Historia y Política - 03/07/20

Los socialistas y el fin de los Borbones en la Historia

En el número del 15 de abril de 1931 del periódico El Socialista se incluyó un artículo en la primera página con el título de “La caída de la dinastía” donde se realizaba una suerte de comparación entre dos momentos históricos separados por 63 años, esto es, la Revolución de septiembre de 1868, la conocida como la “Gloriosa” y las elecciones municipales de abril de 1931. Ambos acontecimientos habían llevado a la caída de la dinastía de los Borbones.

El artículo afirmaba que en 1868 se había expulsado a la reina Isabel por un movimiento nacional, pero el pronóstico que allí se había realizado sobre que habían caído los Borbones para siempre no se había cumplido, porque siete años después de los fracasos de la Monarquía de Amadeo y de la Primera República un golpe había reinstaurado en el trono al hijo de Isabel II, Alfonso XII.

Para el periódico obrero el medio siglo largo de la Restauración había sido nefasto para España. El país no se había incorporado a “la verdadera civilización europea”. La riqueza nacional, sacada a los productores y contribuyentes, no había servido para eso, sino para mantener a un “ejército de parásitos amparadores de los privilegios de la casta reinante”, y en cuyo beneficio se habían desarrollado las guerras coloniales (98) y la de Marruecos. El periódico insistía mucho en esta cuestión de las guerras por la pérdida de vidas humanas y por su alto coste económico. El socialismo español siempre mantuvo una postura radicalmente contraria a las guerras en las que se involucró España, siendo la de Marruecos especialmente combatida. Precisamente, este conflicto era interpretado por el periódico como un hecho clave en la toma de conciencia de los españoles contra el sistema político, un proceso que conduciría, en esta interpretación, a abril de 1931.

Se repetía la Historia con el final de nuevo de los Borbones, pero se estaba seguro que, en esa ocasión, no volverían porque ahora existía un Partido Socialista, dedicado a ser una especie de guardián celoso de la República.

Los Borbones estaban condenados “de por vida a pasear por el mundo sus lacras morales y físicas…”.

El devenir histórico, como bien sabemos, hizo que los Borbones no volvieran tan pronto como después del Sexenio Democrático, pero regresarían 45 años después.

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