Cultura y Sociedad - 28/11/10

Payasa vocacional

Henry Miller decía que los payasos no son otra cosa que poetas en acción. Estoy de acuerdo con él, puesto que de ambos se espera que sean trasgresores. El auténtico bufón debe saber desnudarse de la propia dignidad y extender su percepción nihilista de la vida a cuanto le rodea para hacer reír. Y es esa mirada histriónica del payaso sobre la realidad la que tanto incomoda a las gentes de orden y regia moral. Hipócritas y payasos no hacen buen marinaje. Los clowns bucean en nuestra humanidad  y se sirven de la burla para desvelar la verdad. Algo funesto para el poder por aquello de que la verdad nos puede hacer más libres. El humor nos ayuda a recuperar la dignidad de seres humanos Nos pone en situación de superioridad sobre los acontecimientos. Nos invita a analizar los incuestionables dogmas con una mirada crítica.

Pero eso tiene un precio, como le está sucediendo a Leo Bassi. El polémico payaso inquieta extremadamente a los más extremados. La ultraderecha le acosa desde hace tiempo y no escatima en amenazas y paquetes explosivos contra su persona. ¿Por qué les pone de los nervios un tipo esperpéntico que come mierda en los escenarios? ¿Qué les da tanto miedo?

Ahora son los Abogados Cristianos los que se querellan contra él. Dicen que incita al odio y la violencia contra la confesión católica. Ellos, que de incitar al odio y la violencia saben latín, han visto en el espectáculo de Bassi una grave ofensa contra su religión. Hace poco más de un mes, el payaso había denunciado a Libertad Digital y HazteOir org. por haber puesto en su boca palabras que nunca pronunció. El cerco viene de lejos, por eso Bassi intentó pararles los pies en los tribunales. Pero los de la cruzada anti-risas no se rinden. Su interpretación de un Papa en actitud crítica, cómica y burlesca les parece un escarnio.

Al agresivo nazionalcatolicismo imperante lo que le gustaría de verdad es lapidar a quienes nos hacen reír y reflexionar. Están enrocados en unos atavismos primitivos que no admiten la luz que arroja la parodia. Expuestos al microscopio de la crítica en clave de humor, sus inalterables “verdades”, aparecen desposeídas del influjo sobrenatural para presentarse como lo que son, una milenaria puesta en escena.

Ver a Ratzinger predicando contra el uso del preservativo en África, continente donde con mayor virulencia se propaga el sida, para luego desdecirse de la anterior comunicación divina y admitir algunas salvedades como la de la prostitución masculina, es en sí mismo el mayor sarcasmo de su propia doctrina que ningún cómico del mundo sería capaz de superar.

Viven de espaldas al mundo. Evitando involucrarse en el auténtico dolor y sufrimiento de las personas. Dictando normas surrealistas y anacrónicas que nos impiden hacer un escrutinio racional de los hechos que vivimos.

Es lógico que les ofenda el humor. No están diseñados para resistir su tamiz. Prefieren un pueblo amedrentado a uno ilustrado. La risa puede ser el punto de inflexión. El detonante para activar el mecanismo de pensar en la cabeza de la gente. Un peligro alarmante para los intereses de las catacumbas cavernarias.

Servidora, que ejerce de payasa desde pequeñita en todos los actos de la vida cotidiana, quiere solidarizarse con Leo Bassi. Y además, lanzar un consejo a los cancerberos de las tinieblas: Prueben a hacer un ejercicio simple cada día y ríanse un poquito de ustedes mismos. Les aseguro que tienen material para hacerlo. Es una actividad sana que despeja la mente y nos ayuda a superar las dificultades cotidianas.

Una cualidad humana que nos hace trascender sobre cualquier despotismo divino.

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