrable. Descansa en paz Gonzalo.

 

Ahí va el artículo:

Acaban de ser inauguradas dos exposiciones en Zaragoza sobre temas muy dispares, aunque tienen en común el que sus comisarios son paisanos, al haber nacido en Valdeagorfa (Teruel).

La primera es Tierra y Libertad. Cien Años de Anarquismo en España. Hay que dar la enhorabuena a las instituciones que la han patrocinado, DGA, Ayuntamiento de Zaragoza, y la DPZ y DPH y a su director científico, el catedrático de la Universidad de Zaragoza, Julián Casanova. Tiene dos sedes, la del Palacio de Sástago con las ideas, la clandestinidad, el terrorismo, la CNT en sus orígenes y su arraigo, la II República, la cultura, la guerra civil, las caras de Durruti, la represión y el exilio; Aragón, tierra de anarquistas, y galería de anarquistas españoles. La segunda en el Palacio de Montemuzo, bajo el título de Libertarias, sobre las mujeres en el anarcosindicalismo. La instalación está muy conseguida, con unos paneles explicativos muy claros y con los colores rojinegros de la CNT. El despliegue documental es impresionante con fotografías, carteles, periódicos, películas, libros, cartas, billetes de diferentes colectividades, trajes de milicianos. Así podemos conocer uno de los movimientos sociales más importantes de la Historia de España y de Aragón del último tercio del siglo XIX, y del primero del siglo XX. La CNT, en 1919, tenía 700.000 afiliados, más de la mitad en Cataluña. A comienzos de la II República eran 535.565. En el Congreso Confederal de la CNT celebrado en Zaragoza en mayo de 1936, los 649 delegados representaban a 559.294 afiliados. En Aragón hubo muchos anarquistas, en Zaragoza, la segunda ciudad después de Barcelona; y en las comarcas del Cinca y del Bajo Aragón turolense. Estos datos nos demuestran que una parte importante de la clase obrera y campesina de nuestros antepasados depositó en el anarcosindicalismo gran parte de sus esperanzas en conseguir un mundo mejor.

Quiero hacer alguna crítica, algo muy propio del movimiento anarquista. Una exposición sobre el anarquismo no encaja en un espacio tan lujoso y suntuoso como el Palacio de Sástago, residencia de Don Artal de Alagón, tercer conde de Sástago y virrey de Aragón; como tampoco en la Casa Palacio de los marqueses de Montemuzo. Los Peiró, Ascaso, Durruti, Seguí se hubieran sentido incómodos en estos lugares pertenecientes a la nobleza.

Por los comentarios emitidos por algunos visitantes, existe el peligro de vincular el anarquismo exclusivamente con la violencia, la bomba y el atentado, ya que nada más entrar nos sorprende una representación espectacular del atentado a Canalejas, y un sonido constante de fondo de tiros. Si fuera así, quedarían olvidadas otras aportaciones claves del movimiento anarquista: su pasión por la libertad, la emancipación de la mujer, la importancia de la educación y la cultura, la coeducación, la solidaridad y el apoyo mutuo. Además, el anarquismo posterior a la guerra civil está poco representado, salvo alguna referencia a anarquistas en el exilio.

LA SEGUNDA ES EL Mudéjar. El legado andalusí en la cultura española, cuyo comisario es el catedrático de la Universidad de Zaragoza y gran experto en el tema, Gonzalo Borrás, en el marco incomparable del Paraninfo de la Universidad. Andalusí viene de Al Ándalus, nombre dado a la Península Ibérica bajo dominio islámico. Hubo una cultura andalusí (La Alhambra, el Generalife, la Mezquita de Córdoba..), más no es de esa cultura árabe en tierras de dominio islámico, de la que trata la exposición. Es de la cultura mudéjar. Mudéjares son los musulmanes que permanecen en territorio cristiano tras la reconquista, al obligarles a convertirse a la religión católica reciben el nombre de moriscos, y que fueron expulsados injustamente de España en los años 1609 y 1610 de Aragón. Esos aragoneses exiliados por motivos religiosos nos han dejado un patrimonio histórico-artístico importantísimo. No en vano, la UNESCO ha declarado Patrimonio Mundial al Arte Mudéjar de Aragón. Ahí están edificios como las torres de Teruel, o la Magdalena y San Pablo en Zaragoza, o las iglesias de Tobed, Cervera de la Cañada o Torralba de Ribota-

Las 150 piezas aparecen en tres salas. En la primera, es la decoración con alicatados nazaríes granadinos, azulejos y yesos que revestían los espacios interiores de iglesias y palacios, como el arzobispal de Zaragoza. En la segunda, es la arquitectura de autor con fragmentos de armaduras andaluzas y un alfarje. Hay grandes piezas de toda España: dos tabicas de la techumbre catedralicia de Teruel, un sitial de Calatayud con elementos góticos. La piña que colgaba sobre la catedral de Baeza y las puertas de la Capilla del Sagrario de la catedral de Sevilla. En la tercera, son las artes decorativas y suntuarias mudéjares con encuadernaciones, tejidos…, una hoja de papel hallada en Novallas con aragonesismos aljamiados sobre cómo tienen que ser las relaciones sexuales entre los moriscos: evitarlas bajo un frutal o bajo un carruaje. Todo se cierra con una sala dedicada al mudéjar destruido, como la Torre Nueva zaragozana.

Según Borrás, no solo es una muestra de arte, se ha pensado para reflexionar sobre el mudéjar y sobre las bases que sustentaron la convivencia de dos mundos a lo largo de siete siglos de dominación árabe. Este objetivo me parece hoy muy apropiado para ver la cuestión migratoria con una mirada amplia

 

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