Historia y Política - 28/12/19

Gran Guerra, enseñanza de la Historia y socialismo en 1915

En este trabajo estudiamos un artículo publicado en El Socialista (1 de junio de 1915), y escrito por Rafael Martínez López sobre cómo se venía enseñando la historia a los escolares con sus derivaciones patrióticas y bélicas, desde la perspectiva del socialismo. El trabajo es, a nuestro entender, muy interesante porque aborda cuestiones relativas a la enseñanza de valores humanitarios y acerca de la importancia de qué historia se enseñaba y se debía enseñar desde la perspectiva de un profesor socialista. Por fin, nos informa del pacifismo socialista y de cómo habría fracasado, precisamente, por la enseñanza de esos valores guerreros.

(Wikipedia)

Rafael Martínez López (1872-1940) fue un trabajador y luchador sindicalista que decidió mejorar estudiando Magisterio por libre y alcanzando el título de maestro. Llegó a sacar su plaza de maestro nacional por oposición. También fue el creador de la Escuela Laica Socialista del Centro Obrero de Madrid en 1905 que, como sabemos, estaba situado en la calle de Relatores. Cuando se abrió la Casa del Pueblo en la calle del Piamonte pasó a impartir allí clase. También participó en la creación de la Sociedad de Profesores Racionalistas. Compaginó su lucha sindical y política con su trabajo de maestro en la sierra madrileña, llegando a ser concejal en Torrelodones, y presidente del Consejo del Frente Popular. Al terminar la guerra fue detenido. Murió de hambre y frío en Ocaña. El Diccionario Biográfico del Socialismo Español nos aporta una completa biografía, además de alguna referencia bibliográfica, de un hombre sumamente comprometido con la enseñanza desde el socialismo.

Rafael Martínez consideraba que todos aquellos que en aquel tiempo de la Gran Guerra tenían un compromiso con la paz, eran pacifistas o albergaban sentimientos humanitarios se estaban fijando en la historia, siempre llena de batallas y luchas, buscando el día en que se pudiera librar a la humanidad de esos “crímenes colectivos demoledores”. Pero también encaminaban sus ojos hacia el socialismo porque, aunque estuvieran alejados del mismo, lo habían contemplado como una especie de tabla de salvamento frente a la guerra, aunque habían comprobado su fracaso al no haber podido evitar el desastre. Sin lugar a dudas, Martínez estaba aludiendo a la derrota de la Segunda Internacional.

El problema radicaba en que faltaba educación moral para llegar a la paz, es decir, no se habían enseñado valores verdaderamente humanitarios. La historia que se venía impartido desde siempre era un factor fundamental a la hora de envenenar a las nuevas generaciones. Se enseñaba una “historia patria” en la que se valoraban a los denominados héroes que habían cometido verdaderas carnicerías. En esa misma línea, los textos religiosos ayudaban a esta mala educación al significar los conflictos en defensa de los dogmas. Este tipo de historia magnificaba o glorificaba a los hombres que más violencia habían generado.

Martínez se quejaba de que no se escribían libros de texto para primaria ni para secundaria donde se enseñase la historia de la civilización, la historia del desarrollo del trabajo, de las complicaciones que el hombre había padecido para poder sustentarse, y de cómo progresaban o se estancaban los pueblos según la forma de gobernarse. El autor estaba haciendo una crítica a la enseñanza clásica de la historia basada en hechos militares, y abogaba por una historia de los aspectos económicos, sociales y políticos, pero no de los hechos sino de forma más estructural, aunque adaptada a los alumnos.

Las narraciones de las batallas y guerras quedaban grabadas en las mentes de los alumnos para luego dar sus frutos porque alentaban el espíritu belicoso de lo que el articulista denominaba las muchedumbres, excitando el patriotismo.

La educación socialista en adultos no bastaba para combatir estos males, si no penetraba en el mundo infantil y juvenil, en la escuela primaria y secundaria. Ese era el objetivo, un cambio escolar.

El socialismo ha había previsto el estallido de la Gran Guerra al ser producto de la crisis del capitalismo, el imperialismo y el militarismo, aprovechando la incultura del pueblo y la educación recibida descrita. Martínez aludía, además, a los esfuerzos de los Congresos de la Segunda Internacional para evitar el conflicto bélico. Pero no era suficiente el empeño de los Partidos Socialistas, de sus militantes si millones de niños que ahora eran soldados habían recibido la enseñanza de la historia como había explicado, con sus héroes guerreros, avivando el odio de unos pueblos contra otros, con relatos de luchas por la independencia y formación de las naciones.

Martínez insistía en que de nada servía la lucha de los socialistas si seguía habiendo una escuela que enseñase las ideas de patria, de dioses, emperadores, reyes y guerreros. Fomentar el conocimiento de los explotadores solamente traía aumentar el espíritu militar de la juventud.

Así pues, la guerra que se estaba padeciendo era resultado de la educación burguesa.

El socialismo triunfaría el día que conquistase la educación para moldear a las nuevas generaciones para conseguir la “sociedad colectivista” y, por consiguiente, la paz y felicidad en el mundo.

Sobre Rafael Martínez López podemos acercarnos, además de al al trabajo de A. PLAZA, Rafael Martínez: retrato incompleto de un socialista olvidado, en, VIII Jornadas de Historia y Fuentes Orales (2007).

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