Cultura y Sociedad - 02/11/10

Eu nom te espero

¡Hay que ver la que se ha liado con la visita de Ratzinger a Santiago! Total, por unos cuantos milloncejos de euros que nos va a costar la misa pontificia. ¿Es que Santiago no vale una misa cueste lo que cueste? Pero ya saben ustedes, existe una caterva de agnósticos y ateos empeñados en amagar el evento. Anticlericales resentidos, homosexuales, abortistas y degenerados de todo pelaje progresista que cuelgan en sus paganos balcones una provocadora pancarta que reza: “Yo no te espero”.

¿Y qué? Millones de buenos españoles decentes, católicos y preconciliares sí que esperan con alborozo su llegada. Es tanta la devoción que profesan al jefe de su Iglesia que no les importa que, en plena orgía de austeridad y recortes, se destinen millones de la caja pública a agasajar a Benedicto. Ni que esto contradiga su propia doctrina, pues creo recordar que en los evangelios se ponía especial énfasis en ayudar a los más necesitados y  evitar el boato. Pero en estos detalles solo nos fijamos los “quemaconventos” habituales. Esos a los que nos escandalizan los miles de millones que la Iglesia Católica recibe de un Estado aconfesional anualmente o protestan por sus exenciones fiscales y patrimoniales (Patrimonio cuyo mantenimiento, por cierto, pagamos entre todos),

Dicen las autoridades que se le va a tratar como lo que es, un jefe de Estado. De un estado bananero con fundamento sobrenatural que tiene el triste honor de haber sido reconocido como tal por Mussolini en 1929. Pero para los apostatas como yo, el recibimiento que se le prepara me parece más propio de una estrella de rock que de un líder espiritual. ¿Se invertiría lo mismo en una visita del Dalai Lama? ¿Aceptaría el monje semejante dispendio? Lo ignoro. Pero lo que sí se es que, en el Vaticano, no le hacen ascos a los lujos y que es corriente encontrar a tal o cual cardenal mostrando sus zapatos de Guzzi a otro colega que, a su vez, viste de Armani.

Pues a cada uno lo suyo. Se tira la casa por la ventana. Se secuestran publicaciones y lo que haga falta. Santiago debe sufrir el estado policial para no enturbiar el glamour de la visita. Los codiciosos ojillos de su alcalde brillan mientras, mentalmente, saca la cuenta de la lechera con los beneficios que espera en forma de turismo pío. Es una lástima que no vayan a superar las inversiones que entre todos: ateos, agnósticos, musulmanes o católicos vamos a tener que hacer forzosamente.

Lo más esperpéntico del asunto es que pase en un Estado aconfesional con un gobierno de pretendido corte progresista. Sería más propio del nazional-catolicismo franquista. La pleitesía al Vaticano es una herencia maldita de la dictadura de la que ningún gobierno democrático, por ahora, ha tenido valor de liberarnos. La Ley de Libertad Religiosa pilla polvo en un rincón de la desvergüenza esperando quizás, algún trueque político que la ponga en circulación reducida y acomplejada. Los concordatos, a pesar de estar obsoletos y ser incompatibles con un Estado aconfesional, se mantienen de forma incomprensible. La injerencia de la jerarquía eclesiástica en la política y en la sociedad es constante. Ni siquiera los múltiples escándalos sobre abusos a menores, ni su manifiesta misoginia y homofobia, han sido suficientes razones para restarles autoridad moral a la hora de interferir en la vida y la libertad de las personas, sean o no católicas.

Por todo esto, comprenderán que me acabe posicionando con la tribu de herejes que dicen no esperar al Papa. La austeridad y la tolerancia son valores más cristianos que los que se gasta el antiguo jefe de la moderna Inquisición. Su mensaje nos devuelve al oscurantismo y sometimiento medieval. Y esto no sería tan grave, si el discurso no tuviera tanta influencia mediática y apoyo institucional.

La nuestra es una sociedad plural donde agnósticos y creyentes de varias religiones estamos obligados a entendernos. Ninguna creencia debe tener privilegios sobre otra. Lo lógico, en un Estado moderno y laico, sería que, cada credo se autosubvencionara y que nunca se dedicaran fondos públicos a organizaciones religiosas. Tenemos muchas necesidades mundanas que resolver.

Mientras a todo un pueblo, al margen de ser o no creyentes, se nos están exigiendo sacrificios económicos y renuncias sociales, la Iglesia Católica sigue manteniendo su status y engordando la buchaca con los dineros de todos los españoles.

¿Tenemos además que asumir el derroche que supone la visita del jefe de su secta? ¿No creen que existen otras prioridades económicas que atender?

Pues eso, que yo tampoco te espero Ratzinger.

Leave a Reply