Lugares, personas e ideas - 05/03/11

La ruta literaria de Marcel Proust

Marcel Proust fue el introductor de la novela moderna del siglo XX. Su obra más emblemática, “En busca del tiempo perdido”, se desarrolla en una ruta literaria que podemos seguir en la Normandía y en París. Recibió el premio Goncourt por su novela “A la sombra de las muchachas en flor”.

Es primavera y comienzo a recorrer la Normandía que Proust describe en sus extensas, largas y extrañas frases que recuerdan el ritmo lento de la respiración del asmático. Mientras atravieso los campos veo el renacer de la naturaleza en primavera. Es el tiempo de los manzanos en flor y de leer en los parques a Keats, a Walt Whitman, de escuchar a Debussy, de enamorarse por carta, de sofocar la inexplicable angustia del atardecer con agua fresca y besos de hierba.

Me hospedo en el Gran hotel de Cabourg, el mítico Balbec, situado a orillas del mar donde veraneaba Proust con su madre en sus años infantiles. Conserva el ambiente normando y burgués, y la armonía gris y rosa”, al modo de las pinturas de James Whistler al que Proust admiraba. El escritor amaba la ligereza de las paredes, que le permitían escuchar los golpecitos que su madre daba para autorizarle una visita.

Proust nació un 10 de julio de 1871 en Auteuil un barrio de París. Frecuentó los salones de la princesa Mathilde, de Madame de Caillavet y Madame Strauss. Allí conoció a Anatole France y Léon Daudet entre otros personajes de su época. Publicó “Los placeres y los días” colección de relatos y ensayos.Trabajó en la obra autobiográfica “Jean Santeuil” en la que proponía relatar su itinerario espiritual y en las traducciones al francés de “La Biblia de Amiens” , “Sésamo” y “Los lirios” de Ruskin. Escribió para Le Fígaro diversas parodias de escritores famosos como Balzac o Flaubert.

El verdadero museo sobre Proust se conserva en Illers-Combray.Allí se encuentra la casa de su tía Elisabeth Amiot, inmortalizada en su obra “En busca del tiempo perdido”, con el nombre de tía Leonie. Los recuerdos transfigurados del escritor hicieron un mito de la pequeña ciudad. Entrar en la casa de tía Leonie es entrar en el universo de “Por el camino de Swann”. Allí no falta nada: los muebles antiguos, la habitación desde la cual acechaba los pasos de su madre y el comedor en cuya mesa se encuentra la famosa magdalena que espera en el plato un comensal que vive en las páginas de un libro.

Tras la muerte de su madre en el año 1905 y la desilusión que le produjo la aristocracia que había frecuentado se sintió solo y enfermo, pero él hizo de esa debilidad un arma. Se trasladó al número 102 del Boulevard Hausmann, revistió de corcho las paredes de su cuarto para aislarse de los ruidos y en la oscuridad y en el silencio de la noche escribiría su gran obra “En busca del tiempo perdido”.

Se le concedió el premió Goncourt por su obra “A la sombra de las muchachas en flor”. Es un largo monólogo interior en primera persona. En esas miles de páginas asistimos a minuciosos recuerdos y nos muestran la decadencia de una estrato social. Como el mismo escritor dice “lo que se trata de hacer salir, mediante la memoria, es nuestros sentimientos, nuestras pasiones”. Proust exploró los abismos de la psique humana, las motivaciones inconscientes y la conducta irracional, sobre todo en relación al amor.

En cierto modo, lo que Freud investigaba en Viena es lo que, en forma narrativa e imaginaria, recrea Proust en su libro.

Comenzó su obra con la frase: Durante mucho tiempo me acosté temprano y la última palabra fue: madre.

Falleció el 18 de noviembre de 1922 a los 51 años. Está enterrado en el cementerio de Père Lachaise en una modesta tumba junto a la de Rossini.

Esta noche contemplando el mar que baña la Normandía mientras escucho “El mar” de Debussy, pienso en Marcel Proust cuando decía: Vale más soñar la propia vida que vivirla, aunque vivirla es también soñarla.

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