Música - 31/12/20

Desiderata para el Concierto de Año Nuevo de Viena 2021

Me gustaría que el clásico concierto de Año nuevo desde Viena del 1 de Enero de 2021 fuera diferente al de otros años.

Me gustaría que las butacas vacías y los aplausos virtuales nos sirvieran de reflexión sobre hacia dónde pueden llevarnos los desvaríos y las irresponsabilidades.

Me gustaría que el espectáculo fuera primordialmente un recuerdo a todas las víctimas de un año 2020 cargado de notas negativas y luctuosas.

Me gustaría que el maestro Riccardo Muti fuera consciente de que a pesar de tener la sala vacía de público va a tener una ventana enorme abierta a todo el mundo y esperaré algunas palabras suyas acordes al momento que vivimos. Recordaré su valiente intervención hablada durante una representación de Nabucco en Roma en marzo de 2011 ante el mismísimo Berlusconi.

Me gustaría que los músicos dibujaran acordes de esperanza y de vida. Me gustaría que la música abrazara a todas las personas que salen y van a salir de esta pandemia con heridas profundas de difícil cicatrización. Me gustaría que nadie se apropiara de la música, me gustaría que el misterio y la belleza de la música prevalecieran por encima de cualquier otra consideración.

Me gustaría que las flores y las luces y todas las imágenes televisadas tuvieran soporte de solidaridad y que ésta fuera la que diera verdadero sentido al acto.

Me gustaría que el ballet interviniera en honor del abrazo, del beso, de las conversaciones interrumpidas y necesarias, de la recuperación, del reencuentro, de la reanudación de complicidades rotas.

Me gustaría que la orquesta derribara todos los muros y barreras y representara a todas las orquestas del mundo y a todo el variadísimo ámbito cultural que tanto está sufriendo en la presente crisis. Me gustaría que el concierto fuera verdaderamente universal.

Me gustaría que el Director llevara una batuta símbolo y garantía de armonía, comunicación y cooperación mundiales.

Me gustaría que la marcha Radetzky derribara a su paso muros, alambradas y barreras y todos los obstáculos de corrupción, mentiras y malas artes.

Me gustaría que el Danubio azul repartiera a su paso semillas de justicia y esperanza. Me gustaría que todos los ríos del mundo fueran símbolos de acogida y que sobre ellos se levantaran enormes puentes de comunicación para quienes se ven en la obligada necesidad de abandonar su lugar de nacimiento.

Me gustaría que el concierto no fuera un oasis pasajero ni la demostración de lujo y poder sino el comienzo generalizado de búsqueda de nuevos horizontes sociales para la humanidad.

Me gustaría que cada instrumento realizara un homenaje de desagravio a la Madre Tierra, casa común olvidada y ultrajada de tantas maneras.

Me gustaría poder desear con esperanza un FELIZ AÑO NUEVO donde la pureza de la música derribara a toda clase de hipocresías y mezquindades.

Me gustaría que el concierto fuera un punto de inflexión histórica camino hacia una humanidad más igualitaria y justa.

Me gustaría que pudiéramos sentir las lágrimas de cada una de las notas que saltarán desde el escenario a nuestras pantallas.

Y me gustaría que esas lágrimas fueran semillas fecundas portadoras de fértiles condiciones de vida digna para toda la ciudadanía.

Escucharé el concierto. Me gustaría vivirlo así. Este año no puede ser de otra manera. FELIZ AÑO NUEVO A TODO EL MUNDO.

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