Sociedad - 26/07/10

Pero, ¿hay crisis?

Las crisis no son algo intrínsecamente malo. El mundo ha mejorado porque padece crisis cíclicas que abren nuevos debates y requieren formular nuevos planteamientos. Etimológicamente, crisis implica un cambio brusco. Pues bien, a tenor de nuestra realidad política y social deberíamos plantearnos si estamos ante una crisis de la gravedad anunciada.

Una crisis de esta envergadura debería hundir en las encuestas a los partidos políticos mayoritarios, relegar al ostracismo a los sindicatos más representativos, generar nuevos movimientos sociales, mantener a la universidad en una tensión permanente, extender el descontento a la calle, promover un replanteamiento del modelo de Estado y de los cauces de participación ciudadana, revisar absolutamente el sistema financiero y el modelo productivo que nos han conducido a ella y, entre otras muchas más cosas, abrir un debate destinado a generar nuevas ideas asentadas en unos valores básicos que fueron adulterados por el sistema.

Sin embargo, nada de esto sucede. El entramado político y los interlocutores sociales sobreviven cómodamente, la universidad se burocratiza y se cuece en su propia salsa a la boloñesa, los movimientos sociales padecen la anemia habitual y se pelean por las migajas del presupuesto, la gente intenta buscar una salida individual a sus problemas, los debates se centran exclusivamente en las cuestiones macroeconómicas, las decisiones se toman en centros de poder ajenos a la soberanía popular y las reformas no combaten el modelo sino que lo consolidan. Para colmo, los derechos sociales se aminoran porque se consideran un obstáculo más para salir del atolladero.

Parece ser que la crisis que padecemos se debe a que unos señores, los banqueros, prestaron un dinero que no tenían a unas personas que no podían devolverlo. Y todo ello basado en la fraudulenta tasación de los bienes que se presentaban como garantía. Mas los traficantes de dinero van a salir bien parados de todo esto porque los sacrificios van a recaer sobre los consumidores, que se creyeron que el sistema económico era serio y sólido y no entendieron que el futuro es siempre un espejismo. Y eso que nos habían dicho que los traficantes son siempre más culpables que los meros consumidores. Es más, quienes, imbuidos de la mentalidad de nuestros padres, optamos por el ahorro, quienes no caímos en la trampa, quienes no entramos en el juego también vamos a pagar las alegrías de unos y de otros.

¿Crisis? Sí, pero de ideas y de valores, no precisamente bursátiles.

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