Cultura y Sociedad - 23/10/10

Tous ensemble!

¡Todos juntos! Este es el grito de guerra que más se repite en las movilizaciones francesas. “Los de abajo”, como denomina despectivamente la prensa neoliberal a los huelguistas, extienden este mantra entre todos los desheredados por el sistema. Una letanía que está confiriendo fuerza a los colectivos que luchan contra las agresiones laborales y sociales que sufrimos los trabajadores y ciudadanos europeos en general.

Por eso, los figurantes de este psicodrama mediático, nuestros aguerridos compañeros galos, son mostrados a la opinión pública como bárbaros que justifican la violencia y no dudan en usarla. Desde el poder mediático, incluso desde la centroizquierda, se les desnuda del contenido moral para ningunear su mensaje y hacerlos aparecer como masas enfebrecidas y manipuladas que seguirían, con la misma devoción, los mandados ultraderechistas de Le Pen.

Intentan abortar este incipiente germen de insurrección entre las clases que, para ellos, deben estar siempre subordinadas a las necesidades de sus ávidas carteras. Demonizar a los rebeldes para qué los demás pierdan definitivamente la esperanza y no se resistan al expolio final.

Pero la consigna está tomando cuerpo: Tous ensemble! Y así lo entienden en el país vecino estudiantes, sindicatos, trabajadores, inmigrantes, colectivos sociales…

Son muchos los que ya comprenden la necesidad de conformar un amplio frente de resistencia a la avaricia de los mercados. Aunar todas estas voluntades, anulando fronteras y otras diferencias imaginarias e interesadas, es el siguiente paso. Solo juntos, podremos contrarrestar la auténtica violencia que el capital está ejerciendo sobre la gente.

Los derechos más elementales, los que tantos años, sangre y lágrimas ha costado conseguir, se desmoronan como un castillo de naipes. Se ha abierto la veda contra nuestra dignidad y son muchos los francotiradores. Desde prestigiosos grupos de prensa franceses, que rinden pleitesía a las directrices de la Unión Europea, se dispara sin rifles contra este clamor popular de justicia. Magnifican los incidentes conflictivos para diluir la verdadera causa de los mismos.

La insensible brutalidad con la que se está legislando el futuro de los pueblos, ha hecho hervir la sangre de muchos hermanos y hermanas franceses. Aunque ningún acto de violencia es justificable, ni siquiera práctico, puede explicarse como una reacción a una agresión de mayor calibre. Y resulta muy cínico que sean precisamente, los que con mayor saña actúan, quienes señalen con el dedo acusador estos arrebatos provocados por ellos mismos. Quien administra tanta violencia, debe contar con la desesperada reacción de alguna de sus víctimas. Nuestros vecinos les están sacando las garras. Han tomado las calles, juntos y pacíficamente en su mayoría, para decirle a su gobierno y a la Unión Europea que no están dispuestos a ceder.

En Carpetovetonia, mientras tanto, andamos entretenidos hurgándonos la pelusa del ombligo. ¿Cuál es la estrategia a seguir después de la Huelga del día 29? ¿En qué andamos pensando unos y otros? ¡Afrancesémonos un poco! Tomemos ejemplo de su ¡Todos Juntos! Si sumamos activos nos daremos cuenta que no estamos tan inermes. Que no todo está dicho y que, aunque lo estuviera, merecería seguir plantando cara.

Por puro orgullo de seres humanos libres. Por una mera cuestión de decencia.

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