Internacional - 08/12/10

Los renegados neocón

Quien no quiera entender las reglas de la Naturaleza no solo es un necio, es alguien que reniega de su propia especie… que es el síntoma más claro de la Naturaleza.

El año pasado acudí como activista a la cumbre sobre el cambio climático en Copenhague. En estas gélidas tierras, las fuerzas represoras de don Neoliberal-Mal se encarnaron en los cuerpos mastodónticos y rubicundos de los policías daneses para dejarnos bien clarito, a puro golpe de porra y spray de pimienta, la sensibilidad que destilaba este encuentro hacia el medioambiente y sus defensores. Luego vino el encarcelamiento de los activistas de Greenpeace con la pedagógica intención de meternos el miedo en el cuerpo a la legión de desarrapados del mundo que acudimos a la capital danesa. El gobierno ultraconservador de este país se decantó meridianamente por el colaboracionismo anti-ecologista y les amargó las Navidades a López de Uralde y sus compañeros.

He de reconocer que esos “maderos” de inspiración filonazi, que se emplearon a fondo con el personal, “acongojaban” un poco. El purísimo manto de nieve que cubría las calles de la ciudad se salpicó de un color rojo arrogante. La nieve ardía, y no fue un sueño, con la sangre de los activistas derramada en sacrificio al inefable becerro de oro. El mensaje no dejaba lugar a dudas: No habría indulto para la Naturaleza.

En medio de la mayor crisis financiera y de recursos naturales de la que tenemos memoria, nuestra propia supervivencia se convierte en un asunto baladí. Algo que no va a detener a este psicopático sistema decidido a exanguinar el Planeta aunque eso suponga erradicar las posibilidades de que exista un futuro para sus propios hijos.

Esta es la filosofía de los renegados neocón, rapiñar hasta el autoexterminio de la especie.

En Cancún no se están andando con rodeos. Ellos, que son capaces de hacer negocios con el cadáver de su difunta madre, han visto el bussines del siglo en la crisis medioambiental. Renuncian al anterior objetivo de combatir el calentamiento global para cambiarlo por uno nuevo que nos vamos a cansar de oír: Adaptación. Y a eso, a adaptarse para seguir medrando sin talento, han aterrizado en Cancún multinacionales y fondos de inversión. Buscan oportunidades y los desastres que producirá el cambio climático pueden producir pingües beneficios a los empresarios más avispados. Compararlos con los buitres sería ofender a tan hermosas y nobles criaturas.

Un ejemplar de renegado neocón de nuestra fauna nacional es el ex-presidente Aznar. Sin que se le altere el pulso, como si se tratara del propio Hannibal Lecter, se desentiende de su anterior liderazgo de los negacionistas para representar los mismos intereses al otro lado del discurso. No, no es que Aznar haya tenido una revelación y por ello admita lo que antes denostaba. Es que sus amos, compañías con intereses en hidrocarburos, han cambiado su política de empresa y le han dicho que siga el rastro en dirección al dinero. Así que donde dije digo… Pues eso, que ahora se desdice a sí mismo sin ningún pudor y se aplica a complacer a sus señores como presidente del Global Adaptation Institute.

La barra libre está abierta para los depredadores. Mientras contaminan y saquean el Planeta, ellos mismos nos van a vender los tratamientos paliativos de nuestra agonía colectiva.

Un negocio redondo si no tienes escrúpulos y te importa un rábano el futuro del género humano.

Los renegados neocón, esos renglones torcidos de la Naturaleza, han dado otra vuelta de tuerca a su codicia. Ahora nos toca a nosotros adaptarnos para poder combatir en las guerras tranquilas con armas silenciosas de las que nos habla Chomsky.

Y más nos vale espabilar porque está sí que podría ser la lucha final para todos. Incluidos estos malditos necios que reniegan de su propia especie.

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