La lírica urbana de Helen Levitt
El MUICO, un nuevo y coqueto museo que acaba de abrir sus puertas, ligado a la Fundación ICO, acoge la exposición antológica sobre la obra de Helen Levitt, fotógrafa norteamericana como Diane Arbus y que como ella se decantó por retratar la cultura popular americana desde mediados de los años 30.
Si la muestra de Arbus es mínima, la de Helen Levitt es enorme, exhaustiva y con unos modelos muy determinados, la gente más humilde de los más abandonados barrios del Nueva York de los años 30/40. Por su objetivo pasan no solo blancos pobres sino afroamericanos, emigrantes italianos o puertorriqueños, todos ellos habitan los mismos barrios, sin apenas problemas aparentes de convivencia, con la calle como escenario para su devenir diario, su trabajo, sus juegos, charlas o fiestas.
Pobreza en estado puro, suciedad y abandono. Calles de Nueva York llenas de basura, edificios abandonados y extrema pobreza, -la debacle posterior al crac del 29, la gran Depresión esta aun muy presente y se nota en cada fotograma-. Contrastando con este escenario, niños jugando felices pese a no tener nada con que hacerlo, ajenos a lo que hay a su alrededor. Faltos de calzado y ropa, parecen sacados de un país tercermundista y no de la rica Norteamérica. Sin embargo Levitt los retrata felices en sus juegos y travesuras, carentes de pudor o vergüenza ante el objetivo, mostrando sus pillerías, sus diversiones o las pequeñas batallas entre desarrapados. También en carnavales o disfrutando de una boca de riego abierta en los calurosos días veraniegos. Niños de la calle y también madres charlando con sus vecinas a las puertas de sus casas o con sus hombres. Yendo a la tienda de la esquina o endomingadas para asistir al servicio del domingo. Todo pasa ante la cámara de Levitt, un mundo alejado de la Quinta Avenida o de Manhattan, mostrándonos que la pobreza estaba más cerca de los norteamericanos de lo que las películas nos hacían creer.
Juergen Teller, en busca de la imperfección
Después de dos artistas tan realistas, alejadas de cualquier artificio, recorrer la exposición de Juergen Teller es aproximarse a otra forma de entender la fotografía. Este fotógrafo alemán ha jugado un papel fundamental en la redefinición de la fotografía de moda, dándole un carácter más intimista y a la vez realista en el que la modelo se muestra en posturas o ambientes extraños sin que por eso carezca de belleza. Su trabajo siempre en color esta realizado con una cámara automática de 35 mm. y es la manera en como utiliza la utiliza lo que marca una impronta a sus fotografías. Incansable buscador de la “foto perfecta” utiliza la cámara contra sí misma, con imágenes subexpuestas, flases reflejados en superficies brillantes como pueda ser un espejo, a veces desenfocadas. Por esta rara utilización de la cámara podría ser tildado de mal fotógrafo, pero no es así, ya que en lugar de buscar la belleza en la perfección, Juergen Teller la busca y la encuentra en la imperfección.
La esencia de su trabajo es el retrato, de su familia, amigos, modelos, diseñadores, músicos, otros fotógrafos o de si mismo, ya que ante todo es un fotógrafo de personas. Necesita que la gente a la que fotografía se sienta a gusto y por eso a veces les cede la cámara, les permite que sean ellos los artistas, los dirige para que hagan sus fotografías. De esta manera da la impresión de que ésta tiene vida propia más allá de las manos de Teller.
En definitiva una manera muy personal e innovadora de entender la fotografía que no solo le hace ser reconocido como un gran fotógrafo de moda, sino que también le ha permitido llevar sus exposiciones a grandes museos y galerías de todo el mundo.
Esta es una pequeña y modesta referencia de tres de las exposiciones vistas en PHOTOESPAÑA 2010, hay muchas más. El maridaje entre Madrid y esta muestra internacional de fotografía y artes visuales dan como resultado un acontecimiento altamente recomendable que hasta el 25 de julio se puede visitar. Si tienen oportunidad no dejen de hacerlo.


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