Noticias - 30/06/19

Muchos intelectuales europeos tienen el dinero en el bolsillo derecho y su corazoncito a la izquierda

AGRIETAR EL CAPITALISMO

 

 

 

La izquierda europea anda desnortada, sin saber qué medidas tomar para parar esta vorágine neoliberal que nos empuja a un auténtico suicidio. Cada día la desigualdad, la exclusión y la pobreza son mayores y más insultantes, además de un irreversible destrozo de nuestro planeta. Quien no lo quiera ver, tiene un grave problema. La sociedad española piensa todavía que la situación actual es transitoria, y no es así, en todo caso será para empeorar, ya que esa es la dinámica del capitalismo. ¿Qué va a quedar de nuestro incipiente Estado de bienestar y de nuestros derechos sociolaborales?  De esta adormecida Europa no cabe esperar mucho.  Nos lo acaba de escupir en la cara poco ha el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera “Atrás ha quedado la Europa de las luces, de las revueltas, de las revoluciones”, la única Europa que vemos en el mundo es la de los grandes consorcios, la neoliberal, la de los mercados y no la del trabajo”, ” Una Europa con una democracia sin esperanza y sin fe, es una democracia derrotada. Una democracia fosilizada. En sentido estricto, no es una democracia”. “La gran mayoría  de sus intelectuales europeos se convirtieron en las máquinas tragamonedas del Poder: echas una moneda y sale una justificación”. En la Bolivia de Evo Morales poco ha, Zizek señaló: Me disculpo por los intelectuales europeos, por la forma en que los tratan a ustedes. Cuando vienen acá y supuestamente los admiran hay mucho de hipocresía. La actitud típica de este tipo de intelectuales -que seguramente tienen una buena fuente de ingresos y lo hacen bien- es tener el dinero en el bolsillo derecho y su corazoncito a la izquierda. Les gusta participar en la Revolución pero siempre que esa Revolución ocurra lejos de su vida diaria, donde pueden participar en las formas de cuidar el dinero, las intrigas del trabajo, etc. Ellos dicen que su corazón está allá, con la Revolución. La izquierda -sobre todo la izquierda europea- siempre necesitó este tipo de lugares: la Unión Soviética, China, Cuba.

La reacción ante la barbarie neoliberal hay que buscarla en otros lares. Sobre todo en el continente sudamericano.  Hoy los proyectos políticos progresistas antineoliberales están en Bolivia, Ecuador y Venezuela, o en la Selva Lacandona. Así como los creadores de pensamiento. Uno de ellos es John Holloway, de origen irlandés, aunque impartiendo clases hace ya tiempo en la Universidad Autónoma de Puebla en México. Pude conocerlo gracias a un artículo de Daniel Bensaïd, titulado “¿Y si parásemos todo? “La ilusión social” de John Holloway y Richard Day. Holloway tiene una amplísima bibliografía, de la que he podido consultar 2 libros de títulos sugerentes: Cambiar el mundo sin tomar el poder del 2002; y Agrietar el capitalismo. El hacer contra el trabajo del 2011. Ambos han sido muy polémicos y criticados desde la izquierda ortodoxa y bien acogidos en ambientes libertarios. En el primero, su tesis resumida brevemente es que no se puede hacer la revolución tomando el poder del Estado, vistos los fracasos de una socialdemocracia domesticada ante el capital; y del socialismo real, tras la descomposición de la URSS con la caída del muro de Berlín, o en China o Camboya.  Además aquí hay una cruel paradoja, las luchas de miles de personas en el siglo XX para  romper el capitalismo y crear una sociedad diferente, al final sirvieron más para fortalecerlo que para debilitarlo. La principal crítica recibida a su primer libro es que no señalaba el cómo para llevar la revolución, para subsanar esta carencia escribe el segundo Agrietar el capitalismo, que es, según el propio autor, hijo del primero. Propone que la única forma de concebir una revolución anticapitalista es en términos de la creación, expansión, multiplicación y confluencia de grietas o rupturas en el tejido de la dominación capitalista. Es un rechazo, una rebeldía, una dignidad. Un No, pero un No que va abriendo otro hacer. Una negación-y-creación. Todo el tiempo nos estamos rebelando, creando grietas, contra la lógica agresiva del capital, tratando de crear espacios o momentos donde hacemos lo que nosotras o nosotros consideramos necesario o deseable, y no lo que nos impone la lógica del dinero. El levantamiento zapatista es un ejemplo, pero también el movimiento de los indignados, donde las personas están tratando de crear otra forma de hacer las cosas, de pensar la democracia, desde abajo, colectivamente, o en las luchas contra la privatización del agua, o en las simples luchas cotidianas para vivir con dignidad. Otras grietas están por construir. Por ejemplo, el sacar todos el dinero de los bancos o no comprar productos a empresas que con pingües beneficios despiden a trabajadores. Está en nuestras manos poder crearlas.  El mundo está lleno de estas grietas.  Es importante una confluencia entre ellas. Que se conecten. Podemos entender la idea de las grietas imaginando un lago congelado: estamos intentando romper el hielo, arrojando piedras al lago. Se crean agujeros y grietas, rajaduras. Y del otro lado también están arrojando piedras y por otro lado también, que es un poco lo que está pasando hoy. Va formándose una multiplicidad de grietas que a veces se expanden y otras veces se regeneran, de manera que el agujero puede congelarse otra vez. Pero si las grietas se juntan, se hacen mayores, más potentes podremos romper el hielo del capitalismo. Ese es el objetivo.

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