Cuadernos de viaje - 01/04/20

Columnas de la peste: Viena, Praga, Nápoles

A mediados del siglo XIV se inició la mayor epidemia de peste en la historia de Europa, que durante  varios años asoló el continente  y causó millones de muertos. Desde entonces, la peste hizo su aparición una y otra vez hasta principios del siglo XVIII. Para conmemorar la superación de los diversos episodios de la epidemia se levantaron monumentos –las columnas de la peste– en muchas ciudades. Monumentos que vienen al recuerdo del viajero cuando otra epidemia, el coronavirus, nos agobia.

La peste es una enfermedad infectocontagiosa muy agresiva, en sus diversas manifestaciones, que puede ocasionar la muerte del que la padece. En particular, se conoce como peste negra la gran epidemia que azotó a Europa a mediados del siglo XIV. Iniciada en la península de Crimea, marinos y mercaderes, ratas y pulgas infectadas, la llevaron consigo por los puertos que visitaban, extendiendo el contagio con gran rapidez. Los elementales conocimientos médicos, las deficientes condiciones higiénicas y la mala alimentación suponían un caldo de cultivo para la rápida propagación de las epidemias y su alta mortalidad, que en algunos  lugares alcanzó al sesenta por ciento de la población. Por esas razones durante muchos años hubo numerosos brotes de peste en toda Europa causando terribles daños en las poblaciones afectadas.

En esa época la falta de conocimientos científicos provocaba que la población achacase el origen de una enfermedad tan cruel a la cólera divina por los pecados de la población. Rogativas, súplicas y penitencias intentaban aplacar a la divinidad. Y, cuando cesaba la epidemia, en muchas ciudades se decidió erigir monumentos que lo celebraban y, al mismo tiempo, agradecían a Dios, vírgenes y santos haberla superado.

Entre esos monumentos –columnas de la peste–, de gran valor artístico, he elegido tres como muestra, fáciles de conocer, pues están erigidos en ciudades muy visitadas: Viena, Praga y Nápoles.

Seguramente la columna de la peste más conocida es la Pestsäule de Viena, situada en el centro de la ciudad, en Graben, calle peatonal muy concurrida cerca de la catedral de San Esteban. Se construyó tras la gran peste de Viena de 1679, cumpliendo una promesa del emperador Leopoldo I. En su diseño intervinieron varios técnicos y escultores (Ranchmüller, Fischer von Erlach, Studel, Burnacini), logrando un espléndido monumento barroco que integra diversas figuras alegóricas. En su pedestal, el emperador Leopoldo I está orando arrodillado, y bajo él dos estatuas representan el Triunfo de la Fe y la Victoria sobre la Peste, una anciana de piel arrugada que cae de cabeza al suelo. Sobre todo ello se alza un obelisco revestido de nubes, nueve ángeles y relieves sobre temas bíblicos, que culmina con la representación de la Santísima Trinidad.

 

 

 

En Praga, una columna de la peste se sitúa en la plaza de Malà Strana, junto a la iglesia de San Nicolás. Fue erigida en 1715, diseñada por Giovanni Alliprendi, en muestra de gratitud a la Santísima Trinidad por la finalización de una epidemia de peste que azotó Praga durante dos años. En su base tres fuentes representan a la Vida, la Gracia y la Salvación, y sobre un alto pedestal figuran estatuas de santos patrones de Bohemia: San Wenceslao, San Adalberto, Santa Ludmila, San Juan Nepomuceno y San Procopio. Sobre él se alza una columna u obelisco, en cuyo centro una paloma representa a la Santísima Trinidad e irradía rayos dorados, que culmina el Ojo de Dios.

 

 

 

En Nápoles, la Guglia (aguja) de San Domenico, es uno de los tres grandes obeliscos de la ciudad, junto con el de San Jenaro y el de la Inmaculada.  Está situado en su casco antiguo, en la bella Plaza de Santo Domingo Mayor, enfrente de la iglesia del mismo nombre. Fue erigido, a petición del pueblo napolitano, como agradecimiento por haber superado la epidemia de peste de 1656. En su construcción se fueron sucediendo diversos artistas (Fanzago, Picchiatti, Vaccaro), que fueron añadiendo al monumento bajorrelieves y estatuas, con diversos elementos decorativos (sirenas, jarrones, escudos, medallones de los santos dominicos), hasta su culminación en una pirámide con una estatua en bronce de Santo Domingo en lo más alto.

 

 

fotografías: wikipedia

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