Cuadernos de viaje - 17/05/19

Matera, capital europea de la cultura 2019

La ciudad de MATERA, al sur de Italia, en la región de Basilicata, celebra este año su declaración como capital europea de la cultura, compartiendo esta distinción con la ciudad de Plovdiv (Bulgaria). Bajo el lema “Open future” (Futuro abierto), Matera ofrece al visitante su singularidad con muchos atractivos.

 

Un poco de historia

La arquitectura y el urbanismo de Matera son el resultado de siglos de historia transmitida a la posterioridad.

Poblada desde el Neolìtico, Matera se caracteriza por sus “Sassi” (sasso significa piedra en italiano), que alude a las cuevas excavadas en las laderas rocosas del desfiladero o torrente conocido como Gravina de Matera, que se utilizaron durante siglos como viviendas y como lugares de culto y plegaria. Con el tiempo se fueron cerrando las cuevas  y edificando nuevas construcciones sobre ellas en el exterior, la ciudad se fortifica frente a las continuas invasiones, y a partir de los siglos XIV y XV se embellece con iglesias, edificios y monumentos, proceso edificatorio que prosigue en los siglos XVIII y XIX. Tras la segunda Guerra Mundial se incrementa la población de los Sassi hasta unos 16.000 habitantes, empeorando sus condiciones sanitarias e higiénicas, con muchos casos de malaria.

El presidente del Consejo de Ministros, Alcide de Gasperi, tras una visita en 1950, denuncia esta situación como de “vergüenza nacional”, lo que lleva a acometer un plan de ensanche y reacomodación de los habitantes de las cuevas insalubres hacia los nuevos barrios. Al tiempo, se pone en valor histórico-social el conjunto de los Sassi y las iglesias rupestres, transformándose algunas zonas en lugares habitables y locales culturales y comerciales.

 

Vista del conjunto de los Sassi con la torre de la Catedral en lo mas alto (foto: RSA)

 

La UNESCO declaró en 1993 a los Sassi de Matera, centro histórico de la ciudad, patrimonio mundial de la Humanidad, por tratarse de un ecosistema urbano único, capaz de perpetuar el más lejano pasado prehistórico, los modos de vida de las cuevas, hasta los tiempos modernos. Se trata de un complejo de casas, iglesias, monasterios y ermitas construidas en cuevas, integradas armoniosamente en el terreno natural y el ecosistema.

Ese paisaje especial y ese modo de vida han hecho que Matera haya servido de escenario para diversas películas. Entre ellas destacan: El Evangelio según san Mateo, de Pier Paolo Pasolini (1964); Cristo se detuvo en Éboli, película de Francesco Rosi (1979), filmación del libro de Carlo Levi, de 1945, que cuenta sus impresiones tras haber estado varios meses confinado en esa zona por razones políticas; o La pasión de Cristo, de Mel Gibson (2004)  .

 

El viaje

Matera tiene actualmente 60.000 habitantes. La ciudad comprende dos partes muy diferenciadas: una zona de ensanche sin muchas peculiaridades y la zona antigua, conjunto de los Sassi Caveoso y Barisano, en laderas culminadas por la Catedral, que es la que interesa al viajero.

Está situada a 70 kms. de Bari y a 250 kms. de Nápoles. En mi caso, acudí allí desde Bari, en un tren regional de Ferrovia Appulo Lucane. La duración del viaje –aunque la distancia no es grande– es de algo más de dos horas, pues el tren tiene paradas en muchos municipios intermedios (Modugno, Binetto, Altamura o Marivella, entre otros), atravesando un paisaje de olivos y almendros.

 

La visita

Desde la estación de Matera Centrale un breve paseo lleva hasta la plaza Vittorio Veneto, desde donde se inicia la exploración de la ciudad antigua. En uno de sus lados un mirador permite una primera vista panorámica de los Sassi, con la catedral en lo más alto, y en su subsuelo está excavada una gran cisterna de agua, denominada Palombaro Lungo, que puede recorrerse en visitas guiadas.

 

Santa María de Idris (foto:RSA)

 

Desde allí inicié mi recorrido: primero por calles llanas (via del Corso, Rigola), admirando iglesias barrocas (San Francisco, del Purgatorio, Santa Clara) y disfrutando de nuevas panorámicas desde la plaza Sedile y la piazetta Pascoli. Luego, por la vía Bruno Buozzi me interné en el Sasso Caveoso, un laberinto de vías escalonadas, por las que se accede a iglesias como la de San Pietro Caveoso, la de Santa María de Idris –enclavada bajo una masa rocosa–, Santa Lucía y el Convicinio de San Antonio, complejo rupestre con interesantes pinturas murales.

Volviendo hacia atrás, bordeando la vía llana que bordea el desfiladero, que permite contemplar la ladera del otro lado horadada por cuevas, y por la via Madonna Della Virtú, se llega a la otra parte de la ciudad, el Sasso Barisano, conjunto urbano de características laberínticas similares.

 

San Pietro Caveoso y al fondo el desfiladeros de la Gravina

 

Tras una exploración de la zona, por la via Gradoni Duomo, que asciende escalonadamente, se llega a lo más alto de la ciudad, la plaza de la Catedral, que preside el Duomo del siglo XIII, con su campanario. Su interior, de cruz latina, contiene diversas capillas con ricos elementos decorativos.

Tras la visita de la Catedral puede iniciarse el regreso –esta vez descendiendo—hacia la plaza Vittorio Veneto, por la vias Duomo y delle Beccherie, con algunos interesantes edificios.

 

Conclusión

Hay que prevenir al viajero que una visita como la resumida, a lo largo de un solo día, exige cubrir un largo recorrido, y que deambular y explorar los Sassi obliga a subir y bajar muchas vías escalonadas, como puede deducirse de las fotografías que ilustran este comentario. Por ello hay que tomarlo con calma y con algún refrigerio. No obstante, ese esfuerzo y el lógico cansancio se ve compensado sobradamente por la peculiar y especial belleza de ese conjunto de edificaciones, cuevas y pinturas.

El producto típico artesanal de Matera es un silbato de barro cocido, llamado “cuccù”. En forma de gallo, adornado con colores vivos, puede ser un sencillo recuerdo de la visita.

 

Catedral de Matera

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