Historia y Política - 31/08/20

¿El centralismo de Madrid está rompiendo España?

España por la República : ¿Y si votamos todos en la consulta?
El uso del término Régimen del 78 levanta muchas suspicacias entre aquellos participes en su construcción. Creo que son infundadas. Ya que según acaba de señalar Josep M. Vallés, “el término Régimen es lo que algunos aprendimos de Duverger vía Jiménez de Parga en nuestro primer curso universitario. Un régimen político es la forma que una sociedad tiene de gestionar sus problemas colectivos, recurriendo a una determinada combinación de instituciones, normas y actores sociales y políticos”. El Régimen del 78 permitió dos largas décadas de estabilidad y prosperidad, probablemente las mejores de nuestra historia contemporánea. Sin embargo, de manera continuada e irreversible desde principios de este siglo, el régimen muestra deficiencias claras para gestionar razonablemente los problemas colectivos, entre ellos el de la vertebración territorial, que ya viene de lejos.
Xavier Domènech en su libro «Un haz de naciones. El Estado y la plurinacionalidad en España (1830-2017): «Creo que España vive ahora su cuarta crisis territorial, de la que Catalunya solo es una expresión. La primera fue el Plan Ibarretxe, la segunda el Estatut y el Procés, la tercera está siendo la revuelta de la España vaciada, y la cuarta la Comunidad de Madrid».
En relación a Cataluña, sigue diciéndonos Xavier Domènech, palabras para reflexionar en profundidad. «Hay pocos lugares en Europa–o ninguno, según se mire– donde existan al mismo tiempo una deslegitimación tan patente del Estado, que va del rechazo a la Constitución hasta la desaprobación del Jefe del Estado, y a la vez una opción de ruptura que apoyan, en diferente grado, más de dos millones de personas».
Y esta crisis territorial se ha corrompido y podrido como consecuencia de un inexplicable autismo político de nuestra clase dirigente.  Un ejemplo. Como señala Luisa Elena Delgado, profesora de Literatura Española, Teoría Cultural y Literaria, y Estudios de Género en la Universidad de Illinois en su artículo La nación (in)vertebrada y la crisis de la modernidad democrática (2014), en el discurso pronunciado por Juan Carlos I el 22 de noviembre de 2000 en el Congreso de los Diputados ante las Cortes Generales con motivo de su proclamación como Rey dijo: “En este último cuarto de siglo España se ha enfrentado con ilusión de futuro, con valentía y madurez a la resolución de viejos problemas históricos y los ha superado, particularmente el de su articulación territorial”. Ignoro quién le redactó el discurso, pero quien lo hizo se cubrió de gloria, ya que fue pronunciado unas horas después del asesinato en Barcelona por parte de ETA del exministro socialista, catedrático y escritor  Ernest Lluch. Y también dio muestras de sus virtudes proféticas, si nos detenemos con la evolución política de Cataluña.
Pero en esta problemática de vertebración territorial, sigue diciéndonos Xavier Domènech: «No solo son movimientos nacionalistas. También la existencia de Teruel Existe manifiesta un problema de vertebración territorial. Muchos españoles de la España vaciada ,que se sienten como tales, consideran que los grandes partidos nacionales ya no les representan, que sus territorios han sido abandonados y marginados. Vox fue muy agresivo contra Teruel Existe porque, consciente o inconscientemente, su mera existencia niega una concepción de España donde el nacionalismo español sirve básicamente como una forma de drenaje de recursos hacia el centro. La Comunidad de Madrid se ha podido permitir en algunos momentos grandes bajadas de impuestos y dumping fiscal con el resto de comunidades gracias a que sabe que tiene un Estado territorializado en el centro detrás y que, además, va a rescatarla si en algún momento quiebra. Ese centralismo ha sido y es pernicioso para la vertebración territorial de España».
Dice bien Xavier Domènech no en vano además de historiador ha participado activamente en la política tanto en Cataluña, como en el resto del Estado. Y si alguno todavía tiene alguna duda añado algunos detalles en relación a ese papel desvertebrador de España por parte de la Comunidad de Madrid.
Más de 108.000 jóvenes se fueron de Castilla y León en la última década, lo que es extensible a Castilla La Mancha, Andalucía, Extremadura, Aragón, etc. La mayoría con destino a Madrid. Muchos retornan para Navidad, como en el anuncio de Turrones El Almendro, a pasarlas con sus familias. Pero la Navidad se acaba y todos ellos se irán de nuevo por la falta de oportunidades laborales. Ha aparecido un espacio de jóvenes de Castilla León para contar sus historias y llamar la atención sobre un fenómeno: Castilla y León invierte en la educación de miles de jóvenes, que se ven obligados a marcharse. «Hay una lucha de poder entre las comunidades autónomas periféricas y Madrid, que está absorbiendo a las comunidades del interior. Las están convirtiendo en geriátricos». En las redes sociales ha irrumpido un vídeo en el que la juventud de Castilla León reclama volver a su tierra de origen. Es breve, pero de una contundencia apabullante. Con la etiqueta #QueremosPoderVolver, el vídeo, dirigido y protagonizado por integrantes del grupo de jóvenes de Castilla y León en Madrid, recoge una reflexión real que realizó un padre a través de Facebook ,al ver partir a su hija para buscarse un futuro en Madrid. Videos que podrían ser extrapolables a otras comunidades, que forman la “España vacía”.
He ahí una de las causas de la España vaciada. Esta situación de la Comunidad de Madrid supone una competencia desleal e insolidaridad con el resto de las comunidades que genera un “dumping fiscal” que impide que se garantice el equilibrio económico entre regiones, tal como recoge la Constitución en su artículo 138.1 que dice que se debe velar por el establecimiento de un equilibrio económico, adecuado y justo entre las diversas partes de los territorios de España.
Por tanto, Madrid ha pasado de capital administrativa en el siglo XVI, a capital política en el XVIII y, desde hace dos décadas, a capital económica. Es la capital total, equiparable a la capitalidad indiscutida de París en Francia. La mayoría de las multinacionales españolas tienen su sede operativa en Madrid; atrae una fuerte inversión exterior; se han desarrollado sectores de alto valor añadido como el audiovisual y las altas tecnologías. Hoy es innegable que en Madrid se está consolidando un núcleo de poder político-financiero-funcionarial-mediático que, esta vez sí, ha conseguido la hegemonía peninsular y que desde el centro está cuestionando todo el proceso de descentralización administrativa del Estado de las Autonomías, intentando recentralizar el Estado español. También se ha convertido, como ya he comentado, en un paraíso fiscal para las grandes fortunas, mostrando su insolidaridad con el resto de España. Y por supuesto, la capital de la corrupción. Son precisamente los que llenan sus discursos de la palabra unidad y España los que más fomentan los desequilibrios territoriales. Que luego no se sorprendan de la aparición de réplicas más o menos contundentes desde la periferia contra ese centralismo insolidario.
Decía Raymon Aron: «Aquellos que creen que los pueblos se guían por sus intereses más que por sus pasiones (sentimientos, emociones, afectos…) no han comprendido el siglo XX. esto es verdad también para el siglo XXI.

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