Publicaciones - 21/04/10

Amarga memoria, una tarea aragonesa imprescindible (II)

Recogíamos noticias en anterior comentario de la asombrosa actividad del Programa Amarga memoria de la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Aragón. El tema, afortunadamente, no está acabado, ni en ese Programa ni en otras editoriales y entregas.

Damos hoy noticia del último número de la muy renovada revista Jerónimo Zurita, de la Institución Fernando el Católico, cuyo número 84, de 2009, acaba de salir. Contiene, junto a sus habituales secciones miscelánea, de referencias y libros, un dossier sobre Guerra civil: las representaciones de la violencia, coordinado por Miguel Ángel Ruiz Carnicer y Javier Rodrigo, profesores de Historia Contemporánea en nuestra Universidad. Como ambos suscriben en la introducción la revista “en su era actual quiere acercarse a los problemas y complejidades de la contemporaneidad, al finalizarse un año lleno de aniversarios y por tanto proclive a unas conmemoraciones que, ciertamente, han tenido salvo excepciones a dejar al margen a la historiografía profesional”.

El dossier está encabezado por un espléndido artículo de Santos Juliá, reproducido de Claves nº 164, la revista de inspiración socialista que acaba de cumplir su número 200. Curiosamente, los tres autores aragoneses (Irene Abad, José Luis Ledesma y Javier Rodrigo) abordan desde distintos ángulos el tema de la violencia. En palabras de su comentarista, Pedro Rújula, Ledesma “muestra la genealogía de los análisis y los condicionantes que han afectado a la producción historiográfica sobre el tema, llamando la atención sobre los déficit de profesionalidad y los abusos del ensayismo”, mientras que Rodrigo “manifiesta su preocupación por la popularización de mitos y simplificaciones históricas y explicativas de cierto revisionismo histórico”, y su lógica extraacadémica.

Por las mismas fechas, y también coordinado por Javier Rodrigo, el número 76 de la revista Ayer contiene un dossier de media docena de trabajos, entre ellos uno del ya citado Ledesma, de parecido corte. La originalidad del bloque y su interés, radican en la atención puesta a la retaguardia y a la cultura de guerra subsiguiente. Como indica el coordinador, “la española fue… una guerra combatida en los frentes pero vencida en las retaguardias. Frente y retaguardia suponen, en un contexto bélico, dos universos fuertemente interrelacionados, hasta el punto de determinarse mutuamente”.

Una tercera entrega en esta serie es la mención del libro de Ángel Alcalde, Lazos de sangre. Los apoyos sociales a la sublevación militar en Zaragoza. La Junta Recaudatoria Civil (1936-1939), publicado por la Institución Fernando el Católico. El núcleo del estudio, que también disfrutó de una beca del proyecto Amarga Memoria, es el análisis de la actividad y composición de esa Junta, creada el 28 de julio de 1936 para “unificar la recaudación de dinero y bienes materiales destinados al ejército y las organizaciones insurgentes” canalizando los apoyos de la burguesía zaragozana a la acción golpista, supuso también “el férreo control social de la masa de población”.

Presidida por el notario Palá, la integran gentes como el banquero Baselga, el abogado Laguna Azorín, con grandes ayudas del Duque de Villahermosa, el arzobispo Doménech, el rector Calamita, y todo tipo de apoyos de apellidos tan sonoros como los Escoriaza, Izuzquiza, Gómez Laguna, Altolaguirre, Cremades, Valenzuela la Rosa, o profesores como Sancho Izquierdo, Gil y Gil, P. Ramón y Cajal, R. Royo Villanova, Rocasolano. ¿Alguien lo dudaba? Va la constatación de sus donaciones, más o menos forzadas o entusiastas, eso es más difícil de dilucidar. Y nadie pide cuentas. Sólo establecer hechos. Muchos de ellos han tenido hijos y nietos perfectamente demócratas y nadie quiere echarles en cara ese pasado, todo lo contrario. Pero la ignorancia ha sido siempre mala consejera: las heridas se curan limpiándolas, medicando y cerrando luego, no en falso. Es un deber de esta sociedad que, no me cansaré de recordarlo, 70 años después todavía no ha sellado un abrazo, no ha firmado la paz, desde ambos lados.

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