Cultura y Sociedad - 27/11/10

Aragón en Nápoles

Nápoles es una ciudad fascinante. Hay una mezcla de cultura griega, orden romano y pasión española. Y con una importante impronta aragonesa. Alfonso V el Magnánimo -I de Nápoles, llegó a estas tierras en 1443 con su corte de humanistas. En su Biblioteca se reunían celebridades como Lorenzo Valla y Antonio Beccadelli. Cada día se leía a los clásicos. Fue el origen de la academia de Pontano. Quedó seducido por esta tierra y quiso recordar la conquista de la ciudad con un arco de triunfo en el Castel Nouvo con las cuatro barras de Aragón. En el Palacio Real está su estatua, junto a las de otras figuras de la historia napolitana.

Nápoles es la ciudad de las 500 iglesias, con grandes tesoros arqueológicos e históricos. Hay muchos palacios españoles y grandes contrastes urbanísticos. No es una ciudad de diseño como sus hermanos del norte. Su casco antiguo es Patrimonio de la Humanidad. El “Cristo Velato”, en San Severo, esculpido por Sanmartino, es un momento excelso de la historia del arte. En su escuela de pintura se formó nuestro Ribera. El teatro de San Carlo se inauguró unas décadas antes que el de la Scala de Milán. La voz de Caruso sigue sonando por las calles del Centro antiguo. Me dice el napolitano Aldo Pisa que en el s. XVIII Nápoles era, como París y Londres, una de las principales metrópolis del mundo, mientras en Roma las ovejas pacían en el Capitolio…

Nápoles presume de hijos como Bernini, heredero de la fuerza de Miguel Ángel; Giordiano Bruno, filósofo, matemático, astrónomo y dominico, quemado en la hoguera por orden de Clemente VIII por opinar que “la religión debe ser entendida como una ley destinada al gobierno de masas populares incapaces de regirse por la razón”; Campanella, filósofo de la utopía, autor de “La ciudad del sol”; o el médico Giuseppe Moscati proclamado santo en 1975 por Pablo VI,con una capilla en el Gesú rebosante de exvotos: en bronce, con bata y fonendoscopio, muestra una mano brillante remodelada por los besos de los fieles.

El Museo Arqueológico es uno de los mejores de Europa y en el Museo de Capodimonte, pueden verse a Caravaggio en todo su esplendor, la Crucifixión de Massacio, La Transfiguración de Bellini, Dánae y Pablo II con sus sobrinos, del Tiziano, Retrato de una dama, de Parmigiano, La Flagelación y la Huida a Egipto, de Caravaggio, el San Sebastián y el Sileno ebrio, de Ribera o el retrato de Giulio Clario, del Greco.

Recorro la huella aragonesa en el Museo Pignatelli Cortés, una villa neoclásica con una interesante colección de pintura. En Santo Domingo Mayor me muestran la tumba de Alfonso V, hoy vacía. Al bajar las escaleras tomo un buen café en “Degli Aragonesi”. En San Lorenzo Mayor me detengo en la sala de Sixto V, donde se reunía el Parlamento del Reino y en la que Alfonso el Magnánimo celebró la ceremonia para la sucesión al trono de su hijo Fernando. San Lorenzo tenía una presencia religiosa y civil importante y allí se guardaba el tesoro público y el depósito de armas, que puede verse recorriendo las excavaciones.

Me despido de Nápoles desde el café Gambrinus, cerca de la plaza del Plebiscito y del Castel Nouvo. Su director dice que este café es centro de cultura de la Italia meridional y de la aristocracia comercial. Aquí fueron atraídos Stendhal, Goethe, Oscar Wilde… Bajo los efectos del café voy escribiendo estas líneas. Recuerdo momentos similares en el Gijón de Madrid, el Levante de Zaragoza, el Gran Café Zaragoza, Les Deux Magots de París y el Café de la Ópera de Barcelona. Pienso en la vieja y bella filosofía griega que tiñe la historia de Nápoles, en su aire barroco, en su autenticidad, en su gente sabia y amable.

Viendo el arco de triunfo de Alfonso de Aragón y el azul de la bahía que se difumina en el horizonte, recuerdo que tuvimos mucho tiempo un mar para soñar. Castro y Calvo decía que si no existiera el mar no habría nacido la literatura. Alguno de sus reyes tuvo conceptos de buen gobierno y amó las humanidades. Nápoles enamora. Tiene mestizaje espléndido con esmaltes aragoneses. Una bella historia.

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