Cultura y Sociedad - 30/01/11

Alta suciedad

La filosofía “punk” llegó a este país, como casi todo, con una década de retraso. Fue durante mi adolescencia, allá por los años ochenta, cuando descubrí que compartía con ellos su visión del No Future para una generación marginada por el sistema. A pesar de que el movimiento punk no estaba posicionado ideológicamente, sus mensajes evolucionaron desde el nihilismo escéptico inicial hacia otros con mucha más carga social. Eran críticos con una sociedad que les excluía y animaban a los jóvenes a que nos cuestionáramos los dogmas y las verdades infranqueables que nos imponían desde el poder.

Su estética de la basura era una reacción creativa y provocadora ante toda la porquería del establishment que asfixiaba sus posibilidades de futuro. Una lucha contra el miedo y por la búsqueda de las libertades individuales que enarboló la bandera de la escoria para enfrentarse a lo más granado de la Alta Suciedad y poner patas arriba la dictadura del pensamiento único.

Treinta años después, la derrota del punk no admite dudas. Una juventud anestesiada contempla, impasible el ademán, como se desarticulan todas sus esperanzas de tener un trabajo digno o de llegar a la vejez con una paga que les proteja de la miseria. Pero al contrario que en el Reino Unido o en Francia, nuestros muchachos parecen resignados a su fatídico destino y no toman las calles ni organizan algaradas colectivas. Como pequeño-burgueses temerosos y desentrenados en el compromiso, esperan a que escampe el temporal manteniéndose al margen del barro político. ¿Acaso habremos de esperar otra década para que despierten del letargo?

El escenario actual nos sitúa en un esperpéntico muladar de cinismo. Mientras los derechos del pueblo son recortados salvajemente, antiguos mandatarios como Aznar o González nos dan una lección de desvergüenza y compatibilizan los sueldazos astronómicos de sus actividades privadas con las pagas vitalicias que ambos mantienen como ex-presidentes del gobierno. No debemos olvidar que Endesa y Gas Natural Fenosa, las flamantes contratadoras de estos dos próceres de la patria, fueron previamente privatizadas durante las sucesivas legislaturas de sus nuevos fichajes.

Privatizadas, es decir: saqueadas del patrimonio común para ser “regaladas” a los amiguetes. Y como favor con favor se paga, Aznar recibirá 200.000 euros anuales y González unos 126.500 por su deslealtad al pueblo. A mí me suena a lo de las treinta monedas de Judas, pero en esta versión no deben esperar un súbito remordimiento que les impulse a cometer una locura. Para que te remuerda la conciencia es condición sine qua non haberla tenido algún día. Éstos seguirán vivitos y coleando entre las turbias aguas de su propia indecencia impartiendo charlas y clases magistrales de cómo venderle el alma al diablo sacando la mejor rentabilidad en el mercado.

¿Cómo es posible que a nuestros universitarios no les hierva las sangre en las venas cuando escuchan a estos pájaros apoyar los planes de austeridad y la reforma de las pensiones? ¿Es que su actividad cerebral está circunscrita exclusivamente a las cuestiones académicas y no les queda espacio para entender que ahora lo que toca es pelear por sus derechos? ¿Dónde están los jóvenes desempleados condenados a ser carne de precariedad laboral y abandono institucional? ¿Por qué no se rebelan y montas barricadas contra toda la bazofia que les echan encima?

Es verdad que el ejemplo de la sociedad adulta no es muy alentador para nuestros cachorros. Todos somos cómplices, en mayor o menor grado, de haber delegado un poder que solo debe ser del pueblo en manos indeseables. La Democracia debe ser un estado de vigilancia constante por parte de la ciudadanía de los actores políticos que se han elegido. Nos hemos acostumbrado a la corrupción del sistema sin oponer resistencia. A recibir insultos desde las jerarquías dirigentes y no rebatir su hipócrita discurso con la fuerza de la razón.

Su desfachatez se alía con nuestra pasividad. A pesar de ser conscientes de la Gran Estafa de la que somos víctimas, no reaccionamos.

Ante nuestro cobarde pasmo Botín, el presidente no electo de este estado, le pone morritos a Zapatero para que nos tire más fuerte de las bridas mientras fantasea con que el próximo gobierno le extenderá un cheque en blanco al menor de sus antojos.

Y los sindicatos de clase colaboran, entre perplejos y amedrentados, a su propio entierro incinerando de paso los históricos logros de los trabajadores.

Para despedirme he elegido un trozo de un tema punk de los ochenta que podría ser hoy un himno de plena actualidad. Espero que, igual que a mí, su lectura les encienda una pequeña llama de rebeldía en aquel remoto lugar donde escondemos el orgullo últimamente:

“soy aquel que dice basta a tu hipocresía sin corazón soy el que quiere gritar que tu sistema no tiene piedad soy el gusano que va hacia el cadáver de tu sociedad soy el que viene a matar tu tontería y tu falsa moral hoy voy a celebrarte un bonito funeral y voy a emborracharte de miseria popular”.

1 comment to Alta suciedad

  • peebles

    Estoy de acuerdo contigo totalmente. Llevo tiempo pensando qué le pasa a la juventud, por qué no se echa a la calle. Pero debe ser porque somos de la misma quinta. No future!

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