Cuadernos de viaje - 01/11/19

Palermo (II): Iglesias y Oratorios

Palermo cuenta con un gran número de iglesias de gran valor  monumental. Su Catedral, la Capilla Palatina, San Domenico, Casa Professa, la cercana Monreale, y muchas más merecen una visita detenida por su arquitectura y las riquezas artísticas que albergan. Pero, además, hay algunas que tienen un especial encanto para este viajero, pues unen a su atractivo artístico un ambiente especial y pueden ser disfrutadas con sosiego y en silencio, al no estar en el itinerario de los turistas organizados.

 

Algunas Iglesias especiales

Santa María del Almirante, conocida como la Martorana, situada en la plaza Bellini, muy cerca de los Quatro Canti. Es una iglesia ortodoxa del siglo XII, con un hermoso campanario con cuatro niveles de arcos y galerias. Contiene un conjunto de excepcionales mosaicos de origen bizantino, que resplandecen por su colorido y belleza, con escenas del antiguo y nuevo testamento, apóstoles, evangelistas, y, en la cúpula, Cristo Pantocrátor rodeado de arcángeles. Las dimensiones de la iglesia, muy proporcionada, facilita el sosiego y la concentración en la visita y el disfrute detenido de tan bella ornamentación.

 

La Martorana – interior

 

(Una curiosidad  histórica: aquí se reunió la  nobleza, tras las Vísperas sicilianas, para ofrecer la corona de la isla a Pedro II de Aragón).

 

LA Martorana y San Cataldo

 

A su lado, separada solo por una palmera, está la pequeña iglesia de San Cataldo, del siglo XII, culminada por tres cúpulas rosas, que revelan su origen árabe. Su sobrio interior muestra un bello pavimento y unas elegantes bóvedas de piedra  clara y paredes desnudas que forman un bello conjunto.

 

San Cataldo – interior

 

Más alejada se encuentra San Juan de los Eremitas, situada en la via Benedittini, cerca del Palacio de los Normandos. Cinco cúpulas rosas arabes-normandas cubren su cuerpo central, austero y de planta cuadrada, y, a su lado, un campanile también culminado por una cúpula, dan al conjunto un encanto típicamente oriental.

San Juan de los Eremitas

 

San Juan de los Eremitas

 

Uno de los mayores atractivos de este lugar es el claustro del siglo XIII con arcos apuntados sostenidos por parejas de columnas,  y el frondoso jardín con variadas plantas mediterráneas (palmeras, limoneros, naranjos, jazmines), que forman un oasis de tranquilidad y encanto.

 

Oratorios

Son lugares que fueron sede de comunidades y congregaciones, cuyo reglamento los reservaba al disfrute de sus integrantes, para reuniones y actividades con fines espirituales y funciones de culto en colaboración con una iglesia cercana. Son locales de planta rectangular, con ventanas en la parte superior  y un único altar en uno de sus extremos, cuyas paredes están ornamentadas con pinturas y esculturas de motivos religiosos. Son sitios tranquilos que pueden visitarse con sosiego.

Los Oratorios de mayor interés por su categoría artística, muy cercanos uno del otro, son los de Santa Cita y San Domenico, debido a las obras de Giacomo Serpotta (1656-1732), uno de los grandes escultores europeos del Settecento.

Santa Cita

 

El Oratorio de Santa Cita (Vía Valverde, 3) ofrece un complejo conjunto iconográfico repleto de esculturas sobre estuco de Giacomo Serpotta, que demuestra su maestría para organizar el espacio y dotarlo de esculturas relativas a los Misterios del Rosario, rodeados de risueños angelotes y guirnaldas de frutas. En la pared frontera al acceso destaca un conjunto escultórico con la Batalla de Lepanto en su centro, como apoteosis de la Virgen del Rosario, protectora de la flota cristiana. Todo es blanco, pero ofrece un conjunto de gran fuerza expresiva. Merece la pena detenerse en admirar sus detalles.

 

Santa Cita – Batalla de Lepanto

 

El Oratorio del Rosario de Santo Domingo (Vía Bambinai, 4) es también un local rectangular de similares proporciones, con un altar presidido por una pintura de Van Dyck (1624), dedicada a Santa Rosalía. En el techo, la Coronación de la Virgen, de Pietro Novelli.

 

San Domenico

 

En este caso la obra de Serpotta vino condicionada por la existencia previa de catorce pinturas sobre los Misterios del Rosario. El escultor completó el decorado con una perfecta fusión entre pinturas y esculturas de estuco que las rodean. Unos óvalos contienen medallones con ilustraciones bíblicas y en unos nichos intercalados se alojan bellas estatuas alegóricas de las diversas virtudes (Mansedumbre, Fortaleza, Prudencia, Caridad, Paz, Paciencia, Humildad, etc.).

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