Cultura y Sociedad - 24/08/10

Para la libertad

Por encima de las fronteras, razas, orígenes, condiciones sociales, religiones o ausencia de ellas, existe un nexo que ha reunido a lo largo de la historia a toda clase de personas en una empresa común: la Libertad. En estos tiempos donde la distopía se impone a los idealismos, el escepticismo a la ilusión por mejorar el mundo y el individualismo se yergue obsceno y desafiante sobre el bien común, conviene rescatar de la historia algunos personajes que apostaron su vida por ella y que podrían servirnos de inspiración para disipar los negros nubarrones que ahora ocupan la conciencia colectiva de los pueblos.

Me vienen a la memoria, por ejemplo, el recuerdo de los brigadistas que, desde distintas partes del planeta, acudieron a nuestro país guiados por este sueño universal para combatir en suelo extraño. Gente como el norteamericano Oliver Law, uno de los primeros hombres negros que comandaron tropas de blancos en la brigada Abraham Lincoln. Law, que murió en la batalla de Brunete luciendo unos galones que había ganado por méritos propios, dejó esta memorable frase para la reflexión: “En España fue donde por primera vez, siendo negro, me sentí libre”.

En 1936 zarpó desde Nueva York para luchar por nuestra libertad. Abandonó un país cuyo Gobierno les había prohibido participar en el conflicto español y donde 9 de cada 10 estadounidenses ignoraban lo que estaba sucediendo aquí. Hacia una tierra lejana y desconocida en la que no conocía a nadie con el único propósito de defender los principios en los que creía.

O como Abe Osheroff. Otro de los 3.000 brigadistas que abandonaron su patria para pelear contra el fascismo de Franco y sus secuaces. “Aunque somos pocos- declaraba Osheroff en un homenaje recibido antes de su muerte a los 92 años- estamos hechos de una pasta que no se desvanece, con o sin monumentos”

Y así fue para este hombre que hizo de su vida un ejercicio de activismo demostrando, como declaraba él mismo, que “Los bastardos nunca dejarán de ser malvados pero que los seres humanos decentes nunca se rendirán en su lucha”. Graduado en la  High Boy´s School de Brooklyn, se unió al Partido Comunista  y embarcó con otros compañeros en 1937 para España. Tras regresar a Estados Unidos, dedicó toda su vida a la defensa de estos ideales. Con 90 años, recorría en su silla de ruedas las calles de su ciudad lanzando soflamas antifascistas con un megáfono.

Para muchos estaremos hablando de locos o iluminados. Soñadores que rechazaron la “sensatez” de aceptar la ignominia e invirtieron su existencia en idear una sociedad más justa y mejor para todos. Para otros, entre los que me incluyo, seres preciosos e imprescindibles que diseñaron la senda que algunos aspiramos a seguir.

Ellos pasaron, amando esos mundos sutiles de los que hablaba Machado. Ahora nos toca encontrar sus huellas. Recuperarlas del polvo del descrédito para que nos sirvan de guía en el camino.

El escenario ha cambiado. Ahora, la ofensiva es global y global debe ser la resistencia. Todo nos amenaza. La poesía ha sido arrinconada y reducida a las inútiles cuartillas de los libretos. El romanticismo está siendo masacrado en una sociedad que todo lo cuantifica y materializa.

Pero aún quedan unos cuantos bardos que han renunciado a medicarse contra la utopía.

Como los integrantes de la “serpiente naranja” que avanzan hacia Bruselas con su equipaje de quimeras quijotescas. Buenas gentes con los corazones henchidos de esperanza que han hecho de sus pies una mágica montura, deseosos de compartirla con todo aquel que no haya renunciado a confiar en que otro mundo es posible y necesario.

Mis hermanos. Mis queridos amigos a los que he tenido que abandonar físicamente para reincorporarme a mí puesto de trabajo. Para estos caminantes por la Libertad y la Justicia social es también este humilde homenaje. Mi corazón viaja en sus mochilas y mi pensamiento recorrerá junto a ellos todos los senderos hasta conseguir la victoria del género humano sobre toda la bazofia que nos desafía.

1 comment to Para la libertad

  • Nuestro recuerdo del pasado puede ser, voluntariamente o no, distorsionado para que nos sirva en nuestros afanes actuales.
    Los brigadistas que vinieron de la mano del Partido Comunista en 1936 lo hicieron no sólo para luchar contra el fascismo, sino también para hacerlo impulsando la estrategia del Komintern dirigido con mano de hierro por Stalin.
    Y lo hicieron dando ejemplo de heroismo y sacrificio, pero sobre todo, de disciplina militar.
    Cuando reividicamos su memoria ¿reivindicamos también sus ideas, todas sus ideas? ¿O sólo las que nos parecen “Políticamente Correctas”?
    Defender el sacrificio en el contexto de una organización militar no es coherente con considerar un triunfo al desaparición del servicio militar obligatorio. Que se lo pregunten a los de la “Quinta del Biberón”, reclutados forzosos por la República Española con 17 años después de que los brigadistas fuesen obligados a abandonar la Guerra.

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