Historia y Política - 24/03/20

Los socialistas y el pronunciamiento de Villacampa

Litografía de Villacampa por Antonio Macipe para El Motín

El general Villacampa protagonizó el último pronunciamiento decimonónico en 1886 en plena Restauración, y ya fallecido el rey Alfonso XII. El pronunciamiento fue de carácter republicano, muy relacionado con la política de Manuel Ruiz Zorrilla en su exilio parisino.

Zorrilla defendió desde el Partido Republicano Progresista la táctica de la conspiración y la insurrección, apoyando u organizando los intentos de derribar el régimen de la Restauración, con nulo éxito, destacando el levantamiento del general republicano Villacampa de 1886. Estos métodos y fracasos hicieron que algunos de los más destacados miembros de la formación republicana terminaran por salirse de la misma, como los propios Cristino Martos y Eugenio Montero Ríos, aunque también pudieron pesar otras consideraciones, como las de poder acceder al poder gracias a las puertas que abrió Sagasta en el Partido Liberal a muchas figuras progresistas. Montero Ríos terminó participando activamente en el sistema político como diputado, ministro y presidente del consejo de ministros.

Pues bien, esta sublevación tuvo lugar el 19 de septiembre de 1886, pero estaba muy mal organizada, siendo un rotundo fracaso.

Desde El Socialista se hizo un análisis muy crítico del pronunciamiento, de los pronunciamientos militares en sí, y de la relación de los mismos con la lucha obrera.

Unos trescientos soldados habían recorrido distintas calles de la capital al grito de “¡Viva la República!, ¡Viva Salmerón!”, en medio de la indiferencia de la población.

El carácter estrictamente militar del hecho había sido la principal causa del fracaso de esta intentona, según el periódico obrero, porque se había prescindido claramente de los elementos populares. Los tiempos estaban cambiando, en esta interpretación socialista, ya que este hecho evidenciaba que las aspiraciones del pueblo seguían un rumbo distinto de las de aquellos que en el pasado arrastraban “a ser carne de cañón” de enemigos de su clase, que se disfrazaban de amigos de las masas.

El socialismo español pensaba que el pueblo comprendía las distintas posiciones que tenían los distintos “partidos burgueses”, es decir, que apreciaba posturas más o menos favorables para la población, especialmente de los que, en muchos artículos del periódico se denominaban en aquella época como “partidos avanzados”, pero también había comprendido que no debía participar en las luchas entre las distintas facciones de la burguesía, vertiendo su sangre, porque no se trataban de sus intereses, que no eran otros que los de la emancipación obrera.

En conclusión, este tipo de pronunciamientos militares eran burgueses, y nada tenían que ver con el proletariado.

Hemos consultado el número 29 de El Socialista. Sobre el pronunciamiento podemos acudir al trabajo de Jorge Vilches, “1886, el último pronunciamiento republicano”, en Libertad Digital (diciembre de 2009).

 

 

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