Lugares, personas e ideas - 11/02/11

Camille Claudel en el Museo Rodin de París

Camille Claudel, discípula y amante del escultor Auguste Rodin, tiene una importante obra escultórica en el Museo Rodin. Su vida fue una bella historia de amor, celos y creación artística que ha dejado huella en el mundo del arte. 

El día es frío y gris. En las calles de París los adornos de Navidad parpadean y las luces abrazan los árboles como la enredadera en un bosque encantado. Parece una visión fantasmagórica, como las nieblas falsas de los decorados de un teatro. 

Me detengo a tomar un café en “Les Deux Magots”, bajo la mirada impasible de los dos magos chinos en eterna meditación. En algunos momentos siento el leve roce de los pasos de los fantasmas de Picasso, André Breton, Verlaine, Prevert, recorrer las mesas y escucho las voces imaginarias de Rimbaud, Mallarmé, Sartre, Simone de Beauvoir que se esparcen en círculos como el humo. 

Reconfortada con el café deambulo despacio, con sosiego entre calles estrechas y plazas hasta el Museo Rodin, antigua residencia del escultor donde se exhiben sus obras y las de Camille Claudel, su discípula y amante. Una historia de amor donde se entremezclan el talento con el amor y la locura con el arte. Henrik Ibsen basó su complicada y profunda obra dramática. “Cuando nosotros los muertos despertamos” en la historia de estos amantes. 

En sus cuidados jardines a la inglesa, se encuentran varias de sus obras. El Pensador que forma parte de “las puertas del infierno”, el infierno de Dante, la gran obra inacabada del escultor; trabajo en ella durante 20 años. 

El edificio de estilo rococó tiene dos plantas. La segunda planta está dedicada a Camille Claudel, hermana del poeta Paul Claudel, la mujer apasionada y creadora de tiernas, delicadas y bellísimas esculturas. Artista apasionada que en sus momentos de locura, llegó a destruir su propia obra, pero quedan los cuerpos de bronce y mármol como indelebles radiografías del dolor. Camille Claudel revolucionó, junto a su maestro Rodin, la expresión escultórica de su tiempo. Fue una de las pocas mujeres artistas de ese momento que tuvo acceso a modelos desnudos. 

Es sábado por la mañana y no hay demasiado público. La sala, de paredes blancas me invita a girar alrededor de las esculturas con lentitud.: “La Valse” un delicado y sensual grupo de dos personas, en bronce, enlazadas amorosamente en el torbellino de la danza. es un poema amoroso donde se combinan el ritmo y la melodía. La luz irreal reflejada en aquellas formas ondulantes parece darles vida, animando los rostros y la fijeza de sus miradas de metal. 

Un afilado cono de luz blanca cae sobre una urna que muestra “L’age mûr”, un conjunto escultórico en bronce, compuesto por tres piezas. Alude claramente al triángulo amoroso, y fue realizado en el momento de su definitiva ruptura con Rodin. 

Este conjunto simboliza también el destino irrevocable del hombre. Su base asemeja una ola encrespada, sobre ella, la figura de un anciano alejándose de una mujer joven arrodillada e implorante, mientras otra figura mitad ángel, mitad mujer, abraza al anciano. Pero más allá de su historia personal, Camille Claudel realiza una obra simbólica que invita a una meditación sobre las relaciones humanas. El grupo puede interpretarse como una alegoría del tiempo que conduce inexorablemente al hombre de la juventud perdida para siempre a la vejez anunciadora de la muerte. 

“L’abandon”, en bronce. Su última escultura. Una respuesta al beso de Rodin. Ha retomado el tema de su obra Sakountala. La sublimación del amor, inspirada en un drama del poeta hindú Kalidasa, donde representa el reencuentro de los amantes en el Nirvana; hay un beso en la quietud. 

Murió sola en el sanatorio psiquiátrico de Montdevergues, cercano a París. Su familia nunca permitió que saliera de allí, a pesar de la evidente recuperación y lucidez en sus últimos años. “No he hecho todo lo que he hecho para terminar recluida en un sanatorio. Merecía algo más”, decía Camille en una de sus cartas escritas desde el psiquiátrico. 

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