Cultura y Sociedad - 13/02/20

Maestros en el cine

Tal y como solemos, reproducimos la reseña que nuestro compañero Eloy Fernández Clemente hizo en A&L de Heraldo de Aragón a este libro.

Javier Lafuente González: Educar de cine. Profesores en las películas de ficción desde el cine mudo hasta hoy. Doce Robles, Zaragoza, 2019, 476 páginas.

Nos dice el autor (prestigioso editor y periodista) de este libro-río, álbum, catálogo inmenso, que la figura del docente es una de las más habituales en la gran pantalla desde que los guionistas se adueñaron de la palabra en el mundo del cine. Y se lanza en tromba a ofrecernos cientos de títulos, resumidos y comentados, agrupados temáticamente. No se trata de films con niños o de debates sobre educación: los protagonistas son los maestros y maestras, profesores de segundas enseñanzas y aun universitarias, o guías vitales. Sus vidas, sueños, problemas, éxitos.

Lafuente hizo una gran encuesta entre amigos y expertos en historia del cine, llegando a una conclusión cuantitativa por la cual, y según la memoria de quienes responden elaboró un censo enorme interesantísimo en el que junto a obras de grandes directores franceses (Renoir, Rohmer, Malle, Truffaut), y además de muchos españoles, hay argentinos como Aristarain, orientales como Zhang Yimou y Koizumi; docenas de actores y actrices memorables que dieron énfasis a los temas. Películas basadas en libros famosos (Mark Twain, Verne, Sender…) o personajes históricos como Aristóteles, Hipatia de Alejandría, el P. Manjón, J.B. de La Salle.

 

 

En el obligado índice de títulos (en que apenas se echa de menos el cine portugués) los aficionados al cine recordamos películas de profesores, más o menos ejemplares o duros y exigentes. Entre las extranjeras: Adiós, Mr Chips; Mañana será tarde; La versión Browning (un fotograma suyo aparece en portada); Es grande ser joven; El maestro, de Aldo Fabrizi; Fresas salvajes, de Bergman; Los cuatrocientos golpes; La guerra de los botones; Rebelión en las aulas; Educando a Rita; El club de los poetas muertos (Keating, se nos dice, es “el educador moderno por excelencia, modelos ideal de la contracultura”); Profesor Holland; Los chicos del coro; La clase, francesa; La duda; La cinta blanca; Profesor Lazhar; En la casa

Y entre las españolas, calaron Hoy no pasamos lista; Sin la sonrisa de Dios; Del rosa al amarillo; El amor del capitán Brando y, ya en la transición, las muy críticas con la dureza y manipulación franquistas: Las largas vacaciones del 36, ¡Arriba Hazaña!, F.E.N; y luego, con mayor calado El año de las luces, de F. Trueba; Werther, de Pilar Miró; La lengua de las mariposas, de Cuerda con un inolvidable Fernán Gómez, El florido pensil, La mala educación, de Almodóvar, Obaba, de Montxo Armendáriz, Ágora, de Amenábar, Vivir es fácil con los ojos cerrados, de David Trueba con Javier Cámara… Todas ellas, sobre todo las vistas en la adolescencia y juventud, contribuyeron a nuestra flaubertiana educación sentimental.

Algunas abordan asuntos especiales (El milagro de Ana Sullivan, Hijos de un dios menor, El discurso del rey), historias reales (Forja de hombres: inolvidable Spencer Tracy como Padre Flanagan) con secuela en La ciudad de los muchachos; delicados amores educadores o no (Pygmalion y My Fair Lady, Lolita, El maestro de música), la homosexualidad (In & Out), o la presencia del terrorismo, bien contra ETA en Todos estamos invitados o contra el IRA en En el nombre del hijo.

No faltan las sagas de aventuras, desde Indiana Jones a Harry Potter, o el humor exagerado (Hermanos Marx, Cantinflas, El profesor chiflado (Jerry Lewis), Poli de guardería, o las clásicas del Oeste.

La lectura es atractiva, interesante, evocadora de toda una vida viendo cine, gracias a la gran capacidad de síntesis, comentarios y valoraciones: un trabajo enorme.

Comentarios cerrados.